Crisis financiera y desigualdad económica. El papel de una culgtura económica renovada

Dentro de la jornada dedicada a la crisis financiera durante el  4° seminario Budista-Cristiano

Crisis financiera y desigualdad económica. El papel de una cultura económica renovada

Intervención de Benedetto Gui

Chiang Mai (Tailandia), 4 de febrero de 2010


“Las personas quieren que sus vidas tengan sentido, el tipo de sentido que se logra únicamente cuando se sabe que se hace lo que se puede para conseguir que el mundo sea un lugar mejor …[Este] es un aspecto de la naturaleza humana al que no se presta la menor atención en el mundo empresarial.”  (Muhammad Yunus, Un mundo sin pobreza, pag. 202)

“No se debe olvidar que el mercado no existe en su estado puro, se adapta a las configuraciones culturales que lo concretan y condicionan.” (Carta Encíclica Caritas in Veritate, 2009, §36)

La reciente crisis económica y financiera ha causado grandes sufrimientos en todo el mundo. El estado de ánimo más generalizado en este momento es de esperanza impaciente en que la recuperación llegue pronto, para poder volver a la situación anterior.

Sin embargo, es necesario reflexionar sobre lo que ha sucedido. La chispa de la crisis  fue el estallido de la burbuja especulativa sobre el precio de las casas en los Estados Unidos. Pero si descendemos a un nivel más profundo, nos daremos cuenta de que la crisis tiene causas estructurales, como el sistemático exceso de consumo de las familias americanas y una reglamentación financiera inadecuada. Pero si llegamos a un nivel todavía más profundo encontraremos una pregunta crucial que se presenta más apremiante que nunca: ¿hay algo sistemáticamente equivocado, algo que debamos corregir, en el sistema económico en el cual vivimos?

Crisis financiera y desigualdad económica (en español)

En esta intervención señalaré en primer lugar la respuesta habitual de la ciencia económica, que es una respuesta negativa, aunque admita la necesidad de modificar muchos detalles. Presentaré luego los estímulos intelectuales que nos vienen de la reciente literatura científica sobre la felicidad, estímulos que nos impulsan a asumir una actitud más radical, no tanto en relación con las instituciones, cuanto más bien en relación con los que el sistema económico debe fijarse. Esto acercará nuestra reflexión a las enseñanzas de las grandes religiones, entre las que se encuentran el Budismo y el Cristianismo.

Por último, para que nuestras reflexiones no se queden sólo en buenos deseos, presentaré brevemente el proyecto ‘Economía de Comunión’, promovido por el Movimiento de los Focolares,  cuya misión es la de promover la fraternidad en la vida económica, conjugándola con una gestión confiable de las empresas. Su desarrollo ha ido acompañado de un fermento de ideas que explicaré brevemente.

Concluiré con la esperanza de que la orientación cultural que está detrás de este experimento – y, afortunadamente también de muchos otros - pueda penetrar todo el sistema económico para renovarlo desde dentro.


Fortalezas y debilidades del sistema económico actual: el punto de vista de la ciencia económica

Más allá de la diversidad de las variantes nacionales, de la importancia de la intervención publica y de la presencia de organizaciones sin fines de lucro, el sistema económico que domina la escena internacional puede ser identificado simplemente como capitalista. Las principales características que lo definen son la libre iniciativa, la propiedad privada (de la tierra, de las casas, de los medios de producción, de las patentes, de las actividades financieras) y la presencia de mercados (de la tierra, de las casas, … y también del trabajo).

Los mercados permiten que los actores económicos se sirvan de lo que poseen – así como de la información, de la experiencia y del ingenio – para lograr ventajas para sí mismos; al hacerlo, generan ventajas también para los demás, gracias a la competencia. Además, la libertad de iniciativa económica es deseable en sí misma; y sería difícil imaginar cómo un sistema político democrático pueda subsistir sin tales libertades.

Y ¿qué decir de las debilidades de un sistema económico de mercado? Citaré solo algunas. La crisis ha puesto en evidencia su inestabilidad. Esta es una característica típica sobre todo de la economía financiera y en consecuencia también de la economía real (producción, ventas, empleo), que influye fuertemente sobre la vida de las personas que de un momento a otro pierden el trabajo o ven caer sus ingresos.

