Veinte años de EdC: una historia de amor entre el cielo y la tierra

logo_convention_edc_2011_rid_ridEspecial Convención Edc Italia 2011

Veinte años de EdC: una historia de amor entre el cielo y la tierra

Intervención de Alberto Ferrucci

Polo Lionello Bonfanti , 17 de septiembre de 2011

La historia

110915-18_LoppianoLab_12_ridAunque la Economía de Comunión nació cuando Chiara vio desde el avión, al llegar a Sao Paulo, una selva de rascacielos junto a las favelas, está vinculada al desarrollo de su carisma y a su nacimiento en Trento, la ciudad de la cooperación social, de padre socialista y madre católica, con un hermano comunista. Creció respirando solidaridad con los últimos, así que cuando se le desveló el inmenso Amor de Dios por ella, le resultó natural corresponder en los necesitados más cercanos con los que Jesús se identificaba en el Evangelio.

Los buscó con sus compañeras por las calles y por las casas, llevando junto con la ayuda material la presencia de Jesús entre ella y sus compañeras, para que sintieran la cercanía de Dios confirmada por la Providencia. En poco tiempo, a su alrededor se formó una comunidad de 500 personas que tenían un solo corazón solo y una sola alma, como los primeros cristianos. Compartían con alegría cuanto poseían, con una forma de dar y de recibir en la que, incluso en aquellos difíciles momentos, todos eran hermanos e iguales.

Cuando los compañeros de su hermano le preguntaron el secreto de aquel éxito social, Chiara les respondió que bastaba abrir los corazones con la llave del amor gratuito, el de Jesús Abandonado en la Cruz; así se podía llegar hasta los últimos confines de la tierra.

Cuando Igino Giordani en 1949 le propuso hacer un voto de obediencia, le convenció para que en lugar de eso le pidiera junto a ella a Jesús Eucaristía que les uniera en un pacto de amor recíproco. De aquel pacto nacieron para ella algunas iluminaciones particulares, el llamado Paraíso del 49. En la “Fábula Florecida en el Sendero Foco” de aquellos tiempos ella terminaba con una profecía: así en la tierra como en el cielo.

Aquel era el sueño de Igino Giordani: un camino de santidad para quienes trabajan en la sociedad, que ella dibujó en medio del dolor por la represión de la revolución de 1954 en Hungría: laicos que se harían santos viviendo como todos en familia, en el trabajo y en la sociedad, los Voluntarios de Dios que con su vida cambiarían la sociedad.

Después, en 1961, admirando desde lo alto la ciudadela benedictina de Einsiedeln en Suiza, comprendió que debía construir ciudadelas en las que cada día se viviera su carisma, con iglesia, escuela, casas para familias y fábricas.

En los años de la protesta juvenil, se dió cuenta de que su movimiento debía ofrecer un testimonio a cuerpo también en la sociedad y en 1983 lanzó el Movimiento Humanidad Nueva. Al año siguiente, en el congreso “Economía y Trabajo en una visión cristiana” ella afirmó contra toda la lógica del mundo: “Buscad primero el reino de Dios y su justicia y todas estas cosas se os darán por añadidura (Mt 6,33)". Para resolver los problemas de la economía y del trabajo era necesario vivir el “dad y se os dará” del Evangelio.

De aquel congreso nación el “Buró Internacional de Economía y Trabajo”, punto de reflexión para estudiosos, estudiantes y operadores económicos, en diálogo con la cultura contemporánea para la búsqueda de una economía más humana.

Al Buró Chiara le pidió también que encontrara los recursos necesarios para las obras sociales del movimiento. A este fin nació la asociación “Acción por un Mundo Unido", como interlocutor con las instituciones públicas y privadas para financiar el desarrollo de las obras sociales inspiradas por el carisma. Gracias a ellas en 1987 el Buró obtuvo el estatus consultivo ante el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, que le daba voz en ese prestigioso ámbito internacional.

