reseñas de prensa

El ingrediente secreto de la receta de los Focolares

La receta de los Focolares tiene un ingrediente secreto


Se llama Economía de Comunión. Es el modo nuevo de “hacer empresa” que promueve el movimiento fundado por Chiara Lubich, en el que una parte fija de los beneficios se destina a los más pobres. ¿Es una idea naif? Tal vez sí. Y sin embargo funciona.

de Marco Giorgetti
publicado en Jesus n. 2 - febrero 2009

«Tenemos un Socio oculto». Ante nuestra sorpresa, Cecilia Mannucci, consejera delegada del Parque Empresarial Bonfanti, explica: «El secreto de nuestros buenos resultados está en el Socio oculto. Es la misma persona para todas las empresas involucradas en la Economía de Comunión.  En nuestro consejo de administración su presencia es muy importante, se hace oír sobre todo en los momentos difíciles e interviene a favor de todos. Es el mismo que le indicó a Chiara Lubich, en mayo de 1991, en una favela brasileña, una respuesta económica posible al sufrimiento que producen la pobreza y la marginación».
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El proyecto Economía de Comunión nace de una experiencia de dolor: «Ninguno de nosotros está exento de vivir experiencias de sufrimiento. Pero cuando se acepta el sufrimiento y se entra en él junto con el Señor, produce resultados positivos no solo para los individuos sino también para algunos sectores de la sociedad ».

Aquella primavera de hace 18 años, Chiara Lubich reunió a los empresarios brasileños que pertenecían al Movimiento de los Focolares y les propuso que pusieran en común los beneficios de sus empresas, dividiéndolos en tres partes. Una parte sería destinada a ayudar a los pobres ofreciéndoles distintas ayudas indispensables para vivir. Con la segunda parte se promovería una nueva cultura para motivar a las personas con una visión distinta e innovadora de la sociedad y de la economía. La tercera parte de los beneficios se destinaría a las propias empresas, para mejorarlas y adecuarlas técnicamente, creando así nuevos puestos de trabajo.

La adhesión de los presentes fue total e inmediata. «Dentro del Movimiento»,  añade Alberto Ferrucci, pionero de la Economía de Comunión, «muchos crecimos practicando la “comunión de bienes” entre las familias. Esta decisión nace de nuestra adhesión a la “cultura del dar” que se contrapone a la “cultura del tener”, tan presente en nuestra mentalidad actual. Vincularse a la EdC es solo el último paso de un recorrido que comienza mucho antes. Cada persona jurídica que forma parte de ella decide, en la libertad evangélica, el porcentaje de sus beneficios que destina a cada uno de los tres sectores».

Sin embargo, no hay que engañarse pensando que toda la EdC se termina con el triple reparto de los beneficios a final de año. El reto más grande está en la vida diaria. Alcanzar beneficios, a pesar de los mayores costes que conlleva comportarse cristianamente en economía, significa ir contra corriente, evitando la evasión fiscal y tributaria, el pago de sobornos de cualquier tipo, la producción de baja calidad y la deslealtad con los competidores.

Significa también producir respetando plenamente el medio ambiente (con independencia del sector en el que se actúa). “Buscar el Reino de Dios” también como empresa significa elegir la “puerta estrecha”.

Quienes participan en el proyecto tienen a su disposición una amplia gama de servicios y cursos de alta formación, programados a lo largo del año con el fin de adquirir los conocimientos necesarios para la toma consciente de decisiones. No existe ningún fondo de garantía institucionalizado para las empresas que atraviesan momentos difíciles. Cuando esto ha ocurrido, no han faltado ayudas de unas empresas a otras, que han permitido dejar atrás los obstáculos y hacer tangible la comunión. Nunca ha faltado el ofrecimiento de ayuda.
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«La Economía de Comunión», subraya Alberto Ferrucci, «es la demostración real de una alternativa válida y concreta al pensamiento único del libre mercado. Para llevar a la práctica este proyecto es importantísimo formarse en el amor recíproco, para poder compartir desde el principio el capital más precioso que tenemos, que es el mismo amor. Cuando hacemos esto, empezando por la propia empresa, experimentamos los frutos de la comunión. Por ejemplo, yo he renunciado voluntariamente a parte de mi autoridad (ndr: propietario y presidente de una empresa de nivel europeo) para compartir la gestión y la toma de decisiones con el mayor número posible de colaboradores, tratando de dar testimonio de amor cristiano en cada relación».

«Por la mañana», continúa Ferrucci, «sientes una tensión positiva que anima toda tu jornada. Es una experiencia que no solo cambia la perspectiva de tu jornada de trabajo, sino que “contagia” positivamente a los que te rodean. Los no creyentes también perciben este clima favorable, sincero y distinto del ambiente de trabajo “normal”».

