Testimonios de empresas: Unitrat, de Bari

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Testimonios de empresas: Unitrat, de Bari

Intervención de Franco Caradonna

Polo Lionello Bonfanti , 17 de septiembre de 2011

110915-18_LoppianoLab_14_Caradonna_ridSoy administrador de UNITRAT S.R.L, una empresa que nació en 1976 y en la que actualmente trabajan 25 empleados, con una facturación anual de unos 2 millones de euros. En los últimos dos años los ingresos se han reducido en un 50% a causa de la crisis que padece nuestro sector.

Nuestro trabajo consiste en someter piezas mecánicas a un proceso termoquímico que transforma su estructura interna, potenciando las características mecánicas necesarias para su uso. Se utiliza en los más diversos sectores mecánicos: automoción, aeronáutico, maquinaria de movimiento de tierras, maquinaria agrícola y para transporte industrial…

Tenemos unos 600 clientes en un radio de 500 km. La relación con los clientes no se ha limitado al trabajo, sino que también les hemos facilitado, cuando ha sido necesario, nuestra experiencia en el sector del acero y en mecanización. Esto ha contribuido al nacimiento y desarrollo de muchas empresas que hoy producen piezas que antes se importaban del extranjero.

Gracias a esto, Puglia se ha convertido en estos años en la capital europea de la fabricación de demoledores hidráulicos y en la primera región italiana en la construcción de moldes para la producción de elaborados de cemento, así como en el sector de la construcción de maquinaria de perforación.

Estudié, comencé a trabajar y me casé en Turín, ciudad a la que vine cuando era niño con mi familia desde Puglia, mi tierra de origen. Después de varias experiencias como trabajador por cuenta ajena, decidí con otros seis amigos lanzarme a una aventura más grande, poniendo en común los ahorros, la capacidad profesional, las ideas y el tiempo libre. Puesto que algunos de nosotros veníamos del sur, decidimos montar la empresa entre nuestra gente, cerca de Bari.

Cuando en 1991 nació la economía de comunión, el proyecto propuesto por Chiara, sentimos que era una confirmación de nuestra experiencia y esto nos dio nuevo empuje para seguir adelante. Las dificultades que encontramos muchas veces están relacionadas con la falta de infraestructuras, pero también con una “pobreza sociocultural” que tiene raíces profundas, vinculadas a la falta de relaciones y a un estilo de vida hecho de opciones poco atentas al bien común, que inciden en la participación y en la responsabilidad.

40 años de intentos de industrialización no han permitido el mantenimiento y desarrollo de las empresas. Así, muchas veces se ha distribuido una riqueza no producida, creando la ilusión de que se puede vivir trabajando poco y consumiendo los recursos destinados al futuro de nuestros jóvenes. Por eso, durante los últimos seis años, se han desplazado a las regiones del norte unos 800.000 jóvenes, como hicieron nuestros padres hace 50 años y el desempleo juvenil ha alcanzado aquí picos del 50%.

A pesar de las dificultades, en estos años hemos tratado de construir relaciones de gratuidad. Las relaciones interpersonales, problemáticas al principio, fueron dando paso a relaciones de confianza, amistad y reciprocidad, tanto con los empleados como con los clientes, proveedores, competidores e instituciones. Un ejemplo de esto es una experiencia que nos tocó vivir:

El propietario de una empresa proveedora nuestra tuvo un infarto, lo que provocó serios problemas económicos para su supervivencia. Nosotros, en lugar de buscar otro proveedor, como hubiera sido prudente, seguimos comprándole a él, adelantándole los pagos para que pudiera pagar los salarios y las deudas más urgentes. Su asesor le abandonó y un colaborador nuestro se ofreció para reconstruir y actualizar los asientos atrasados. Pero no consiguió evitar la quiebra. Contratamos a dos de sus empleados y ayudamos a un tercero a ponerse por su cuenta. Salimos de esta operación sin pérdidas, ya que aceptamos la sugerencia del propietario de comprar su maquinaria a precio de tasación. Vendimos algunas máquinas y recuperamos algo más de lo que pagamos por ellas.

Cuando un competidor nuestro, que opera en otra zona, tuvo dificultades, le ofrecí gratuitamente mi ayuda, pensando en los puestos de trabajo que se perderían en caso de quiebra y en el importante papel que desempeñaba en una zona donde las empresas escasean. Este tenía necesidad imperiosa de trabajo, así que propuse a mi clientes de la zona que desviaran una parte de nuestros pedidos a su empresa, garantizándoles un buen resultado, y aceptaron la propuesta. Así se ha desarrollado durante estos años una colaboración, en la que hemos compartido experiencias técnicas y relaciones sobre la dirección de las empresas.

Cuando un violento incendio afectó a las instalaciones de una de nuestras secciones, seguimos creyendo que “todo lo que nos sucede es para nuestro bien”. Y efectivamente de este acontecimiento surgió una competición de solidaridad por parte de empleados, clientes y proveedores. En los dos meses necesarios para reparar las instalaciones, se hicieron cargo de nuestros trabajos dos empresas que estaban a muchos cientos de kilómetros de distancia, que renunciaron a una parte de sus ganancias para que pudiéramos recuperar el coste de transporte.

