En el riesgo, una oportunidad



La “perla” para el empresario del proyecto Economía de Comunión

En el riesgo, una oportunidad

por Vittorio Pelligra

Publicado en: Città nuova n.12/2010 del 25 de junio de 2010

perle«El reino de los cielos es semejante a un mercader que va en busca de perlas preciosas; cuando encuentra una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra »

Es cierto que ese mercader que vende todo lo que tiene para compra una perla preciosa somos todos nosotros, pero en una interpretación más restrictiva, que me gusta mucho, es el modelo del empresario auténtico, que en el riesgo ve una oportunidad y no un coste paralizador.

En la parábola de la perla, a diferencia de otra parecida, la del “tesoro escondido en el campo”, se subraya la idea de la “búsqueda diligente”. Mientras que el tesoro se encuentra casi por casualidad, la perla se encuentra como fruto de una búsqueda activa y de la capacidad del mercader de reconocer en ese objeto algo que los demás no habían visto.

Es el empresario que se las ingenia y arriesga por un bien mayor, que no es solo el beneficio sino también el trabajo que crea, el bienestar que impulsa y la calidad de vida de sus clientes. Estoy pensando concretamente en los empresarios sociales o en los del proyecto Economía de Comunión, personas apasionadas, dedicadas, que ponen al servicio de los demás sus talentos para contribuir al bien colectivo y a la promoción de la calidad de vida de sus comunidades. Una empresa tradicional tiene una finalidad económica, el beneficio, pero solo puede alcanzarlo sometiéndose a vínculos de naturaleza social, como el respeto a las leyes, al medio ambiente, a los trabajadores y así sucesivamente. Las empresas sociales o las de la EdC, en cambio, tienen una finalidad pública, el bienestar de la comunidad, que sólo se puede alcanzar si se consigue respetar un vínculo de naturaleza económica, que es el beneficio. Si una emrpesa, aunque sea social, no da beneficios, es expulsada del mercado. Así pues, en todas las empresas debe haber beneficios y socialidad, pero mientras que en las empresas tradicionales el objetivo es el primero y el vínculo es lo segundo, en las empresas sociales el objetivo es social y el beneficio es sólo un indicador, importante, de éxito económico.

Un último aspecto: la perla no es un bien individual, sino que es sobre todo un bien “relacional”, el valor que hoy es tan necesario; es una sociedad más justa. Todo esto no es un tesoro que se encuentra por casualidad, enterrado en un campo, sino que es algo que hay que construir juntos con esfuerzo y voluntad. La perla es lo que el empresario social compra con su dinero para poderla compartir con quienes están a su lado. La perla es un fruto de la gratuidad.

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