Faros culturales hacia los territorios de la pobreza

El papel de los parques empresariales abre maduras perspectivas al final de un año vivo y fecundo.

por Luigino Bruni

de Memoria EdC 2012-2013, en "Economía de Comunión - una cultura nueva" n.38 - diciembre 2013

Report 2012 2013 Luigino BruniEl año que termina ha sido uno de los más vivos, fructíferos y creativos de los 22 años de la EdC. El nacimiento en Italia de la Escuela de Economía Civil en el Polo Lionello y la puesta en marcha de la AIPEC son dos de los frutos más visibles. Al igual que el desarrollo de la EdC en Africa y la organización de cursos para jóvenes en varias partes del mundo. Debemos estar agradecidos, sobre todo a los animadores de comisiones, asociaciones y parques empresariales en el mundo, y a los empresarios, tanto a los que llevan años viviendo la comunión y donando los beneficios, como a los que están llegando atraídos por la profecía de Chiara Lubich. 

 Veo tres ámbitos en los que se concentran los retos del futuro próximo. El primero son los parques empresariales. Chiara Lubich los quiso expresamente en los primeros momentos de la EdC, así que constituyen un elemento esencial de su genoma. Hoy no siempre ni en todos los lugares está clara su vocación, que debería expresarse al mismo tiempo como un laboratorio innovador de una economía ‘nueva’, en la inclusión productiva de los ‘excluidos’, y en ‘faros culturales’ donde muchos puedan dirigirse como peregrinos en búsqueda de santuarios laicos.

Acabamos de empezar una nueva fase de reflexión y relanzamiento de los parques empresariales en la oikonomia de la EdC, pero aún estamos solo al comienzo. Los parques deberían multiplicarse (es importante el nacimiento del “Box” en Alemania) tanto en los países industrialmente más avanzados como en los del Sur del mundo.

Después está el gran tema de los pobres. La EdC nace de una mirada de Chiara Lubich sobre los pobres de una gran ciudad del mundo. Report 2012 2013 MoveliteSiempre han estado en el centro del corazón y de las acciones de estos años. Pero hoy la pobreza es un continente de mil rostros y no podemos limitar nuestra acción encaminada hacia el “no había entre ellos ningún necesitado” sólo a las pobrezas tradicionales (falta de comida, vivienda, medicinas, educación…) porque en muchos países hoy la pobreza adquiere la forma de falta de trabajo (sobre todo en los jóvenes), nuevas dependencias (pensemos en los juegos de azar y en el valor de la campaña Slot Mob en Italia), y mil soledades y faltas de “capitales espirituales” en las personas y en las comunidades, incluso en las opulentas. La EdC, sin abandonar las pobrezas de ayer y de siempre, debe cada vez más adentrarse en estos nuevos territorios.

Por último, la cultura. La EdC nace también (y tal vez sobre todo) como un gran movimiento cultural, porque propone todo un humanismo, que va más allá (incluyéndola) de la vida de las empresas y del ámbito estrictamente económico. Quien conozca la EdC debe conocer personas capaces de contar una historia distinta de la vida en común, de la política, del capitalismo. Debemos contar nuestra historia, que es una visión providencial, llena de esperanza y con capacidad para orientarnos hacia un presente y un futuro mejores.

Para que estos retos puedan ser superados y encaminarnos así hacia la gran EdC que Chiara nos mostró en 1991, debemos afrontarlos junto a muchos compañeros y compañeras de viaje. El carisma que anima la EdC es el de la unidad: la unidad se hace con los otros y para los otros. Cuando estamos con los otros y para los otros, muchas personas de buena voluntad que esperan una economía de comunión aprecian nuestra propuesta. Y la EdC gusta, crece y es cada vez más ella misma.

 

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