Cuando un agricultor, cliente nuestro, que construye maquinaria agrícola, manifestó dudas acerca del plazo y del coste de transporte, le sugerimos que se dirigiera a un competidor más cercano a su lugar de trabajo y le aseguramos que le daríamos todas las indicaciones necesarias para realizar bien el trabajo. Quedó maravillado y muy contento. Dos días después nos trajo 1.500 kilos de sandías, que repartimos entre todos los empleados.

Uno de nuestros clientes, a finales de 2010, estimulado por los incentivos de su región para la realización de nuevas inversiones, decidió hacer por su cuenta unos trabajos que nosotros le realizábamos desde hacía años. Algunos meses después, careciendo de una preparación específica y de una experiencia suficiente, nos comunicó las dificultades que tenía para poner en marcha esta maquinaria. Nos pusimos a su disposición para ayudarle y le facilitamos todo el apoyo necesario para que pudiera realizar bien el trabajo. A continuación decidió que siguiéramos haciéndole los trabajos más difíciles.

A mediados de los años 90 hubo una grave crisis a causa de la guerra del Golfo. El trabajo se redujo mucho. Después de un periodo de suspensión temporal de los contratos tuvimos que decidir si despedir a la quinta parte de los empleados u optar por un contrato de solidaridad que preveía una reducción de las horas de trabajo, con una contribución estatal por el 50% de las horas no trabajadas. De común acuerdo se eligió esta solución, que comportaba una reducción salarial del 20%. No fue posible aplicar la reducción del horario a todos, ya que 7 empleados ocupaban puestos de responsabilidad; pero la idea de que no participáramos todos de los mismos sacrificios no nos dejaba tranquilos. Así que los siete decidimos libremente repartir el 6% de nuestro sueldo según las necesidades familiares de todos, en base al número de hijos y a si las esposas tenían otro trabajo. Este acuerdo, único en Puglia, se estableció con el acuerdo de la autoridad laboral y del sindicato.

Ahora, después de dos años de suspensión temporal de los contratos, hemos suscrito un contrato de solidaridad que afecta a todos los empleados, que complementa el porcentaje de horas no trabajadas en base al 80% del propio salario, mejorando la contribución estatal que considera una paga estándar de 800 euros mensuales.

Convencidos de que los resultados no dependen solo de las inversiones sino sobre todo de las personas que trabajan, siempre hemos tratado de involucrar a todos los empleados en la colaboración y en la participación accionarial, así como en la distribución extracontractual de una parte de los beneficios, la parte no destinada a los fines de la EdC.

A comienzos de los años 2000 ayudamos a crear una cooperativa social para minusválidos, tomando como referencia la nueva ley 68 de 1999, que enfocaba por primera vez el problema de los minusválidos no desde la obligación sino desde la colocación. Esta cooperativa nació con 15 socios, algunos de ellos minusválidos que pensaron en crear un trabajo orientado a las necesidades de la zona. Nuestra empresa ayudó a la cooperativa a desarrollar un taller de producción, involucrando a algunos clientes que manifestaron su disponibilidad para subcontratar algunos trabajos.

Ahora, diez años después, esta cooperativa con muchas dificultades y sacrificios, ha crecido y se ha convertido en una realidad importante para la zona. Las autoridades provinciales han cedido durante 25 años un terreno de 1.000 m2 y la Banca Etica ha financiado el proyecto. La estructura en la actualidad opera con un centro socio-sanitario con 30 minusválidos y se están terminando los trabajos para una comunidad de rehabilitación social para 20 personas.

Hemos firmado un convenio entre unas diez empresas y el ayuntamiento de Bari para incluir en nuestras empresas a menores en riesgo. Organizamos prácticas para estudiantes de los cursos superiores dentro de las empresas y hemos creado premios de grado y becas para estudiantes universitarios del Politécnico.

Estos días tenemos entre nosotros a un estudiante de ingeniería. Su novia ha encontrado trabajo en Padua y él nos ha pedido ganar un poco de experiencia preparando con nosotros una tesis que le ayudará a entrar con más facilidad en el mundo del trabajo y así poder reunirse con ella.

La Conferencia Episcopal de Puglia de 2008 propuso, en una zona donde las relaciones en el mundo de la economía están muy debilitadas, el renacimiento de la UCID, una asociación católica en la que participan empresarios, directivos, profesionales y autónomos. El año pasado me encargaron la responsabilidad de la creación de la nueva asociación en nuestra ciudad.

Esto también ha sido fruto de las relaciones construidas juntos en estos años, como una familia unida por el objetivo de seguir difundiendo la cultura del bien común.

Este año, como UCID-Puglia, hemos contribuido a la preparación del Curso de Economía Civil, en el que han participado 50 jóvenes de nuestra región y que se desarrollará durante todo el año en 4 fases, la primera de las cuales ha tenido lugar del 31 de agosto al 4 de septiembre.

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