Después de la caída del muro de Berlín el mundo se puso eufórico: el consumismo llevaría el bienestar a todas partes. En cambio Chiara, viendo cómo el consumismo cambiaba los valores de occidente recibidos del Evangelio, en 1990 quiso ofrecerse junto con sus compañeros de Nueva York para que cayeran también los “muros” que impedían la gloria de Dios.

En 1991 Chiara llegó a Brasil después de leer la encíclica Centesimus Annus, que entre los derechos de las personas, subrayaba el de propiedad y el de iniciativa privada, auspiciando una economía social que orientara la sociedad de mercado hacia el bien común. También había leído “Los nuevos protagonistas”, en donde se afirmaba que su movimiento estaba delineando una tercera vía entre el comunismo y el capitalismo.

Chiara llegó allí sobre todo con la certeza de disponer de una oración potente: ante los desequilibrios representados por los rascacielos y las faveals, a sabiendas de que podría ser considerada ingenua y que el mundo, que ya la conocía bien, podría reírse de ella, les pidió a sus amigos brasileños que pasaran a la acción y recogieran los recursos de los “pobres pero muchos”, para confiárselos a los “más expertos de entre nosotros” y crear nuevas empresas junto a las ciudadelas, para producir trabajo y recursos para sacar a los pobres de su condición y formar hombres nuevos.

A estos expertos emprendedores ella les pidió que lo dieran todo, lanzando una “vocación laica” específica, una vía para que se hicieran santos. Años después me di cuenta de lo segura que estaba de ello. En una entrevista en Estrasburgo, en la que yo estaba presente, me preguntó de repente delante del periodista: “¿verdad, Alberto, que te harás santo?”.

El responsable del Movimiento Humanidad Nueva, Tommaso Sorgi, recordando las palabras de Igino Giordani “no al comunismo, sí a la comunión”, llamó “Economía de Comunión en la Libertad” a la propuesta que se le hacía a un pueblo que ya había experimentado que la plenitud se alcanza en el amor recíproco y no en consumir o poseer.

Este pueblo definió la propuesta como “una bomba” y respondió inmediatamente, vendiendo pequeñas propiedades, ofreciendo los ahorros y desprendiéndose de objetos preciosos. Algunos dejaron sus ciudades y unos buenos puestos de trabajo para comenzar una actividad productiva al lado de las ciudadelas. Otros decidieron ampliar sus empresas únicamente para poder ofrecer más beneficios a la EdC.

Otros empresarios, cuyas empresas estaban lejos de las ciudadelas, se comprometieron a iniciar otra actividad en alguno de los parques empresariales. Recuerdo a los hermanos Muñoz, empresarios de Buenos Aires, con las botas sumergidas en el barro del polo Solidaridad, en medio de la pampa, mientras trataban, con una sonrisa, de poner en marcha una de sus actividades; aquella actividad no salió adelante, pero sus sonrisas están escritas en el cielo y valen más que muchos beneficios compartidos, como el collar que le dio Santa Catalina al pobre y que luego se transformó en brillantes.

Surgieron empresas que eran un reto incluso para empresarios experimentados y mucho más para quienes se lanzaron sin serlo. No les animaba la “lucha por la supervivencia” sino un compromiso por crecer juntos, incluso con los competidores, pasando por la puerta estrecha de una  gestión empresarial complicada por el deseo de comunión, viviendo el “desarme económico” con respecto a los proveedores y clientes, así como la legalidad incluso donde las leyes eran restrictivas.

Un desafío difícil de afrontar en solitario. Habitualmente la imagen que dan los empresarios es de ausencia de problemas para no comprometer el buen nombre de su empresa, pero en la nueva economía el discernimiento para seguir adelante se encuentra en la relación con el otro, en amar a la empresa del otro como a la propia.

