reseñas de prensa

La regla del 33%


Viaje al polo industrial más original que existe

La regla del 33%

por Chiara Munafò
publicado en Business People 03/2010

1003_business_peopleEs la ley de la Economía de Comunión inventada por Chiara Lubich. Cerca de Florencia hay un parque empresarial que, creyendo en ella, divide los beneficios en tres partes iguales: una para reinvertirlos, otra para beneficencia y otra para formación. Veamos si funciona.

¿Quieres que tu actividad crezca? Destina un tercio de las ganancias a los pobres, reinvierte otro tercio en la empresa y el resto empléalo para la formación de una humanidad nueva. Es la regla de la Economía de Comunión (EdC), un modelo de empresa ideado por Chiara Lubich - la misma que fundó el Movimiento de los Focolares - y que viene siendo aplicado en Loppiano, en la provincia de Florencia.

 

Aquí un parque de 23 empresas la sigue desde hace tres años y siguen aumentando a pesar de la crisis. En octubre, en Loppiano, se inauguró el Poliambulatorio Risana y la sede de la Asociación de industriales del Valdarno. Su funcionamiento, en teoría, es el siguiente: las empresas comparten sus beneficios con la comunidad - y en particular con los indigentes - y reciben a cambio un impulso motivacional que las hace más productivas y rentables. De este modo consiguen tener un proceso de producción completamente transparente en el respeto no solo de la ley, sino también de las personas y del medio ambiente.

En realidad, estas empresas, gracias entre otras cosas a su imagen ética, tienen acceso a un sistema de relaciones y de apoyos financieros que les permiten cuadrar las cuentas. En el 2009 más de la mitad de los fondos administrados por el proyecto EdC fueron contribuciones personales destinadas al voluntariado y cerca de Loppiano, el Movimiento de los Focolares ha recibido en donación más de 200 hectáreas de terreno. En palabras de Alberto Ferrucci, ex vicepresidente de ERG,  hoy empresario en el campo de la refinación de petróleo y miembro de la comisión internacional de EdC: «Muchas veces en las relaciones con las personas no cuenta tanto la batalla por el precio cuanto el aprecio del trabajo que se hace. Lo cierto es que, teniendo a tu alrededor personas que te quieren, no sólo se vive mejor sino que además se encuentran nuevas oportunidades de desarrollo».

Emprender juntos

El Polo Lionello acoge empresas pertenecientes a los sectores más diversos, muchas tiendas, pero también empresas de la construcción, aseguradoras y manufactureras. Incluso hay un promotor financiero, Mauro Bracci, que tiene un pasado como asegurador: «Trabajar a comisión puede llevarte a descuidar el servicio a los clientes y yo quería salir de la presión de la compañía de seguros para hacer algo más noble», cuenta, «así que cuando nació el Polo comencé a colaborar con Banca Etica. Para la institución fue la primera experiencia de financiación de una realidad no perteneciente al tercer sector. Hoy en cambio tenemos incluso una tarjeta de crédito dedicada a la EdC y el banco destina las comisiones a los proyectos de formación del movimiento».

Este no es el único contacto de la Economía de Comunión con las finanzas. La EdC realiza en diversas partes del mundo actividades de microcrédito y una de sus empresas es el tercer banco agrícola  de Filipinas. Para facilitar la comunicación entre las distintas experiencias internacionales de EdC hace poco ha surgido en Estados Unidos una página web con el mapa de las diversas empresas e iniciativas de intercambio y de asociación.

Compartir es un aspecto importante del proyecto, hasta el punto de que el 16% de las utilidades destinadas a los pobres va a la creación de nuevos puestos de trabajo o, en otras palabras, al sostenimiento de empresas en dificultad como, por ejemplo, la Cooperativa Tassano de Sestri Levante.

