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#Costa de Marfil - UCAO: la EdC no se enseña, se vive

La propuesta de dictar dos cursos universitarios resultó ser una experiencia muy desafiante. ¿El punto de quiebre? Dar testimonio de la vida de la EdC y transformar la docencia en un laboratorio de comunión

Mabih Nji

Todo empezó hacer unos meses, luego de una conferencia sobre la EdC en la UCAO (Universidad Católica de África Occidental). Se me pidió que dictara dos cursos: uno sobre el liderazgo político frente a los desafíos humanitarios y otro sobre economía política y cultura del don. Sin dudarlo, respondí que sí, movida por el deseo de unidad que anima a todas nuestras iniciativas. Sin embargo, el aula se reveló rápidamente como un desafío exigente: todos los participantes eran de un perfil con sólida formación filosófica y teológica, listos para discutir cualquier concepto.

MabsSmalls 08 Mabih Nji ridA pesar de haber preparado un programa meticuloso, la realidad me obligó a abandonarlo casi de inmediato. Las preguntas y la resistencia por parte de los participantes eran tan fuertes que me veía obligada a reestructurar el curso todos los días. A menudo me sentía vacía, sin tener respuestas ante los que veían mis palabras como puras abstracciones. Fue una verdadera prueba de pobreza interior, pero entendí que para llegar al corazón de los estudiantes tenía que aceptarme, yo primero, como vulnerable y “herida” por el escepticismo de ellos.

El momento de la verdad llegó cuando abordamos directamente la Economía de Comunión y la figura de Chiara Lubich. Las reacciones fueron muy duras: “Es una utopía”, “son ideas europeas importadas para engañar a la gente”, e incluso, “hablan de gratuidad cuando el mundo está gobernado por lógicas de poder y de dinero”. En ese momento de tensión entendí que más teoría no iba a servir para nada. Dejé de lado los libros y presenté ChocoMabs, un ejemplo concreto africano de empresa EdC. En ese momento, el clima cambió: el silencio fue profundo, y la clase decidió seguir trabajando dos horas sin interrupción.

Desde ese momento crucial, el aula ya no fue un lugar de estudio, sino un espacio de verdad y de vida. Relacionamos los conceptos a la realidad cotidiana, transformando la tensión en una investigación común. Lo que empezó como un curso académico se transformó en una experiencia de familia, donde la “herida” del encuentro con el otro se volvió la clave para una comprensión más profunda de los vínculos humanos y económicos. Hasta los más escépticos vinieron al final a abrazarme, conmovidos visiblemente por la formación que tuvimos entre todos.

El impacto que tuvo el curso se vio con claridad en todas las devoluciones que recibí, que me confirmaron lo importante que es ir más allá de la cátedra. Un estudiante escribió:

“No creía que un curso pudiera cambiar mi manera de ver las cosas… no sabía que los mismos valores que yo pregono se pudieran traducir académicamente en el mundo de la economía para encarnarse en los hábitos cotidianos”.

Otro estudiante destacó cómo la pedagogía utilizada lo hizo sentir importante: “Teníamos la impresión de que ella era una mentora, y no simplemente una profesora”.

Esta experiencia me hizo sentir que la Economía de Comunión no se enseña, se vive. Terminamos las 60 horas de clases con la consciencia de que toda verdadera relación “hiere”, porque nos obliga a salir de nosotros mismos, pero es el único modo de hacer circular realmente el don. No fue solo un curso universitario, fue un laboratorio de comunión donde probamos que la unidad es posible, aún cuando las heridas de la historia parecen gritar todo lo contrario.

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Tags: Economia di Comunione, Costa d'Avorio