La inauguración del segundo pabellón del polo Spartaco en Brasil fue un signo de hasta qué punto en la Economía de Comunión se unen el cielo y la tierra. Ginetta, la compañera de Chiara, responsable de Brasil, quiso inaugurarlo a pesar de que la empresa para la que se había construido había fracasado antes de nacer. Levantándose de la silla de ruedas en la que había venido, dijo con fuerza que aquel pabellón, que había sido construido por amor, seguiría existiendo en los cielos nuevos y en la tierra nueva. Al oír sus palabras, François, un empresario que había venido desde Francia solo para compartir su tecnología, tomó la decisión de abrir allí una de sus empresas.

Como François, que por esta empresa tuvo que sobrevolar el Atlántico treinta veces y que ahora está en el cielo, muchos otros se han hecho santos. Quiero recordar a Giovanni Pieri, Germano Masieri, Daniel Damonte, Enzo Cereghetti, Vito Nicolini, Roberto Tassano y Andrea Menini, que el año pasado estaba aquí en LoppianoLab,  uno de los 1.500 trabajadores del Consorcio Tassano que con su solidaridad aseguran un trabajo digno a muchas personas que de otro modo estarían marginadas.

Para cumplir el compromiso de vivir una nueva economía, durante estos años no han faltado actos de heroísmo. Como aquel empresario argentino que cerró su empresa y vendió su automóvil para pagar todas las deudas, después de haber renunciado al único contrato de suministros que hubiera podido firmar sin soborno, porque se dio cuenta de que su firma habría hecho cerrar a otra empresa que actuaba correctamente.

No hay que olvidar el heroísmo de los estudiantes que han tomado la EdC como tema para sus tesis de grado, a pesar de ser un tema de difícil comprensión en el mundo académico. Gracias a ellos y al trabajo de nuestros estudiosos, la Economía de Comunión está considerada hoy como una opción económica que se enseña en universidades de los cuatro continentes y ofrece a quienes actúan siguiendo sus principios la dignidad teórica que Chiara pidió en 1998, al lanzar el Movimiento Económico.

La acogida de la Economía de Comunión en el ámbito eclesial ha sido relevante. Muchos carismas antiguos y modernos la ven como un camino providencial para ordenar su acción económica en una sociedad secularizada. Hay obispos que piden que sea enseñada en sus diócesis. El Magisterio de la Iglesia hace alusión a ella en la encíclica "Caritas in Veritate” de Benedicto XVI.

Las enseñanzas de estos 20 años

Como conclusión de esta historia ¿qué hemos aprendido en estos veinte años?

Que el estudio de los bienes relacionales y de las relaciones entre economía y felicidad, confianza y gratuidad debe ir de la mano con el crecimiento de los parques empresariales, de las empresas que pongan en práctica estos principios y de escuelas y universidades que formen en ellos.

Que hay que utilizar todas las tecnologías y el mayor número posible de idiomas para difundir por todo el mundo la vida de la EdC. Actualmente el medio más válido es el portal en Internet, constantemente actualizado en seis idiomas, gracias al compromiso de decenas de traductores.

Que el diálogo con la cultura contemporánea puede comenzar con aquellos que trabajan en nuestra misma dirección, siempre que sea posible en las ciudadelas y en los parques empresariales. Para ello es necesario no sólo documentar el uso que se da a los beneficios, sino también contabilizar todos los beneficios efectivamente compartidos, no solo los que se envían físicamente sino también los que se gastan en las empresas para ayudar a los pobres, para mantener los puestos de trabajo temporalmente sobrantes o para dar trabajo a personas desfavorecidas, así como los destinado a favorecer la comunión en la zona, para preparar a los jóvenes al trabajo y formarles en este nuevo modo de actuar en economía.

Hemos aprendido que hay que seguir las valiosas inspiraciones de quienes comparten los beneficios; que se podrían también compartir las capacidades profesionales para que su utilización fuera más eficaz; que también son importantes los beneficios que se usa para que las empresas crezcan y puedan seguir creando puestos de trabajo y dando testimonio de la Economía de Comunión.

