El elefante en la cacharrería

Entender la crisis/3

El elefante en la cacharrería

de Alberto Ferrucci
publicado en Città Nuova N. 06/2009

La crisis no da tregua, a pesar de los 780.000 millones de dólares de Obama para la economía americana. Durante la reunión del G7 en Roma, el gobernador Mario Draghi es quien hizo la propuesta más concreta: que los bancos hagan públicos los títulos tóxicos que poseen, de forma que puedan separarse del resto de sus actividades. Con ello se podría reactivar el flujo de dinero entre bancos que hoy está bloqueado por la desconfianza recíproca, pero que la actividad productiva necesita.

Estos títulos habían llegado a los bancos como garantía de otras operaciones, ya que los consideraban fiables. Pero hoy muchos bancos tendrían que llevar sus libros al juzgado si se viesen obligados a vender estos títulos o a reflejarlos en su balance a un valor de mercado que se ha derrumbado por el temor a no poder recuperar su valor, en algunos casos más allá de su pérdida de valor real. Para evitar males mayores, se propone aislar estos títulos en un banco específico, llamado “bad bank”, banco malo.

Pero hasta ahora nadie mueve ficha, tal vez en espera de que se constituya el citado banco. Para desbloquear la situación sería oportuno aprobar leyes que impongan a los bancos una claridad absoluta en sus cuentas, con responsabilidad penal para sus ejecutivos, obligándoles a reflejar también las garantías y obligaciones de sus filiales.

También sería urgente superar el gigantesco conflicto de intereses que está en la base de todo este desastre y que se debe a las agencias privadas de rating, que se comportan como un elefante en medio de una cacharrería, aunque nadie parezca darse cuenta. Al igual que no se le da a un imputado la posibilidad de elegir a su juez o al igual que en las farmacias no se venden medicamentos no autorizados, tampoco debería estar permitido poner a la venta títulos certificados únicamente por agencias elegidas y pagadas por los mismos que los emiten; agencias como las que, tan solo unos días antes de la quiebra de Lehman Brothers, calificaron sus títulos con la doble A, una fiabilidad altísima.

La primera decisión del próximo G20 debería consistir en encargar al Fondo Monetario Internacional la certificación de todos los títulos que se negocian a nivel internacional. La segunda, crear un tribunal para crímenes económicos con poderes reconocidos internacionalmente.

Mientras tanto, habría que evitar las medidas proteccionistas. Con los problemas viene también la tentación de cerrarse cada uno en su madriguera a lamerse las heridas. Pero después de décadas de mercados abiertos y de comercio electrónico, todos tienen clientes y proveedores en todas partes.  Una economía fragmentada, cada uno cerrado en su propio ámbito, ya no es útil para nadie.

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