Economía de Comunión

Presentación del proyecto EdC en el marco de la conmemoración de Chiara Lubich que tuvo lugar en la embajad de Italia ante la Santa Sede

Economía de Comunión

Intervención de Leo Andringa, de la Comisión Internacional de la EdC

Roma, Palacio Borromeo,  15 de abril de 2010

Hace 5 años, mi mujer y yo nos trasladamos de Holanda a Italia para ayudar en el desarrollo de un proyecto económico nuevo, la economía de comunión, que me ha fascinado desde su nacimiento.n28_pag._12_leo_andringa_3Todos los movimientos espirituales (San Benito, San Francisco etc.) en la historia han sido agentes de cambio,  algunos también en el ámbito económico. Así ha sucedido con  el Movimiento de los Focolares.

Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares, en 1991 fue a Brasil para encontrarse con la comunidad del movimiento. Esta comunidad era un reflejo de la realidad del país, donde la disparidad de la distribución de la riqueza era evidente; muchos de ellos eran muy pobres y vivían en las favelas sin trabajo y sin futuro. Chiara pensó en las empresas como el “instrumento” natural para responder a un problema de injusticia social y de errada distribución de los bienes. Lanzó entonces una propuesta: poner en común las capacidades y recursos, crear empresas, confiarlas a personas competentes y producir riqueza para dividirla en tres partes.

Un tercio para hacer crecer la empresa y los puestos de trabajo, un tercio para ayudar a los pobres y un tercio para la formación a esta cultura de compartir. Chiara fue siempre muy concreta y pidió de inmediato una concretización. En los días posteriores nació la primera empresa, “La Túnica”, una empresa textil.

Hoy en el mundo, en todos los continentes, son casi 700 las empresas vinculadas a la Economía de Comunión y abarcan casi todos los sectores del comercio, de los servicios y de la producción. En Europa son alrededor de 400, en América Latina son 200 empre- sas; 35 en América del Norte; 25 en Asia; y algunas en Australia, Africa y Medio Oriente.

En los últimos 5 años han nacido 50 nuevas empresas y otras 50, que ya existían, han decidido unirse al proyecto. Algunos centenares han comenzado pues a vivir la misma cultura de  la fraternidad. Esta nueva cultura económica intenta favorecer una nueva concepción de la acción económica, no solo utilitarista, sino tendiente a la promoción integral y solidaria del hombre y de la sociedad.

De cuanto se ha dicho se deduce que esta concepción económica puede ser aplicada en todo contexto cultural y asumir todas las formas jurídicas previstas por los varios ordenamientos estatales: sociedad de capitales o de personas, empresas individuales, cooperativas,  etc.

Veinte ciudadelas han nacido de la espiritualidad de la unidad. Al lado de las casas, de los centros de formación, de las oficinas, se han desarrollado 8 polos industriales con más de 50 empresas, en Argentina, Italia, Bélgica, Portugal y Croacia. En Brasil hay ya 3 polos. La persona humana y no el capital ocupa el centro de las empresas de economía de comunión que operan buscando la calidad de las relaciones que se producen tanto en su interior, entre dirigentes, empleados y obreros, como también en el exterior. Las empresas están en estrecha relación con su entorno, cumplen la legalidad, cuidan la seguridad de los trabajadores y respetan el medio ambiente en el que están insertas. Relaciones nuevas se instauran con los proveedores, las entidades publicas y hasta con los competidores.

Los pobres, socios importantes del proyecto, son protagonistas del desarrollo y no son simples beneficiarios. No se les considera un problema sino más bien un recurso precioso para el bien común, en una relación de reciprocidad donde también la necesidad  se convierte en don. A veces basta una pequeña ayuda para que puedan rehacer su vida, con un trabajo, una casa, una educación. Más de 100.000 familias en estos 20 años han sido ayudadas por la Economía de Comunión. Las empresas también ayudan a crear puestos de trabajo.

Cito la experiencia del banco rural Bangko Kabayan en Manila. Con 280 empleados e inspirada en la cultura de la fraternidad, opera en el ámbito del microcrédito y el préstamo comunitario y cuenta con cerca de 8.000 clientes que, gracias a estas ayudas, han podido abrir actividades productivas.  A pesar de la crisis financiera esta empresa, respetando las relaciones con los empleados y con los clientes, no solo ha mantenido sus propios ingresos, sino que ha obtenido  también un importante premio del gobierno y el Banco Central por  su acción por los pobres. 

Está claro que no se construye una nueva economía sin una nueva cultura. De hecho, un tercio de las utilidades de las empresas que adhieren al proyecto está destinado para la formación a esta cultura y para su difusión. Una expresión de esto es el Instituto Universitario Sophia, situado en la ciudadela del movimiento en Loppiano, cerca de Florencia (Italia), pero también hay escuelas de formación, seminarios y encuentros locales e internacionales. Hay economistas, profesores universitarios y estudiantes que han querido profundizar en el pensamiento y la praxis de la Economía de Comunión. Hasta el momento se han realizado unas 400 tesis de grado sobre la Edc y muchos profesores han querido incluirla en los programas académicos.

En la nueva encíclica “Caritas in Veritate” el Papa Benedicto XVI en el numero 46 habla también de la economía de comunión como una "nueva, amplia realidad que no excluye la ganancia, pero la considera instrumento para realizar finalidades humanas y sociales”.  La Economía de Comunión es un modelo de empresa a desarrollar para una economía más humana.

Muchos estudios en el campo económico confirman que con el crecimiento de la  riqueza ha disminuido fuertemente la felicidad, sobre todo en los países más ricos. Todos estamos experimentando que el sistema financiero basado sólo en la ganancia ha caído por sí solo, sin que ningún enemigo lo haya hecho caer. Ha sido una implosión.

Es convicción de muchos que este tipo de crisis se ha desarrollado porque la sociedad y el mercado han perdido los referentes éticos y el sentido autentico de su existir para el bien común.

Nuestra experiencia con las empresas de Economía de Comunión muestra una evolución sostenible para las empresas, puede dar una contribución a la injusta y errada distribución de los bienes y puede volver a dar un significado a la práctica y a la cultura económica.

Solo es una semilla, un pequeño grupo de empresas, una minoría, pero sabemos que muchas veces son las minorías proféticas las que cambian la historia y hacen más habitable la tierra.

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