Otra causa del mal funcionamiento del mercado que ha tenido un rol crucial en la reciente crisis financiera es la asimetría informativa. Cuando el comprador de un producto financiero no puede evaluar su riesgo porque el vendedor se guarda bien de transmitir esta información a la contraparte, el resultado más probable de la transacción no será una ventaja para ambas partes, sino la expropiación del primero por parte del segundo. Y lo mismo vale, por ejemplo, para los riesgos que un puesto de trabajo comporta para la salud.

Otra circunstancia en la que los mercados ‘fallan’, y que está resultando cada vez más preocupante con el transcurso del tiempo, es cuando están en juego los bienes públicos. Basta pensar en ‘bienes comunes globales’ como la atmósfera, la capa de ozono, los océanos o los recursos mineros cuya explotación se realiza en beneficio de algunos y en perjuicio de todos  los demás.

Sin embargo, el efecto más preocupante del mercado es, al menos hoy, la desigualdad. Aunque los mercados no tuviesen otros defectos, el reparto de la torta terminaría siendo muy desigual, debido en parte a las diversas dotaciones iniciales de los participantes y en parte a motivos fortuitos. Además hay varias imperfecciones del mecanismo del mercado que tienden a exacerbar las disparidades, tanto dentro de cada nación cuanto entre las naciones, amenazando la cohesión social y la dignidad de las personas.

La respuesta típica ante los efectos no deseados del mercado es la intervención de la autoridad pública, en forma de tasas y subsidios, suministros públicos, reglamentación… A pesar de sus imperfecciones, la intervención pública tiene un importante rol correctivo, como ha quedado demostrado en la reciente crisis.

Teniendo en cuenta todo ello, es difícil concebir hoy una alternativa radical creíble al sistema económico actual. La alternativa por excelencia del siglo XX, la planificación central, ha fracasado desde varios puntos de vista. Las nuevas propuestas, como las que propugnan los teóricos del movimiento antiglobalización, son más un estímulo para cambiar la praxis económica corriente (como, por ejemplo, los hábitos de consumo), que verdaderas alternativas con coherencia interna.

El sistema económico actual ¿proporciona realmente los bienes que más necesitan los ciudadanos?

He terminado la sección anterior con una conclusión de tono un tanto reformista en cuanto a las instituciones económicas actuales. Pero es viendo la vida económica desde otra perspectiva – una perspectiva cultural - como se llega a una posición critica más radical. Interesantes estímulos al respecto nos vienen de la reciente literatura sobre la felicidad (un concepto que la ciencia económica había olvidado casi por completo).

La enorme cantidad de datos recogidos y analizados nos dice, en síntesis, que la renta o la cantidad consumida no tiene una gran influencia sobre el ‘bienestar subjetivo’ de las personas. En todo caso, lo más importante no es el nivel absoluto de consumo, sino el relativo (comparado con el de los amigos y vecinos). En cambio, hay cosas que tienen mayor influencia sobre la felicidad, como la situación laboral (el desempleo incide mucho incluso aunque haya generosos subsidios, ya que priva a las personas de la posibilidad de ejercitar sus facultades y de desempeñar un rol reconocido en su contexto social), y las relaciones familiares, de grupo y de amistad.

Además, la orientación ‘materialista’ (o sea perseguir prioritariamente la riqueza y el éxito) es perjudicial para la felicidad; por el contrario, dar prioridad a las relaciones con los demás y empeñarse por causas de interés común ayuda a obtenerla.

En conclusión, la receta para una vida buena que se deriva de los estudios sobre la felicidad está bastante alejada de la visión dominante entre los estudiosos (en particular de economía), en las comunidades de negocios, en los medios de comunicación y en gran parte de la población, por lo menos en los países occidentales (u occidentalizados).

En efecto, en Occidente (pero no solo allí) la evolución del sistema económico ha estado acompañada, caracterizada y favorecida por una cierta visión de las cosas que, por brevedad, podemos definir como individualista, materialista y pragmática. Uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo consiste en liberar la vida económica de estas tendencias culturales, de modo que pueda servir mejor al ‘florecimiento humano’ de las personas. Es interesante observar que los valores alternativos que salen a la luz de los estudios sobre la felicidad tienen mucho en común con los de los antiguos filósofos y los de las grandes religiones.

