La encíclica y un mercado "fraterno"

Entrevista a Stefano Zamagni

La encíclica y un mercato "fraterno"

Paolo Lòriga
publicado en Città Nuova n.15/2009

Stefano Zamagni, profesor de economía política en la Universidad de Bolonia, es consultor del Pontificio Consejo “Justicia y Paz”, organismo que se ocupa de los temas tratados en la “Caritas in Veritate”.

Para usted, ¿cuál es el punto más innovador de la “Caritas in Veritate”?

Un primer punto es la invitación a superar la separación entre la esfera de lo económico y la esfera de lo social. La modernidad, a lo largo de los tres últimos siglos, nos ha dejado un modelo de sociedad en el que, por una parte, está el ámbito de la economía, con su férrea lógica que no admite sometimiento a juicio alguno, como cuando se dice “los negocios son los negocios”. Y por otra parte está el ámbito de lo social, en el que se producen las compensaciones. Es decir,  lo social debería hacerse cargo de todo lo que la economía de mercado capitalista no es capaz de producir desde el punto de vista de la justicia y la igualdad. No olvidemos que el estado del bienestar, el estado social, es hijo de esta lógica de separación. El pensamiento del siglo XIX y sobre todo del siglo XX –ya se colocase políticamente del lado liberal o del lado estatalista- mantuvo este modelo inalterado.

Pues bien, la encíclica de Benedicto XVI nos dice que esta manera de pensar se ha hecho vieja, puesto que hemos entrado en la sociedad post-industrial y el elemento social debe entrar dentro del económico y no quedarse al lado o a continuación. Se trata de una innovación notable, que puede permitir que el mercado vuelva a ser un instrumento de civilización de las relaciones y de las estructuras que genera.

La encíclica asume el principio de fraternidad en la esfera económica. ¿Cuáles cree que son las razones para ello?

Benedicto XVI pone en el centro el principio de fraternidad. Este es otro punto innovador y uno de los que más intriga suscita por los efectos que puede llegar a producir.

La literatura socioeconómica hace tiempo que viene poniendo en evidencia que la gente hoy anhela la felicidad. Pero para que una sociedad pueda garantizar este objetivo, debe ser fraterna. La solidaridad no es suficiente. La solidaridad es la condición que tiende a que los distintos sean iguales, mientras que la fraternidad permite que los iguales sean distintos. Una sociedad fraterna es también solidaria, pero lo contrario no es cierto. Así pues, este es un paso hacia delante.

El hecho de que aparezca explícitamente en esta encíclica el principio de fraternidad es importante, ya que incluso la literatura más avanzada sobre economía y cuestiones sociales ha infravalorado, salvo contadas excepciones, la necesidad de una sociedad fraterna. Y la fraternidad no es otra cosa que la traducción, en términos económico-prácticos del principio de reciprocidad. Por eso en la encíclica se habla mucho de reciprocidad.

Para terminar hay que decir que la categoría de pensamiento de la fraternidad no es una novedad absoluta. El mérito es de la escuela franciscana de pensamiento que va desde el siglo XIII hasta la revolución francesa, en cuya bandera estaba escrito liberté, egalité, fraternité. Pero después de la revolución francesa la palabra fraternidad fue borrada y proscrita. Ahora, con esta encíclica, se puede volver a hablar de fraternidad, considerándola como una categoría de pensamiento.

Las enseñanzas de la encíclica con respecto al principio de fraternidad, ¿se deben al estallido de la crisis financiera?

No. La Caritas in Veritate pone en evidencia la limitación intrínseca del capitalismo, que consiste en identificar un fin –la maximización del beneficio- y convertirlo en el fin de toda la sociedad. Esto no quiere decir que el beneficio sea condenable en sí mismo, pero sí cuando se convierte en el único motivo. La encíclica afirma que el mercado es una manera de organizar la actividad económica, mientras que propone la superación del capitalismo.

Con respecto al principio de fraternidad, la encíclica indica ejemplos que son una novedad: se habla de empresas no capitalistas, como las empresas cooperativas, las empresas sociales o las empresas de la Economía de Comunión. Son verdaderas empresas porque producen para el mercado, pero no tienen como fin la maximización del beneficio. ¿O no queremos considerarlas empresas?

La lógica de la separación que hemos recordado antes nos llevaría a decir que estas empresas pertenecen al ámbito social. En cambio, la encíclica dice; No; pertenecen al ámbito económico. Son esa minoría profética que muestra que es posible estar dentro del mercado, respetando sus reglas, pero persiguiendo fines de utilidad colectiva o social.

Este sitio utiliza cookies técnicas, también de terceros, para permitir la exploración segura y eficiente de las páginas. Cerrando este banner, o continuando con la navegación, acepta nuestra modalidad para el uso de las cookies. En la página de la información extendida se encuentran especificadas las formas para negar la instalación de cualquier cookie.