Cuando el beneficio se destina (en parte) a los pobres

El doble registro. Una ciudadela de 25 empresas con el reto de conjugar los negocios con la centralidad de la persona

Cuando el beneficio se destina (en parte) a los pobres

En Incisa in Val d’Arno, las empresas de los focolares dan la tercera parte de los beneficios a los que menos tienen

por Paolo Bricco

publicado en Il Sole 24 ore el 3 de abril de 2010

fantasyUna mujer, nerviosa, no hacía más que darse la vuelta y mirar hacia atrás. Una, dos, tres, diez veces al día. Los demás no entendían qué le ocurría. Pensaban que era un tic. Toda su vida había sido obrera en las fábricas del textil o del calzado del Val d’Arno. «No me explicaba – cuenta hoy Emanuela Camisciottoli – cómo es que en esta nueva empresa no estaba siempre el encargado detrás de mí con el cronómetro, calculando en cuánto tiempo realizaba mi trabajo. Casi, casi, me costaba entender que no me insultaran. Para mí eso era lo normal. Siempre había sido así. Pero aquí me preguntaban: por favor ¿puedes hacer esto?, por favor ¿puedes hacer aquello?». Y, sonriendo, concluye «ahora ya no miro hacia atrás».

Tal vez sea cierto que el diablo está en los detalles, pero no es menos cierto que Dios aparece y se esconde en una amabilidad inesperada. Emanuela es una de las doce empleadas de Fantasy, pequeña empresa textil especializada en edredones, cunas, acolchados y paneles de pared que convive con otras 24 empresas en el parque empresarial Lionello Bonfanti, fundado por los Focolares en Incisa in Val d’Arno (Florencia), a pocos kilómetros de distancia de Loppiano, la principal ciudadela del movimiento católico creado por Chiara Lubich durante la segunda guerra mundial para hacer realidad los ideales de la unidad entre las personas y el ecumenismo. Un sistema de pensamiento radical del que ha surgido la llamada “economía de comunión ". El encargado armado con cronómetro y de insulto fácil es el símbolo caído de la producción por cuenta de terceros típica del capitalismo de “métodos y tiempos” que ha regido la maquinaria mundial del fordismo durante el siglo XX. Pero en el núcleo de la respuesta elaborada por este grupo de cristianos raros, tan numerosos como silenciosos e intencionadamente poco interesados por las estructuras del poder eclesial actual, está la cuestión de quién es el otro: si una máquina chapliniana que cose y vuelve a coser a la velocidad programada o un ser humano al que hay que tratar como un “hermano cercano”. Una respuesta que, en el microcosmos de la pequeña empresa, socava los estándares organizativos.

«Entendámonos - dice Luisa Colombo, que tiene “responsabilidades” en una empresa como Fantasy, donde la jerarquía está totalmente desestructurada - : para mí tampoco ha sido fácil cambiar de mentalidad ». Luisa Colombo nació en Garbagnate Monastero (Lombardía). Antes de hacerse focolarina y venirse a vivir en 1987 a Loppiano, el principal centro de este movimiento en Italia, conocía bien la clásica mentalidad industriosa y productiva del Norte. Sus padres tienen una empresa de software y sus tíos una tornería. «Para ellos el trabajo es una dimensión esencial de la vida; se sienten gratificados cuando alcanzan un resultado. El impacto con el trabajo de aquí fue impresionante. Me hizo cambiar los parámetros: lo importante es la relación con las personas y mediante esa relación es como surge el resultado ».

Para cubrir los picos de demanda, a las 12 trabajadoras con contrato indefinido, seleccionadas en el mercado en base a su capacidad, se añaden algunas focolarinas que viven en Loppiano temporalmente.  «Al principio me volvía loca - admite – porque no tenía sentido aplicar a las focolarinas africanas y sudamericanas el mismo esquema,  que a mí me resultaba tan familiar desde niña, de realizar una tarea en un tiempo determinado (corto). Después empecé a darme cuenta de que las africanas eran psicológicamente más estables y las sudamericanas más alegres que yo o, mejor dicho, que nosotros ». Carecían de la ansiedad que caracteriza a nuestras pequeñas empresas, vitales pero febriles, a ratos incluso obsesivas de lo concentradas que están, con la cabeza baja y el motor encendido, en los resultados. Resultados que, por otra parte, parecen no faltar en Fantasy, dado que factura un par de millones de euros vendiendo sus propios productos en 500 tiendas y que en un año de dura crisis cerrará el ejercicio sin pérdidas.

