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¿Por qué, a veces, es mejor pagar más?

Mind the Economy, serie de artículos de Vittorio Pelligra en Il Sole 24 ore. 

Vittorio Pelligra

publicado en Il Sole 24 ore del 24/10/2021

La lógica de la selección adversa conduce a la parálisis de los mercados. Según el ejemplo predilecto del premio Nobel George Akerlof, cuando un potencial comprador busca un automóvil de segunda mano la información relativa a la calidad del vehículo está distribuida entre él y el vendedor de forma asimétrica. El propietario conoce todos los detalles de la vida del automóvil: kilometraje real, mantenimiento, accidentes, defectos y cualidades que el potencial comprador solo puede valorar de forma imperfecta. 

Espiral viciosa

Por eso, al no conocer en detalle el verdadero valor del automóvil que quiere comprar, estará dispuesto a pagar como máximo el precio de un automóvil de calidad media. Este precio será aceptable para los propietarios de automóviles de calidad inferior a la media, pero no para los que poseen un automóvil de calidad superior. En consecuencia, estos últimos retirarán sus automóviles del mercado. El efecto de todo esto será la bajada de la calidad media de los automóviles en venta así como el precio que un potencial comprador estará dispuesto a pagar. De este modo se desencadena una espiral viciosa que hará implosionar el mercado porque, esta es la conclusión del modelo de Akerlof, al final se intercambiarán automóviles de una calidad cercana a cero por un precio igual a cero. Solo en la correspondencia de estos dos valores, la demanda y la oferta conseguirán encontrarse. Naturalmente, en la vida real las cosas son un poco más complejas y menos esquemáticas, pero la esencia del asunto sigue siendo la misma.

Las asimetrías informativas

Si, gracias, por ejemplo, a formas de reglamentación o a la introducción de garantías, la demanda y la oferta finalmente se encuentran y se vende una cierta cantidad de automóviles, incluso de buena calidad, a causa de la presencia no totalmente suprimible de asimetrías informativas, siempre obtendremos un resultado ineficiente, un “second-best”, inferior en términos de bienestar global con respecto al equilibrio que habría podido obtenerse si no hubiera habido información privada acerca de la calidad del bien. Esta ineficiencia es insuprimible.

El análisis de Wilson

Sin embargo, en un desarrollo teórico posterior a Akerlof, el economista de la New York University Charles Wilson muestra que mercados caracterizados por selección adversa pueden ser caracterizados desde el punto de vista del bienestar de los consumidores y productores, por situaciones de equilibrio incluso muy diferentes entre sí (“The Nature of Equilibrium in Markets with Adverse Selection”, The Bell Journal of Economics 11, 1980, pp. 108-130). El punto de partida del análisis de Wilson es una sencilla constatación: si al aumentar el precio de mercado se ponen en venta automóviles de una calidad cada vez más alta, puede ocurrir, en determinadas condiciones y principalmente cuando la calidad media crece más rápidamente que el precio, que la demanda también crezca. Esta hipótesis es decididamente anti-intuitiva – habitualmente al aumentar el precio la demanda de bienes disminuye – pero plausible. Si, por ciertas variaciones de precio, la demanda crece, eso quiere decir que la curva de la demanda correspondiente a esos intervalos de precio tendrá una inclinación positiva, como la curva de la oferta.

Entonces, estos cambios de inclinación, a diferencia de lo que ocurre habitualmente – que la demanda y la oferta se cruzan en un solo punto – pueden determinar múltiples puntos de encuentro entre demanda y oferta, múltiples puntos de equilibrio. Diferentes combinaciones de precio y calidad que llevan equilibrio al mercado. Esto puede suceder porque, mientras en los mercados convencionales el efecto del precio sobre la demanda  se considera “ceteris paribus”, es decir a calidad constante, en este caso la calidad (que incide en la demanda) ya no es una constante sino una función del precio.

En busca del mejor equilibrio

Así pues, si es posible observar distintas combinaciones de precio y calidad de equilibrio, es importante preguntarse si, desde el punto de vista del bienestar de los consumidores y productores, estos equilibrios son equivalentes o si alguno de ellos puede considerase mejor. En términos técnicos, es necesario preguntarse si estos equilibrios son “clasificables paretianamente” (pareto-rankable). Imaginemos que tenemos dos equilibrios, A y B y que el equilibrio B se caracteriza por un precio más alto y una calidad media mayor que A. Desde el punto de los productores (los propietarios de automóviles en el ejemplo de Akerlof) en B se experimentará una situación ciertamente mejor (pareto-superior) a la que se podría experimentar en A. En B tendremos tres tipos de productores:  a) los que vendían en A y ahora venden los mismos automóviles a un precio más alto; b) los que en A no vendían porque el precio era demasiado bajo para la calidad de sus vehículos y ahora sí que están dispuestos a vender a un precio más alto; c) los que no vendían en A y tampoco venden en B porque sus automóviles siguen siendo de una calidad todavía superior. Pasando de A a B el bienestar de todos estos vendedores ha crecido o ha permanecido inalterado.

