El "mini-sínodo" EdC

El “mini-sínodo” EdC

Benedetto Gui
publicado en "Economía de Comunión - una nueva cultura"  n.28 - diciembre 2008

La EdC está en un momento de cambio. Después de 17 años el primer entusiasmo ya no basta. Se necesita una adhesión más madura, capaz de no desalentarse por los fracasos o los retrasos, sino de poner con perseverancia las bases de esa economía encaminada hacia la fraternidad y al mismo tiempo sostenible y vital, que la profecía de Chiara Lubich ha dejado entrever.

Al dar cuenta del encuentro anual de los responsables de la EdC, n28_pag._19_benedetto_gui.jpgcelebrado enCastelgandolfo del 23 al 26 de octubre pasado, esta parece la mejor clave interpretativa. Para caracterizar las finalidades de diálogo y de relanzamiento del proyecto EdC alguien ha hablado de “mini-sínodo”. Hicieron de “padres (y madres) sinodales” los miembros de las comisiones locales europeas, con una significativa presencia de los demás continentes, en total algo más de 150 personas.

Hablar de diálogo es, como nunca, apropiado. El programa de trabajo ha girado en buena parte en torno a la discusión de un borrador del reglamento de la EdC que podría ser aprobado con ocasión del 20º aniversario del proyecto que se celebrará en Brasil en el 2.011, junto a la versión actualizada de las “Líneas para Conducir una Empresa de EdC” (un borrador provisional de las Líneas reelaborado durante el Congreso Internacional EdC de noviembre 2007 se muestra en este número). Además de la diversidad de ideas, ha surgido también la riqueza de la experiencia realizada hasta ahora, que resulta siempre la cosa más preciosa y vital para comunicar.

Diálogo ha habido también sobre el nuevo censo, que todos han visto como una nueva oportunidad de relación entre las comisiones zonales y los empresarios. Se ha visto cómo algunos de ellos deseaban reavivar un contacto que tal vez con el transcurso del tiempo había disminuido; otros sentían el impulso de renovar el compromiso asumido inmediatamente después del lanzamiento del proyecto, y otros llegaban a la conclusión de que no podían  adherirse como empresa, al no estar otros socios de acuerdo, pero en muchos casos expresaban el deseo de seguir participando a título personal.

El censo no se basa en el envío de un formulario, sino que requiere encontrar el tiempo y el momento adecuado para mantener coloquios en profundidad, a menudo con la presencia de al menos dos miembros de la comisión. Por eso, una sola comisión local, hasta ahora, ha logrado completarlo. El dato numérico obtenido es que de 39 empresas que se habían adherido y habían participado efectivamente en alguna medida, son 26 las que tienen intención de continuar y que al mismo tiempo tienen las condiciones para hacerlo en modo coherente con el proyecto.

Un aspecto que ha salido a la luz casi por doquier en los contactos con las empresas es la distribución silenciosa de utilidades que muchas de ellas hacen, por ejemplo manteniendo en el trabajo a operarios no plenamente productivos que difícilmente encontrarían otra ocupación o sosteniendo financieramente varias iniciativas de solidaridad. Por ello de muchas partes ha venido el pedido de hacer visible todo esto en las estadísticas del proyecto a través de alguna forma de “balance social”.

Otra nota significativa es que hay muchos empresarios que personalmente intentan seguir el ideal de vida trazado por Chiara Lubich pero nunca han expresado la intención de adherirse a la propuesta EdC, aún conociéndola. ¿Será porque consideran que la propuesta es demasiado exigente, o tal vez en algún caso malinterpretada, o quizá mal presentada? Un compromiso que se ha dado entonces para este año a una comisión italiana es el de establecer una relación continuada con estos empresarios, compartiendo y poniendo en valor de algún modo cuanto ellos ya hacen en la línea de la EdC.

Más de uno ha subrayado la oportunidad, y al mismo tiempo la fecundidad, de abrir cada vez más el proyecto a nuevos sujetos. Entre estos hay grupos y asociaciones de empresarios pertenecientes a varias iglesias o movimientos espirituales, en particular en Francia y en Alemania (aquí sobre todo después de los dos encuentros ecuménicos de Stuttgart)
Entre las tareas que las comisiones locales han asumido para el futuro inmediato, hay dos que merecen al menos una alusión. La primera consiste en continuar con la experiencia de las escuelas de formación, que se han revelado preciosas para cultivar la identidad del proyecto y para asegurar una continuidad de contacto entre los participantes en el proyecto EdC; a tal fin parece muy útil la regularidad y la convocatoria por adelantado que se ha instaurado por ejemplo en Argentina.

El segundo compromiso es la instalación o el desarrollo de los polos productivos, que ofrecen no sólo una oportunidad única de hacer visible la EdC en el exterior, sino también condiciones particularmente favorables para una realización fiel del proyecto incluso en sus aspectos más comprometidos, como la puesta en común de gran parte de las utilidades y la experimentación de nuevas formas de organización y de gobierno.

En la sesión final las intervenciones a tribuna libre de bastantes de los participantes han dejado entrever, junto a la alegría y a la gratitud por la fraternidad vivida en esos días, la profundidad en la adhesión al ideal de una economía de comunión y la seriedad de su determinación para hacerla realidad.  La principal nota positiva del encuentro, observó alguien, es precisamente que la EdC puede contar con personas como estas (y muchas otras esparcidas por el mundo), capaces de creer y de proseguir en su compromiso sin esperar órdenes de alguien y sin detenerse frente a las inevitables dificultades.

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