Esta empresa, expresión de un órgano del movimiento de los focolares llamado PAFOM, tiene una forma concreta de reparto de los beneficios. Por ejemplo en 2007, que fue un ejercicio mejor, la mitad de los 100.000 euros de beneficios después de impuestos se reinvirtieron en la empresa y la otra mitad se destinaron a la PAFOM para financiar las actividades de Loppiano.

Además de las relaciones y las buenas prácticas («No vendemos en negro por fidelidad a nuestros principios »), que deberían seguir todos los pequeños empresarios que quieran respetar aunque solo sea el código civil, un elemento distintivo de la economía de comunión es precisamente el reparto de los beneficios. La tercera parte de ellos se reinvierte en la empresa, otra tercera parte va a los pobres y el resto se destina a la formación cultural de la comunidad. Este tipo de reparto de los beneficios, cuando los hay, es el elemento común de una realidad que en Italia cuenta con 200 empresas y 3.000 empleados (la facturación agrupada se estima en 400 millones) y que en todo el mundo abarca a 700 empresas ubicadas en seis parques empresariales y que dan trabajo a unas 12.000 personas.

«No nos autolesionamos - dice Giuliana Bertagna, de 66 años, ex propietaria con su marido de una empresa textil-. La empresa sólo reparte los beneficios cuando puede obtenerlos.philocaff Es más importante dar trabajo que generar beneficios. Naturalmente sin que el hecho de dar trabajo ponga en riesgo la continuidad de la empresa, que es el objetivo esencial ». Los Bertagna llevan desde 1991 tratando de mantener este complicado equilibrio. En aquella época, el marido, Giovanni, decidió dejar la empresa familiar Mondial di Brescia, para fundar la Bertagna Filati, con el fin de llevar a la práctica los principios de la economía de comunión. «Concretamente en los años 90- afirma Giuliana – ganamos bastante y pudimos repartir mucha riqueza.  Hasta 1996 nos dedicamos sólo a producir, vendiendo la mayor parte a Mondial. Después, por una serie de motivos, decidimos también comercializar nuestros productos, entrando de hecho en competencia con la empresa que seguía en manos de los familiares de mi marido. No fue una decisión fácil. Pero la tomamos ».

Además del problema de las relaciones familiares, esta decisión nos produjo una caída drástica de la facturación, que en 1996 había llegado a los 3 millones de euros. Después, en 2001, el mejor año, los ingresos no pasaron de 1,7 millones. En 2007 los Bertagna cedieron la empresa y se trasladaron definitivamente de Brescia al parque empresarial Lionello Bonfanti de Incisa, donde abrieron el Filocaffè, que se inspira en los Knit Cafe de Estados Unidos y del norte de Europa, donde las señoras hacen punto mientras comen un trozo de tarta y toman un capuchino. Giovanni y Giuliana venden también en el Filocaffè ovillos y jerseys.
Los Bertagna, gracias a su experiencia manufacturera, se encargan de hacer mantas para la marca Fantasy. A veces estas mantas acaban en las cunas y camitas que realiza Azur que, con una facturación anual de 8 millones y 62 empleados fijos,  es la empresa más estructurada de Loppiano.
Azur

El director de Azur, que exporta el 12% de sus ventas a Ucraina, Gran Bretaña, Estados Unidos y Dubai y que este año debería terminar con un resultado equilibrado, es Umberto Giannettoni. Un hombre de 74 años que conoce bien los mecanismos del capitalismo clásico. La mitad de su familia ha trabajado en la Banca d’Italia. El comenzó en el Banco de Crédito Comercial de Milán y estuvo hasta que cumplió los 30 años en Bruselas, atendiendo los intereses de grandes inversores italianos y belgas. Una carrera brillante que abandonó para unirse al movimiento de los Focolares. «En 1965 - recuerda- a petición de Chiara Lubich fui a Nueva York para fundar New City Press, la editorial del movimiento. Vivía en el Queens. La Nueva York de entonces era maravillosa y llena de contradicciones ».En Nueva York, el exbanquero convertido en focolarino oye durante cinco años el chisporroteo de la hoguera de las vanidades y ve las luces de una energía cultural y antropológica no superior pero sí distinta a la europea. «Aprendí a hacer las cosas con sencillez. Y que el dinero es una mercancía ordinaria, útil para realizar las obras ».

