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Metano: medidas necesarias para reducir el efecto invernadero

El metano causa un efecto invernadero 57 veces mayor que el anhídrido carbónico. He aquí por qué es urgente reducir las emisiones anuales derivadas de la extracción de 3.000 millones de toneladas de gas natural y de la cría intensiva de animales.

Alberto Ferrucci

publicado en Città Nuova el 27/07/2021

Cuando se habla de emisiones de efecto invernadero, inmediatamente pensamos en el anhídrido carbónico CO2, que se libera cuando quemamos combustibles de origen mineral que la naturaleza confinó en el subsuelo hace millones de años. 

Pero existen otros gases con un efecto invernadero muy superior al del CO2: El Hexafluoruro de azufre (SF6) y el Trifluorometano (CHF3) producen un efecto invernadero 16.000 y 9.000 veces mayor. De forma semejante se comportan otros compuestos de fluoro con metano y etano, como los que se utilizaban antes como gases propulsores en los spray y en los ciclos frigoríficos, cuya producción se paralizó cuando se descubrió que eran responsables de la formación del agujero en la capa de ozono en la Antártida.

Pero no es igual de sencillo detener la emisión de gases, de menor impacto pero gran consumo, como el metano, principal compuesto del gas natural y producido también en cantidad en la fermentación biológica. Por desgracia su efecto invernadero es 57 veces el del anhídrido carbónico. Si a sus emisiones – al quemarse se transforma en CO2 – se les aplicara tal cual la Carbon Tax del CO2, esta ascendería a 57×55 = 3.135 euros por tonelada, ¡veinte veces su precio industrial!

El metano se libera a la atmósfera en las ciénagas. También son de metano las burbujas brillantes que los submarinistas ven ascender temblorosas desde el fondo marino. En las zonas árticas se libera metano debido a la disolución del permafrost formado hace milenios, que abre barrancos en la tundra y derriba edificios en las ciudades siberianas situadas más al norte.

Estas emisiones no son controlables. Pero es posible hacer mucho para reducir el metano que se libera por culpa nuestra en la extracción de 3.000 millones anuales de toneladas de gas natural, durante su transporte en los gaseoductos, a través de los compresores de las estaciones de relanzamiento y de las válvulas de seguridad, y en la red de distribución a nuestras casas, cuando abrimos el gas y no lo encendemos inmediatamente.

Después están las emisiones debidas al almacenamiento en depósitos subterráneos y, en los últimos años, a la licuefacción en los pozos de grandes cantidades de gas que posteriormente son transportadas en grandes barcos gaseros y en buena parte re-gasificadas en las zonas de consumo.

En los Estados Unidos, la administración Obama aprobó leyes muy severas para contener estas emisiones. La administración Trump las abolió y por fortuna la administración Biden las ha vuelto a poner en vigor. También Europa debería abordar este aspecto, dado que buena parte de su aprovisionamiento energético se realiza con gas natural transportado por gaseoducto desde Rusia, el Norte de Europa, el Norte de África y Azerbaiyán, así como mediante barcos gaseros desde las más diversas partes del mundo.

En los últimos años hemos asistido a una aceleración inesperada del cambio climático. Una de las causas podría ser el aumento en Estados Unidos y en Canadá de las extracciones de gas y petróleo mediante fracking, la fractura profunda de las rocas, en la que ciertamente no todo el metano liberado se recupera por el pozo de perforación, sino que una parte se libera a la superficie a través de las faldas freáticas.

Los perforadores sostenían que se trataba de cantidades despreciables. Ante el descubrimiento de su presencia en la atmósfera, afirmaron que se trataba de metano procedente de las granjas de animales, hasta que se comprobó que en la atmósfera también había etano, un gas que no se produce en la fermentación biológica. La carbon tax sobre el gas licuado y sobe el petróleo procedente del fracking debería ser mucho más alta, teniendo en cuenta no solo el CO2 producido sino también el metano emitido en la producción. Es deseable que Estados Unidos, Canadá, China y otros países que están valorando el uso de esta técnica eviten aumentar las perforaciones.

El impacto de las emisiones de metano a la atmósfera es verdaderamente considerable. Aunque las pérdidas derivadas de la utilización del gas natural se limitaran al 1% de los 3.000 millones de toneladas de gas consumido cada año, estas supondrían un efecto invernadero equivalente a 1.650 millones de toneladas de CO2.

En ese caso, el efecto invernadero conjunto, incluido el causado por su combustión, ascendería a 9.820 millones de toneladas de CO2: la carbon tax a aplicar por tonelada de gas sería de 180 euros, aproximadamente lo mismo que su precio industrial.

Otro sector del que Europa debe ocuparse con decisión es el las emisiones de metano de las granjas de cría intensiva de animales. Es necesario recuperar para la combustión como biogas la mayor parte del metano emitido por las granjas y por la fermentación de sus efluentes sólidos y líquidos. Aunque el metano sea incoloro e inodoro, es fácil reconocer sus pérdidas utilizando termo-cámaras de infrarrojos.

Es necesario repensar las granjas mismas de cría intensiva de ganado. Obligar a millones de animales a crecer en un continuo contacto innatural, engordándolos con enormes cantidades de cereales producidos destruyendo bosques, no es solo humanamente indigno, sino cada vez más peligroso, como nos recuerdan las pandemias de gripe aviar, SARS, SIDA y sobre todo los más de 4 millones de muertos de COVID 19. Semejante contacto multiplica las oportunidades de intercambio de virus entre animales, de multiplicación de sus mutaciones hasta el salto de especie, posible también por la presencia humana en las granjas y en el tratamiento posterior de las carnes. La naturaleza reacciona a nuestra violencia.

Credits foto: Metano AP Photo/Jerry McBride

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Idioma: ESPAÑOL

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