En los últimos años se ha comprobado con cada empresa si seguía estando en condiciones de mantener su adhesión a la EdC, incluso en el caso de relevo generacional y la mayoría de ellas han confirmado su participación. No han faltado dificultades en algunas empresas, a menudo asociadas con la soledad de los empresarios.

Para superar estas dificultades y apoyar el crecimiento de las empresas, las comisiones de la EdC de varias naciones han creado Asociaciones Nacionales que ofrecen las competencias profesionales y directivas necesarias para hacer frente a los problemas juntos. Además, gracias a una página web B2B creada por empresarios de los Estados Unidos, las empresas pueden ponerse en red a nivel mundial en un canal reservado en el que pueden ofrecer productos y servicios a todas las demás empresas EdC del mundo.

El compromiso presente

Hace veinte años, cuando Chiara lanzó el proyecto, muchos pensaron que era una utopía reservada para pequeñas actividades dirigidas por personas especiales. En el periodo triunfal de la economía liberal, no se sentía la necesidad de una economía nueva.

Pero el mundo ha cambiado y las tecnologías de la información y la disponibilidad de capital a bajo coste han inducido un generalizado y vigoroso desarrollo, que ha creado empleo para muchas personas, rescatándolas de la pobreza. Pero este desarrollo estaba drogado por unas finanzas sin normas, que ha producido pérdidas tan importantes que han puesto en peligro el funcionamiento del sistema. Para evitar la parálisis, los estados más afectados han tenido que endeudarse hasta ponerse en peligro de insolvencia. Mientras tanto, los pueblos jóvenes excluidos del desarrollo empujan en las fronteras buscando una vida más digna.

Tres años después de aquellos acontecimientos seguimos en plena crisis y nos damos cuenta de que sin un cambio decisivo de ruta pueden estar en peligro los bienes personales, el trabajo y un futuro pacífico para todos en el mundo. Hacen falta medidas urgentes, a nivel nacional e internacional, para que, superando el egoísmo del corto plazo, todos puedan contribuir en proporción a sus medios a fortalecer el sistema y a revitalizar el desarrollo hacia una economía más humana.

En concreto, hay que liberar al sistema político de su sujeción a las finanzas internacionales, imponiendo reglas que les hagan recuperar su valiosa función en orden al bien común, la captación de ahorro y su utilización en la economía productiva, así como potenciándolas en los países emergentes, donde la capitalización de las empresas es una limitación para la creación de nuevos puestos de trabajo.

En este contexto, la conciencia de que hemos recibido un don para todos no nos permite quedarnos mirando por la ventana; debemos ofrecer nuestra contribución como operadores y estudiosos de una economía fraterna a los encargados de elaborar nuevas normas jurídicas, fiscales y financieras.

En la asamblea de finales de mayo en Brasil se elaboró un documento que fue leído por jóvenes de todos los continentes a los 1.600 participantes en el acto de celebración del 201 aniversario en la sla Memorial de América Latina de Sao Paulo.

Este documento contiene propuestas orientadas a una mayor comunión mundial de bienes y a una mayor valoración del trabajo como instrumento de realización de la persona, para orientar a las naciones hacia una economía fraterna, que se exprese también en un estilo de consumo sobrio y crítico, respetuoso con los recursos del planeta y las aspiraciones de los seres humanos por una igualdad sustancial, la realización personal y el uso responsable de la riqueza.

Este documento fue llevado el pasado mes de junio a un congreso sobre ética y economía en el Vaticano y será llevado también a las Naciones Unidas. Hoy lo leeremos aquí y os invitamos a compartirlo con las organizaciones de la sociedad civil, sobre todo con las juveniles.

Hace doce años un ilustre estudioso laico, después de que Chiara presentara la EdC en Estrasburgo, le confesó que su propuesta era difícil de llevar a la práctica pero era la única posible para un futuro sostenible.

Hoy para todo este desarrollo sería preciosa la sabiduría de Chiara, a quien Dios confió el carisma. Pero hoy en el mundo, si sabemos amarnos recíprocamente hasta dar la vida los unos por los otros, Chiara somos nosotros.

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