«Para nosotros es fundamental aprender a estar juntos,» explica Paolo Maroncelli, consejero delegado de E. di C. Spa, la sociedad de accionariado popular que administra el Polo Lionello. «Vivir el proyecto de Economía de Comunión es un estilo de vida y una cultura del dar que sólo se puede construir juntos». Maroncelli no tiene dudas sobre cuál es la verdadera fuerza del movimiento: «Siempre decimos que tenemos un socio oculto,» nos confía, «el Eterno Padre, y creer en la Providencia nos ha ayudado siempre. Por ejemplo en el Polo está Azur, que elabora productos para la infancia como cunas o cochecitos. El año pasado tuvo un momento de gran dificultad porque tiene competidores muy aguerridos y costos altísimos, ya que lo fabrica todo en Italia y presta la máxima atención a las necesidades del niño. Pero han creído en su diversidad y han apostado por el “Made in Italy” como palanca de marketing. Este año ya han aumentado sus pedidos y su facturación. Experiencias como esta hemos visto bastantes».

La solidaridad innovadora

Habla Stefano Zamagni - Economista de la Universidad de Bolonia y consultor del Pontificio Consejo Justicia y Paz

¿Cómo puede ser competitiva una empresa que destina un tercio de sus beneficios a los necesitados y otro tercio a la formación?
Hoy para ser competitivos hay que innovar. Cuando el trabajador ve que su propia empresa está en condiciones de unir eficiencia y solidaridad da lo mejor de sí mismo, está más motivado y es más innovador. Su esfuerzo lo hace con gusto porque vive bien su trabajo. Por eso las empresas de Economía de Comunión tienen éxito y consiguen sostener los altos costos de producción que conlleva el no aprovecharse de los trabajadores, no evadir impuestos y no contaminar.

¿Por qué la Encíclica Caritas in Veritate habla de la Economía de Comunión (EdC)?
La EdC es un ejemplo de empresa que ha logrado unir la producción de la renta con su redistribución. Muestra que es errónea la creencia de que el mundo de la empresa tiene que preocuparse solo de la eficiencia mientras que para la dimensión social hay que pedir la intervención del Estado. La EdC no es el único modelo de empresa que conjuga eficiencia y solidaridad. Las cooperativas, por ejemplo, nacieron en el siglo XIX con los mismos objetivos y hoy están las empresas sociales y los experimentos de producción entre iguales (commons based peer production). Yo preveo que de ahora en adelante los diversos tipos de empresa alternativos a la empresa capitalista tradicional crecerán, porque ese modelo hace agua por todas partes.

¿Cree que la EdC puede desarrollarse fuera del ámbito de los Focolares?
La Edc es un modelo muy ligado a la espiritualidad focolarina. Se define como una “minoría profética” que ejerce una función de llamada, como una especie de campanilla que suena para atraer la atención de los empresarios hacia una posibilidad concreta de unir eficiencia y solidaridad. No quiere conquistar a todas las empresas. Además no es misión de todos ser profetas.

Un ejemplo aislado no puede funcionar

Lo dice Pierangelo Dacrema Economista de la Unversidad de Calabria

¿Se puede basar la actividad de la empresa en el don, como hace la Economía de Comunión?
Una economía del don puede funcionar si se transforma en un hecho educativo y tiene amplio seguimiento. Podría producir resultados brillantísimos en la lucha contra la pobreza. Pero para ser resolutiva debe ser una maniobra coral y para ello hace falta una pequeña revolución en el plano jurídico y cultural. Mientras el balance continúe teniendo ciertas reglas, una empresa orientada al bienestar colectivo tiene las manos atadas. Se necesita de un lado una legislación diferente y del otro una mentalidad nueva, más elástica y pronta a señalar y afrontar los defectos del sistema.

¿En qué sentido?
Hoy una empresa orientada a la solidaridad es de hecho incompatible con el sistema financiero. Pongo un ejemplo: tomemos una empresa de alimentación con exceso de capacidad productiva. La empresa podría tener todo el interés en producir más y donar parte de sus productos a una comunidad indigente con un evidente beneficio social.  Sin embargo, si lo hiciera fracasaría, puesto que tendría que afrontar costos superiores a los ingresos. Para mantenerse en el mercado, tenemos que suponer que esta empresa, precisamente porque decide ayudar a quien está mal, goza de un sistema de relaciones y de apoyos financieros muy concretos que la ayudan a ajustar las cuentas. En nuestro modelo económico una empresa en la que no cuadren las cuentas no se puede mantener. Y esta es lar razón por la que el plano ético y el económico se separan y entran en conflicto.

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