Basta ya de armar la guerra

Comentario - El mal que alimentamos

de Luigino Bruni

publicado en Avvenire el 17/11/2015

Siria LapresseFo 48406984 300 ridEn las guerras siempre han combatido muchos inocentes, pobres y jóvenes, enviados a la muerte por unos cuantos ricos, poderosos y culpables. Así estos últimos eludían morir en unas guerras que ellos mismos buscaban y alimentaban con sus intereses. Esta antigua y profunda verdad es hoy menos evidente pero no menos cierta. Realmente estamos dentro de una guerra mundial, distinta de las guerras del siglo XX pero no menos trágica. Una guerra que no se sabe bien cuándo y dónde comenzó, ni cuándo, dónde y cómo terminará. Es una guerra líquida en una sociedad líquida. Los intereses en juego son (casi) invisibles. No sabemos bien quién quiere la guerra, quién gana con ella, quién no quiere que se acabe.

Esta incapacidad para entender, que se da en todas las guerras complejas, es especialmente fuerte en esta guerra. Pero no por eso debemos renunciar al esfuerzo de pensar y luchar contra las tesis falsas e ideológicas que nos están inundando desde el día siguiente a la masacre de París.

Hay una tesis muy popular que pone a la religión, especialmente a la supuesta naturaleza intrínsecamente violenta del Islam, como la principal razón de esta guerra, si no la única. Es una tesis tan extendida como equivocada. Es cierto que el Corán es ambivalente con respecto a la violencia. Tiene pasajes en los que invita a la guerra santa. Pero también tiene una versión del fratricidio entre Caín y Abel que habla de no violencia con más fuerza incluso que la Biblia judeocristiana. En el relato del Corán los dos hermanos se hablan en el campo. Abel intuye que Caín está levantando su mano contra él para matarle y le dice: «Aunque uses tu mano para matarme, yo no usaré mi mano para matarte a ti» (El sagrado Corán, al-Ma’idah: Sura 5,28). Abel es presentado como el primer no violento de la historia, que muere para no convertirse en un asesino. Esto también está en el Corán. Como en la Biblia están los benjaminitas, la hija de Jefté, las páginas en las que se alaba a Dios porque estrella contra las rocas las cabezas de los hijos de los enemigos, el Señor de los ejércitos, o Jesús cuando dice que ha venido a traer “la espada y no la paz” (Mateo 10). Los libros sagrados de las religiones se escribieron en épocas en las que la guerra era parte corriente de la vida (“En un tiempo en el que los reyes solían ir a la guerra”, 2 Samuel, 11). Al mismo tiempo, las grandes religiones (el Islam es una de ellas) han desarrollado una literatura sapiencial (sirva de ejemplo toda la tradición Sufi) que ha realizado lecturas simbólicas y alegóricas también de las páginas más duras y arcaicas. En algunas épocas, de las páginas más luminosas del Corán emanaba una luz tal que oscurecía los pasajes más tenebrosos. En otras épocas, los párrafos violentos fueron instrumentalizados por los que, en nombre de la religión, simplemente buscaban poder y dinero. Hoy el Islam vive una época difícil. Sectas fundamentalistas utilizan pasajes del Corán para captar jóvenes, víctimas y verdugos de un loco sueño-pesadilla en el que han caído. Son presas en la trampa del cazador de ‘mártires’ a los que usa para fines en los que el Corán es simplemente el cebo. Para combatir este mal que hoy anida en el corazón del Islam y lo está minando desde dentro, es necesario reforzar las defensas inmunitarias para mantener el organismo, que en su conjunto está sano pero sufre. El cuerpo mismo debe expulsar con mayor decisión el virus que ha recibido, resistir contra las células enloquecidas que lo están debilitando infligiéndole mucho dolor. Pero todos los que aman la vida deben ayudar al Islam a conseguirlo. En la era de la globalización no puede lograrlo solo.

Al mismo tiempo, no debemos ser tan ingenuos como para olvidar que en esta guerra hay en juego aspectos económicos de una magnitud enorme. No es casualidad que los terroristas belgas de París vengan de la ciudad más pobre de Bélgica, con una tasa de paro juvenil cercana al 50%. La primera guerra del Golfo en 1991 ciertamente no tuvo su origen en la prevención del fundamentalismo.