Esta idea del dinero recorre de algún modo todo un movimiento, como el de los focolares,  que es anticonsumista pero no obsesivamente pauperista. Un pragmatismo que se percibe también en la gestión de estas empresas. «Azur- dice- tiene un margen operativo neto del 5%.Un buen resultado». Pero más allá de los indicadores de eficiencia, en Loppiano tratan de ejercer una forma de democracia económica desde abajo. Edic, una sociedad por acciones, cuyo acrónimo significa precisamente “Economia di comunione”, tiene un capital social de 6 millones, con 5.671 socios y derechos de voto que no pueden superar el 5%. Entre sus accionistas se encuentran Banca Etica, Mps, Bcc di Cascia e Reggello y Bcc di Pontassieve. Dentro del universo polvoriento y atomizado de la economía de comunión, cuya vitalidad anárquica y libre reproduce bastante bien el carácter constitutivo del capitalismo territorial de nuestro país, EDIC cumple de alguna manera una función de racionalización. «Además de construir y gestionar los edificios del parque empresarial –explica su presidenta Eva Gullo – tenemos una agencia de formación y organizamos congresos y eventos culturales sobre la economía de comunión. Convivir con los demás, producir, vender y repartir los beneficios reinvirtiendo una parte y dando el resto a los pobres. Una cadena firmemente integrada en un marco providencialista.

«En el fondo –concluye con pragmatismo LuisaColombo – hacemos todo esto teniendo siempre en la cabeza y en el corazón el pasaje del evangelio de Mateo que dice "Buscad el Reino de Dios y su justicia y todas estas cosas se os darán por añadidura ". Ya sé que a alguien le parecerá absurdo, pero es así »

«¿Poco realistas? Hay dos premios Nobel con nosotros»

«No somos de ideas fijas. Ni tampoco caprichosos. Nuestro proyecto tiene dignidad teórica». Luigino Bruni, profesor asociado de economía política en la Universidad Bicocca de Milán, explica que la economía de comunión, surgida de una intuición de Chiara Lubich en 1991, no es menos que la cultura económica predominante. «La teoría neoclásica - dice – es muy pobre desde el punto de vista antropológico, pero es elástica. Por eso es posible complicar sus elementos básicos. Por citar un caso, la función de utilidad puede enriquecerse con la distinción entre utilidad pública y utilidad personal ».

Bruni, Stefano Zamagni y Benedetto Gui, por citar a los tres economistas más conocidos de entre los 30 italianos que trabajan en estos temas, escriben obras en las que usan categorías como reciprocidad, bienes relacionales y felicidad. Y, como reivindica Bruni, no se mueven en un estrecho ámbito provincial. Dialogan con muchos extranjeros, entre ellos dos premios Nobel: el indio Amartya Sen, teórico del índice de pobreza e inspirador del microcrédito y el israelí Daniel Kahneman, que ha conseguido integrar en un único cuerpo la ciencia económica y la psicología. Han pasado 20 años desde que Chiara Lubich, de viaje por Brasil, al observar la contradicción entre los rascacielos y las favelas, tuvo una intuición: las empresas deberían hacer negocios de forma distinta. Una forma distinta que el sociólogo Tommaso Sorgi, focolarino también él, formalizó en la definición de “economía de comunión”.

Además de en Italia y Brasil, hay parques empresariales en Croacia, Argentina y Bélgica. Otros se están construyendo en Filipinas y Alemania. Estos fenómenos tienen que ver, además de con la teoría económica, con la tradición teológico-filosófica. No por casualidad Benedicto XVI ha citado la economía de comunión en la encíclica Caritas in Veritate, al hablar de la necesidad de alcanzar una «progresiva apertura, en el contexto mundial, a formas de actividad económica caracterizadas por la gratuidad y la comunión » y del «variado mundo de los sujetos de la llamada economía civil y de comunión ». «Chiara Lubich era terciaria franciscana – reflexiona el teólogo Piero Coda, rector del Instituto Universitario Sophia, fundado en Loppiano hace dos años – así que llevaba consigo esa identidad concreta que se inscribe en la tradición del cristianismo profético. Una tradición con una fuerte dimensión utópica que ha conseguido incidir en la historia de la economía occidental. Solo hay que recordar a los franciscanos, fundadores en el siglo XV de los montes de piedad, que daban pequeños préstamos a cambio de una prenda ».

Coda, que de joven fue alumno en Turín del maestro del existencialismo Luigi Pareyson, pone de manifiesto la profunda crisis epistemológica en la que está cayendo la ciencia económica, cuando da por supuesto o cuando incluso define explícitamente que sus leyes son naturales.

Una crisis que, en el fondo, afecta también a las realidades históricas que han usado las ciencias económicas como estructuras ideológicas: el materialismo marxista en el caso del socialismo real y el liberalismo para el turbo capitalismo financiarizado. Ante sus fracasos, surge la urgencia de recorrer un camino que tiene su origen en la universalidad del cristianismo: «En el fondo – concluye Coda – en los Hechos de los Apóstoles, Lucas nos dice que la unión fraterna entre los primeros cristianos se manifestaba en la comunión de bienes ».

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