«Nuestras empresas», dice Cecilia Mannucci, «están fuertemente motivadas. Entre su personal hay mucha sintonía porque todos – verdaderamente todos – participan en la gestión de la empresa. Este es un valor importantísimo. El nuestro es verdaderamente un trabajo de equipo, que al principio necesita más tiempo y dedicación, ya que no hay una sola mente pensante sino que es un grupo el que piensa y muchas veces encuentra las estrategias mejores».

La EdC cuenta con un número creciente de miembros que, por diversos motivos, dan testimonio de su satisfacción por haber elegido este estilo de vida. Egidio Mitidieri, accionista mayoritario de una empresa informática, es uno de ellos. «Me atrajo fuertemente la posibilidad concreta de participar, aunque sea en pequeña medida, en la creación de una sociedad mejor. Me resultaba fascinante la oportunidad de ayudar a “los últimos” o a algunos de ellos al menos, y de contribuir a formar “hombres nuevos”. Durante estos años ha ido creciendo en mí la convicción de que en el trabajo de todos, cualquiera que sea el origen cultural o religioso de cada uno, necesitamos modelos organizativos que nos ayuden a ser felices, respetándonos a nosotros mismos, a los demás y la legalidad».

«Yo trabajo en el sector de la informática», continúa Mitidieri, «Es un campo muy complejo, que evoluciona muy rápidamente, y en el que las empresas pequeñas, como la mía, corren el riesgo de quedar aplastadas en un mercado tan agresivo como el actual.

Una de las cosas más bonitas que he aprendido en estos años de camino fraterno es que en las decisiones importantes uno no está solo si consigue cada día dar un paso más allá de los propios problemas y abrirse a la dimensión de la comunión.

Se experimenta que la actitud de ayudar a los demás (sobre todo cuando es difícil) lleva realmente a encontrar la solución a los propios problemas. Cada día siento con más fuerza que todos nosotros debemos seguir dando testimonio con el fin de dar visibilidad a la Economía de Comunión, que es un don para toda la humanidad y no solo para el colectivo (todavía pequeño) de empresarios que han tenido la gracia de conocer el proyecto hasta hoy».

La Economía de Comunión a nivel mundial cuenta con 765 empresas de distintos tamaños: 472 se encuentran en Europa (247 en Italia), 220 en América Latina, 36 en Norteamérica, 27 en Asia, 8 en África y 2 en Australia.

En nuestro país participan empresas de distintos sectores: servicios, producción industrial, comercio y cooperación social, así como unos 80 profesionales de distintos campos (médicos, abogados, arquitectos, economistas, ingenieros). Pero el dato más interesante es el porcentaje de aquellos que participan en la EdC sin pertenecer al Movimiento de los Focolares: el 15% de las empresas y el 5% de los profesionales. Hay personas jurídicas que no provienen del área católica y ni siquiera cristiana (3 o 4). Durante algunos años hubo incluso una pequeña cooperativa de marxistas radicales que, hasta su autodisolución, siempre manifestaron su satisfacción por pertenecer a esta experiencia.

El broche dorado de la Economía de Comunión es el Parque Empresarial Lionello Bonfanti, que se encuentra en Incisa Val d’Arno, a pocos kilómetros de la famosa ciudadela internacional de Loppiano (provincia de Florencia). Inaugurado en octubre de 2006, el Parque Empresarial Bonfanti representa el tercer punto de referencia de la estrategia económica de los Focolares. Ya existían otros dos parques empresariales más pequeños y con distintas características en Brasil y Argentina. Esta gran estructura multiusos está dedicada al magistrado Lionello Bonfanti, que fue responsable de relaciones institucionales de la ciudadela, para subrayar su “vocación” no sólo económica sino también cívica. En efecto, las 22 empresas que hoy se encuentran en el parque pertenecen a diversos sectores (productivo, comercial y de servicios) y se presentan como una comunidad abierta al territorio para acoger sus instancias y formar parte viva de él.

La sociedad que gestiona los 9.600 m2 de esta realidad florentina, llamada EdC spa, está compuesta por 5.700 socios y tiene un capital social de casi 6 millones de euros. En dos años, la estructura multiusos ha sido visitada por 45.000 personas de 93 países distintos.

«El número de personas que decide invertir sus ahorros en nuestra realidad haciéndose socio de ella, crece constantemente», señala Cecilia Mannucci, «Está al alcance de cualquiera. Es suficiente comprar una o más acciones de 300 euros para ser uno de los nuestros y participar, en un futuro, en el reparto de beneficios que prevé (como es obvio) una detracción del 30% destinada al Fondo de Solidaridad para los necesitados ».

A finales de 2008, el Parque Empresarial Bonfanti se ha visto enriquecido con otra actividad  importante: el Instituto Universitario Sophia. Esta realidad, expresión del Movimiento de los Focolares, es un laboratorio académico de formación, estudio e investigación con una fuerte carga relacional. La experiencia, que comenzó oficialmente en octubre de 2008, cuenta ya con 40 alumnos procedentes de los cinco continentes e imparte un Master en “Fundamentos y perspectivas de una cultura de la unidad”, con una duración de dos años, así como el correspondiente doctorado.

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