En estos meses se habla mucho de las armas que alimentan esta guerra. Hay que seguir hablando de ellas, porque son un elemento decisivo. Precisamente hace pocos días en Cagliari se embarcaban con destino a Siria misiles fabricados y vendidos por empresas italianas. Francia, junto a Italia, es uno de los mayores exportadores de armas de guerra a los países árabes, a pesar de que en nuestro país hay una ley de 1990 que prohíbe la venta de armas a países en guerra. Los mismos políticos que lloran, tal vez con corazón sincero, y declaran una guerra sin cuartel al terrorismo, no hacen nada para reducir la exportación de armas y defienden estas industrias nacionales que mueven grandes cuotas del PIB y cientos de miles de puestos de trabajo. Una moratoria internacional seria que impusiera una prohibición absoluta de venta de armas a países en guerra ciertamente no supondría el fin del califato, el ISIS y el terrorismo, pero sería un movimiento decisivo en la dirección correcta. No se puede alimentar el mal que se quiere combatir. Nosotros lo estamos haciendo desde hace años. No nos damos cuenta hasta que algunas esquirlas de esas guerras entran en nuestras casas y matan a nuestros hijos. En realidad sabemos que mientras la economía y el beneficio sean las últimas palabras de las decisiones políticas, poderes tan fuertes que ninguna política consigue frenar, seguiremos llorando por el luto que contribuimos a provocar.

Hollande se ha equivocado al hablar de “venganza” al día siguiente de la masacre y al perpetrarla después el domingo bombardeando Siria, respondiendo a la sangre con más sangre. Esta no es más que la ley de Lamek, precedente de la misma ‘ley del talión’. La venganza no debe ser nunca la reacción de los pueblos cívicos, ni siquiera después de una de las noches más oscuras de la historia reciente de Europa. La derrota más grande sería el regreso de palabras como ‘venganza’ al léxico de nuestras democracias, que las eliminaron tras milenios de civilización, sangre y dolor.

Para terminar, debemos apoyar, seria y decididamente, a los que se atreven a defender la paz y el diálogo en estos tiempos tan difíciles. En primer lugar al papa Francisco, al que no podemos dejar sólo como única voz pidiendo la paz y la no-violencia. Si millones de nosotros gritáramos que la única respuesta a la muerte es la vida, y lo dijéramos junto a muchos musulmanes heridos y desgarrados como nosotros; si dijéramos ‘no’ a la producción y venta de armas a los que las usan para matarse y matarnos, entonces tal vez las palabras proféticas de Francisco tendrían más eco. Podrían incluso ser tan fuertes como para mover los bajos intereses económicos que cada vez controlan y dominan más el mundo, las religiones y la vida.

Descarga el pdf pdf (47 KB)

Siguenos en:

Memoria Edc 2018

Memoria Edc 2018

La economía del dar

La economía del dar

Chiara Lubich

«A diferencia de la economía consumista, que se basa en la cultura del tener, la economía de comunión es la economía del dar...

Humor con Formy

Humor con Formy

¿Conoces a Formy, la mascota de la EdC?

Saber más...

El dado de la empresa

El dado de la empresa

La nueva revolución para la pequeña empresa.
¡Costrúyelo! ¡Léelo! ¡Vívelo! ¡Compártelo! ¡Experiméntalo!

El dado de la empresa también en español Descarga la App para Android

¿Quién está conectado?

Hay 379 invitados y ningún miembro en línea

© 2008 - 2019 Economia di Comunione (EdC) - Movimento dei Focolari
creative commons Questo/a opera è pubblicato sotto una Licenza Creative Commons . Progetto grafico: Marco Riccardi - edc@marcoriccardi.it

Please publish modules in offcanvas position.

Este sitio utiliza cookies técnicas, también de terceros, para permitir la exploración segura y eficiente de las páginas. Cerrando este banner, o continuando con la navegación, acepta nuestra modalidad para el uso de las cookies. En la página de la información extendida se encuentran especificadas las formas para negar la instalación de cualquier cookie.