Del Budismo no sé mucho. Pero he encontrado algunas trazas de su filosofía económica en los escritos de algunos estudiosos occidentales que han sido influenciados por él. Recuerdo en particular a Ernst F. Schumacher, el autor de ‘Lo pequeño es hermoso’ (1973). En el cap. 4, titulado ‘La economía budista’ observa cuán ineficaz es el modelo económico occidental a la hora de hacer felices a sus ciudadanos, a pesar de la enorme cantidad de recursos que devora, y lo compara con la vida sobria, pero más alegre, que había encontrado en las aldeas del Himalaya.

Naturalmente estoy más informado sobre el pensamiento social de la Iglesia Católica sobre estos temas, pero no tengo el tiempo ni siquiera para resumir sus contenidos. Paso, más bien, a presentar la vida económica y las ideas del Movimiento de los Focolares.

Vida económica e ideas del Movimiento de los Focolares

Desde los primeros tiempos, sus miembros vieron que la pobreza extrema y la desigualdad eran incompatibles con la lógica del amor recíproco y de la fraternidad, a las que tienden. El aspecto más tangible de la vida de la primera comunidad nacida en torno a Chiara Lubich en  1943 era un espontáneo flujo de bienes de las personas que tenían más de lo necesario a los muchos indigentes de la ciudad de Trento, empobrecida por la guerra. La práctica del compartir, que se convirtió en una característica de la vida del Movimiento, recibe el nombre de “comunión de bienes”: las personas que tienen algo superfluo lo ponen a disposición de quienes tienen necesidad; y quienes carecen de lo necesario ponen en común sus necesidades, dispuestos a dar a su vez a otros en cuanto tengan la posibilidad.

El compromiso de los miembros del Movimiento en el campo económico se ha manifestado también participando activa y positivamente en la vida de las instituciones (empresas, sindicatos, administración pública) y creando un significativo numero de ‘obras sociales’, sobre todo en países económicamente atrasados, con una particular nota: crear unidad entre las personas.

Un significativo paso adelante fue el lanzamiento por parte de Chiara Lubich del proyecto ‘Economía de Comunión’ (EdC) en 1991. Impactada por las enormes desigualdades observadas durante su visita a la Ciudad de Sao Paulo y sabiendo que los miembros del Movimiento vivían tanto en los barrios acomodados cuanto en las favelas, Chiara auspició la creación de empresas cuyas utilidades fueran destinadas en primer lugar a ayudar a las personas que no podían alimentar a sus familias, no tenían una casa decente, no tenían un trabajo, no podían mandar a sus hijos a la escuela o curar las eventuales enfermedades. Cn la convicción de que los hechos y las ideas deben ir de la mano, sugirió que una segunda parte de las ganancias de las empresas fuese destinada al desarrollo y a la difusión de una “cultura del dar” (y del compartir). Lo que ella quería decir es que sin esta cultura no es posible contrarrestar las enormes desigualdades de nuestro tiempo y, lo que es más importante, no se puede construir la unidad entre quienes tienen y quienes no tienen. Por último, la tercera parte de las ganancias va destinada al crecimiento de la empresa.

Esta propuesta fue seguida por unos 700 empresarios (o grupos de empresarios), en gran parte  pequeñas empresas familiares, pero con excepciones significativas. En muchos casos se trataba de nuevas empresas, muchas de ellas creadas por jóvenes que nunca hubieran formado una empresa convencional. En otros casos empresas ya existentes se han reconvertido adhiriéndose a las líneas del proyecto. Además del destino de las ganancias, otra característica clave del proyecto es la de crear fraternidad (o ‘comunión’) en toda su actividad (por ejemplo teniendo en cuenta las necesidades y las aspiraciones de los trabajadores o de los clientes; estableciendo relaciones sinceras y amigables con ellos; estando en regla con las leyes y los impuestos; respetando el medio ambiente; transformando el estilo de liderazgo de modo que las decisiones sean más compartidas, siguiendo la lógica de la unidad;….)

También la distribución de las ganancias a las personas en dificultad económica debe hacerse con la lógica de la fraternidad y de la reciprocidad. Hasta hoy la mayor parte de los beneficiarios participan en la vida del Movimiento, y la distribución se hace a través de sus canales informales. Recientemente se ha ido un poco más allá de la ayuda inmediata, financiando pequeñas inversiones productivas para crear micro-empresas. Además algunas de las ganancias puestas en común han ido a apoyar el desarrollo de proyectos a beneficio de comunidades más amplias que las formadas por miembros del Movimiento. Algunas empresas tienen como clientes, o como trabajadores, o como proveedores, a indigentes y son administradas a propósito para que resulten favorecidos.

