reseñas de prensa

Ese bien común llamado «confianza»

Comentario - Entender lo que hay en el origen de la crisis. Para volver a construir

por Luigino Bruni

publicado en Avvenire el  24/12/2011

logo_avvenireEstamos todavía demasiado inmersos en el ojo del huracán como para poder ver los daños que la tormenta está produciendo en nuestro sistema financiero, económico y social o para saber cuánto durará y en qué dirección nos llevará. Pero tenemos el deber de decir algo diferente a los análisis, demasiado parecidos entre sí, que llevamos meses leyendo en los periódicos  y escuchando en las tertulias. Hay una teoría, desarrollada inicialmente por un biólogo, Garrett Hardin (Science, 1968), que puede arrojar luz para comprender qué es lo que ha ocurrido en estos años de crisis y también cómo podemos salir de ella. El título de aquel artículo es elocuente de por sí: «La tragedia de los bienes comunes».

Su centro teórico es el relato de la tragedia de una supuesta comunidad de ganaderos que utilizan juntos un pastizal comunal al que cada uno lleva libremente sus vacas a pastar. Hardin demostraba que la mejor decisión desde el punto de vista del interés individual de cada ganadero era llevar una res más al pastizal. En tal caso, la ventaja para cada ganadero era un número entero (una vaca más) mientras que la disminución del bien común (la hierba) para él era solamente una fracción, ya que la pérdida de hierba se repartía entre todos los ganaderos que utilizaban el pastizal. El beneficio individual de aumentar el uso del bien común es por lo tanto mayor que el costo individual. De ahí que todos y cada uno se sintieran incentivados a llevar cada vez más cabezas de ganado a pastar, hasta llegar a la destrucción del pastizal.

En otras palabras, es como si los usuarios del pasto, al tomar sus decisiones individuales, no consideraran la reducción del bien común (hierba) que su consumo produce. Se atiende al beneficio individual sin tener en cuenta que día a día se va destruyendo el bien común y a la larga eso impedirá también la obtención de un beneficio individual. Llega un momento en el que se toma conciencia pero a veces es demasiado tarde porque la reacción ya se ha desencadenado. Parece que el colapso de algunas civilizaciones (uno de los más conocidos es el de los habitantes de la isla de Pascua en el Océano Pacífico) puede explicarse con la lógica de la «tragedia de los bienes comunes»: individuos que maximizan sus beneficios individuales y descargan los costes sociales sobre el conjunto de la colectividad, hasta que se alcanza el ‘punto crítico' y el proceso de destrucción del bien común se hace irreversible. Creo que la crisis financiera que estamos viviendo puede leerse como una típica «tragedia de los bienes comunes», sobre todo de ese bien común fundamental para la economía de mercado que llamamos confianza.

Durante unos cuantos años (a partir de los 90), muchos operadores de las finanzas especulativas han "consumido" demasiada confianza con comportamientos de alto riesgo, pensando en repartir el costo (es decir el riesgo del sistema) entre la amplísima ‘comunidad' financiera mundial, formada por innumerables operadores. Incluso en un momento determinado alguien produjo hierba artificial, que "intoxicó" a los animales, empeorando la situación. Hasta que aquel fatídico 15 de septiembre de 2008 (quiebra de Lehman Brothers) superamos el punto crítico del consumo de confianza del sistema, arrasamos toda la hierba del pastizal y la cuerda que ya estaba deshilachada se rompió (confianza viene del latín fides, que significa cuerda, atadura). Y como ya sabemos por la historia de las instituciones, cuando se suprime una antigua convención y se destruye un bien común, es muy complicado, cuando no imposible, reconstituirla.

Nosotros también nos estamos dando cuenta de que la confianza del sistema financiero global, construido durante siglos y destruido en 20 años, es hoy muy difícil de reconstruir. Se echa de menos en las relaciones entre las empresas, los ciudadanos y los bancos, entre los propios bancos y entre los estados (la crisis europea es sobre todo una crisis de confianza entre países). La premio Nobel Elinor Ostrom ha señalado algunas pistas de solución: el bien común no se destruye cuando pasa de ser un bien de nadie a ser un bien de todos.

El único camino para poder reconstruir un bien común destruido es un cambio de cultura que lleve a la mayoría de las personas a sentir ese bien común como un bien de todos y por lo tanto también como un bien individual suyo. Seremos capaces de regenerar la confianza de sistema que hemos destruido si alcanzamos un nuevo pacto a varios niveles (mercados, sociedad civil, política nacional e internacional) que haga renacer la hierba del crédito (creer). Pero la hierba no se produce, se siembra. Y eso requiere tiempo y trabajo.

Si queremos recrear la confianza en el sistema y volver a empezar, debemos trabajar mucho, olvidarnos de la prisa y saber esperar. Durante la espera (que será larga) también estaremos dispuestos a hacer sacrificios, pero es esencial que los ciudadanos y las empresas cuenten con señales creíbles y con la sana esperanza de que un día volverán a ver despuntar la hierba en el pastizal, pero no una hierba artificial y venenosa que no alimenta. La esperanza civil es la que ha hecho y sigue haciendo sostenibles los sacrificios de los pueblos.

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