Por eso podemos decir que el equilibrio B pareto-domina al equilibrio A, desde el punto de vista de los productores. ¿Y qué podemos decir de los consumidores? También en este caso, aunque es menos intuitivo que el de los productores, es posible demostrar que quien compraba en A seguirá comprando en B, que una parte de aquellos que no compraban en A ahora deciden comprar en B y, finalmente, habrá algunos que no compraban en A y seguirán sin comprar en B. Dado que los productores prefieren vender a no vender, al igual que los consumidores prefieren comprar a no comprar, en un intercambio se determinarán los “gains from trade”; cuanto mayores sean los intercambios mejor será la situación en términos de bienestar social.

Por eso, también en la parte de la demanda, el paso del equilibrio A a B representa una mejoría de la eficiencia paretiana. Este es el mensaje central del análisis de Wilson: en presencia de informaciones privadas acerca de la calidad de los bienes, como demuestra Akerlof, el mercado no falla necesariamente impidiendo cualquier intercambio, sino que pueden darse situaciones diferentes, equilibrios múltiples asociados a distintos volúmenes de intercambios y a distintos niveles de eficiencia. El papel clave, para llegar a esta conclusión, lo juega la relación entre el precio y la calidad. Si esta última crece más rápidamente que el precio, entonces los automóviles buenos vuelven al mercado contrarrestando la selección adversa que ahora se convierte en positiva. Con su modelo, Wilson demuestra un tercer punto, tan importante como anómalo. Al aumentar el precio pueden darse situaciones de exceso de oferta: pueden existir demasiados automóviles en venta con respecto a los potenciales compradores. En este caso una parte de los propietarios no conseguirá vender el automóvil.

Desequilibrio persistente

En situaciones normales de exceso de oferta, el precio se mueve hacia abajo absorbiendo el exceso y devolviendo el equilibrio al mercado. En condiciones normales, las situaciones de desequilibrio, tanto cuando hay un exceso de oferta como un exceso de demanda, son siempre situaciones transitorias. En cambio en este caso, precisamente a causa de la relación que existe entre precio y calidad, el desequilibrio puede ser persistente. Keynes ya demostró la posibilidad de situaciones de este tipo, por ejemplo para dar razón del desempleo involuntario, un exceso de oferta de trabajo permanente que no es reabsorbido por una reducción del salario. En años recientes, hemos asistido a un notable esfuerzo para dar un fundamento microeconómico a las ideas de Keynes, que ha levado al desarrollo de la llamada nueva macroeconomía keynesiana. Un punto importante de este esfuerzo es el relativo al análisis de las causas de la rigidez de los precios y también del salario. ¿Qué impide que el salario baje para absorber el desempleo involuntario? Por lo que se refiere a la rigidez salarial, las explicaciones que se han dado son muchas y van desde la diferencia de poder que pueden ejercer los “insiders”, es decir lo que ya tienen trabajo con respecto a los “outsiders” que lo están buscando, hasta los llamados “salarios de eficiencia”.

En este último caso, las empresas pagarían salarios por encima del nivel de equilibrio para atraer a los mejores trabajadores, para reducir una costosa rotación o para instaurar normas de reciprocidad entre la empresa que paga más de lo que puede y los trabajadores que aumentan su compromiso por encima del mínimo. Es interesante notar, entre otras cosas, que una de las aportaciones fundamentales a esta línea de investigación, la teoría del contrato de trabajo como “intercambio parcial de dones” ha sido desarrollada por el mismo George Akerlof junto a su esposa Janet Yellen, actual Secretaria del Tesoro de los Estados Unidos y presidente de la Reserva Federal durante los años de la administración Obama.

Volviendo al modelo de Wilson y a la posibilidad de una situación de desequilibrio duradero, la razón se encuentra en el trade-off al que se enfrentan los propietarios de los automóviles de alta calidad que pueden, por una parte, arrancar precios cada vez mayores para sus vehículos, y por otra soportar una pequeña probabilidad de no encontrar ningún comprador, a la vista de la condición de exceso de oferta. Dados ciertos valores de precio y probabilidad, puede ser conveniente para los propietarios de dejar que el precio baje y de este modo hacer que la situación de desequilibrio perdure.

Un mundo fascinante

Si Akerlof muestra que en presencia de información asimétrica los productos de baja calidad dominarán el mercado y será imposible aprovechar eficientemente todos los potenciales “gains from trade”, la extensión del razonamiento propuesta por Charles Wilson nos deja ver que pueden darse equilibrios múltiples en los que tanto los productores como los consumidores están mejor en situaciones caracterizadas por precios elevados que en las de precios más bajos y, finalmente, que ambos lados del mercado podrían preferir que el precio supere e nivel de equilibrio más alto, aunque eso pudiera causar un exceso de oferta permanente.

El cuadro se enriquece con nuevos detalles y hace aún más fascinante y extraño el mundo de las asimetrías informativas. Comprender estos conceptos puede ayudarnos a realizar elecciones individuales y colectivas más racionales y eficaces porque, como ha afirmado el premio Nobel Richard Thaler en una reciente entrevista, en el fondo: “Las personas no son estúpidas, es el mundo el que suele ser complicado”.

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