Mirando hacia atrás después de casi 20 años, el proyecto ‘Economía de Comunión’:
  • ha puesto en movimiento una cadena de solidaridad inspirada en la proximidad y en la fraternidad, que ha llegado a algunas decenas de miles de receptores; para buena parte de estos ha sido un impulso decisivo en su esfuerzo por superar los problemas económicos más graves, o para hacerse autosuficientes;
  • ha llenado de motivación y de significado la vida profesional de millares de personas, empezando por los empresarios (por ejemplo un empresario francés a la edad de 60 años encontró una nueva razón para poner sus energías y su talento en el ayudar a hacer nacer el primer ‘polo productivo’ del proyecto de la EdC, cerca de la ciudadela de Sao Paulo);
  • ha dado vida a una decena de ‘polos productivos’ (algunos todavía en sus primeros pasos), donde algunos empresarios de la EdC trabajan codo con codo, haciendo más visible el proyecto y formando un laboratorio privilegiado para experimentar nuevas ideas y nuevas practicas ;
  • ha involucrado en una lógica de respeto recíproco, apertura, y atención – hasta la fraternidad – a millares de clientes, socios, financiadores, y hasta competidores (he releído en estos días la historia de un empresario argentino que garantizó  su ayuda en un momento difícil a un competidor que en el pasado se había comportado incorrectamente en sus relaciones).
Esta lista no incluye un efecto que no considero menos significativo: testimoniar frente a la opinión pública, al mundo de los negocios y a los estudiosos de economía que la conducción de una empresa no está reñida con la lógica de la fraternidad.

El contacto con esta red de empresas ha sido una gran fuente de inspiración para un grupo de estudiosos que ha osado llevar al interior del análisis económico algunas nociones antes consideradas extrañas; en particular la fraternidad (un artículo en el que esta palabra aparece en el título ha sido recientemente publicado en una revista científica internacional) y los ‘bienes relacionales’ (aquella entidad intangible que se produce y consume en las interacciones personalizadas: reconocimiento reciproco, ‘compañía’, recreación, …). Una tercera idea es que la indigencia va acompañada de malas relaciones dentro de la familia o de la comunidad circundante. La consecuencia inmediata es que si no mejoran estas relaciones, difícilmente la situación económica de estas personas podrá mejorar; y, viceversa, si ellas mejoran, también ésta está destinada a mejorar.

Este trabajo científico es parte de una tendencia más amplia de la ciencia económica actual, que está abandonando cada vez más decididamente la visión reductiva de la naturaleza humana y su desatención hacia importantes fenómenos sociales que la habían caracterizado en el pasado.

Conclusiones

Hay una respuesta institucional a los defectos del capitalismo, en particular a su enorme inestabilidad  y a la extrema desigualdad que genera: cambiar algunas reglas e instituciones, de modo que los peores resultados que hemos experimentado hasta ahora no se produzcan más. Por supuesto, este camino debe ser recorrido.

Hay sin embargo otro camino, que es el que he tratado de dibujar en este discurso.  Consiste en poner nuevas semillas en el terreno cultural y antropológico sobre el que se apoya el sistema económico.

Que en la vida económica pueden encontrar lugar lógicas y valores alternativos lo prueban numerosas experiencias, como el comercio justo, las finanzas éticas, las microfinanzas, las empresas sociales,…., y el proyecto Economía de Comunión, que pone una especial atención en la fraternidad. Estos modos de ver el sistema se sustentan en un amplio fermento cultural.

Si estas nuevas tendencias crecen  y llegan a impregnar todo el  sistema económico, su modo de operar cambiará desde dentro, en parte como efecto de los cambios en los  comportamientos individuales y en parte porque las nuevas convicciones producirán ciertamente cambios incluso a nivel institucional. En este punto los dos caminos vuelven a encontrarse.

Este segundo camino necesita tiempo y perseverancia. Y es particularmente adecuado para personas y comunidades – estoy pensando concretamente en las que están representadas en esta sala - que cuentan con un fuerte patrimonio espiritual.

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