Pequeño manual de defensa personal/1

Primera parte de un "pequeño manual de auto-ayuda" para entender un poco mejor la especulación que tanto daño ha hecho en Italia. Una cuestión grave que nos afecta a todos

Pequeño manual de defensa personal/1

por Vittorio Pelligra

publicado en cittanuova.it el 12/07/2011

1.  Dos ejemplos
 
Giochi_in_borsa_ridSolo en la última semana los principales bancos italianos han quemado unos 16.000 millones de euros. En la Bolsa, UniCredit ha perdido el 20%, Intesa Sanpaolo el 13,5%, Ubi Banca el 10%, por citar solo algunos ejemplos. ¿De qué se ocupan estos bancos? ¡De nuestro dinero! Casi al mismo tiempo, el tipo de interés para los títulos del Estado Italiano ha alcanzado los niveles más altos desde la introducción del euro. Con ello nuestra deuda pública ha aumentado todavía más: de 15.000 a 17.000 millones más cada año por cada punto porcentual. ¿De quién es ese dinero? ¡Nuestro!

Dos ejemplos de la más rigurosa actualidad, simplemente para entender que la especulación financiera que, como ya sabemos, está detrás de estos acontecimientos, no es un fenómeno exótico que afecta a unos pocos expertos. Es una cuestión grave que nos afecta a todos. Esa es la razón de ser de este “pequeño manual” de auto-ayuda-mutua sobre la especulación.
 
2. ¿Qué es la especulación financiera?
 
Una especulación es una especie de apuesta. Si estamos convencidos de que una empresa está, por poner un ejemplo, infravalorada, compramos sus acciones con la esperanza de que este valor aumente en el futuro, siempre que tengamos la posibilidad de volver a vender las acciones a un precio más alto. Nuestra ganancia será la diferencia entre el precio de venta y el precio de compra. Análogamente nos comportamos si pensamos que la empresa está sobrevalorada. En este caso la especulación tiene una función estabilizadora porque alinea los valores de mercado con los fundamentales económicos.
 
Lo que ocurre estos días es un poco distinto. Se ha observado un aumento anormal de la cantidad de “ventas al descubierto” de acciones de empresas italianas. Es decir, lo que ocurre es que alguien, generalmente alguien con mucho dinero, apuesta por la reducción del valor de determinadas acciones. Para hacerlo, toma en préstamo cierta cantidad de esas acciones y las vende inmediatamente, antes aún de tomar posesión de ellas. De esta forma ingresa ya hoy una cierta cantidad vinculada al precio actual de esas acciones. Si mañana el valor de esas acciones empieza a disminuir, el especulador, que ya ha vendido las acciones aun sin poseerlas, deberá pagar al vendedor original un precio menor que el obtenido con la venta de ayer. Así es como se obtienen ganancias muchas veces enormes. Decíamos que se trata de una especie de apuesta porque mientras en una apuesta auténtica, quien apuesta no puede influir en el resultado del evento sobre el que se apuesta, en una especulación si tú vendes acciones apostando a la baja, ya estás reduciendo directamente su valor.
 
Pero los verdaderos problemas son otros.
El primero de ellos es que las ganancias así obtenidas, muchas veces no nacen de un proceso de producción de riqueza, como sería de desear, sino a través de la destrucción del valor de una empresa. El segundo problema es que el ataque especulativo no sólo “toma nota” de la debilidad de una empresa o incluso de un Estado, sino que la alimenta, acentuándola y en muchas ocasiones convirtiéndola en irreversible. Hay un tercer problema: a la vista de que los intereses en juego son muy altos, la tentación de jugar sucio es igualmente fuerte. La especulación prospera donde hay conflicto de intereses, por ejemplo entre políticos y empresarios o entre agencias de calificación e inversores, donde hay tráfico de informaciones reservadas y donde los lobbies son tan poderosos como para influir en las decisiones de quienes deberían regular y controlar el funcionamiento de los mercados. El caso de los últimos años de la administración Bush es, desde este punto de vista, un caso de estudio.

3. ¿Cómo se origina la especulación? ¿Quién gana con ella?

Especular significa etimológicamente estar de centinela (specula). Eso es literalmente lo que hacen los especuladores que, activos a cualquier hora del día o de la noche, escrutan los mercados globales a la búsqueda de oportunidades de beneficio. Las oportunidades de beneficio son múltiples y pueden derivarse de una imperfección del mercado, de una empresa infravalorada o de la inestabilidad política de un Estado, por ejemplo. Una vez identificado el objetivo, que habitualmente emite señales que se puede descodificar fácilmente, como “aquí estoy, estoy débil e indefenso, esperemos que no haya moros en la costa”, los depredadores llegan en masa. Siempre van en grupo, porque solos podrían no tener fuerza suficiente para debilitar aún más a su presa. Es importante señalar que esto ocurriría aun suponiendo que todos los operadores económicos fueran siempre racionales. Pero sabemos que no es así y que además del cálculo económico deberíamos tener en cuenta lo que Keynes llamaba “animal spirits” [estados de ánimo], que no hacen otra cosa que agravar la situación produciendo oleadas de euforia y después ciega imitación, para terminar en el pánico. Para lo único que sirven es para amplificar los efectos negativos (para todos menos para los especuladores) de la especulación.

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