Brasil 2011

Eventos Internacionales

Image

20º aniversario de la EdC en Brasil, del 25 al 29 de mayo de 2011...

Los 20 años de la EdC en Brasil han sido un aniversario importante, no tanto para hacer balance del pasado, como sobre todo para mirar al futuro, a los siguientes 20 años de EdC, desde el 2011 hasta el 2031. En esta página queremos contaros dos importantes actos desarrollados para la ocación: la Asamblea Internacional de la EdC “Protagonistas de una nueva economía hoy” del 25 al 28 de mayo de 2011 - Mariápolis Ginetta (Vargem Grande Paulista) y el acto conclusivo del 29 de mayo de 2011 - Sala Memorial de América Latina (Sao Paulo) - La profecía se hace historia. 20 años de Economía de Comunión.

Aquí podréis encontrar todos los contenidos disponibles en edc-online.org: las encuestas, los textos de las intervenciones, los vídeos, los artículos…

El desafío de emprender en la EdC

Logo_Brasile_2011_rid2Panel 1 "Empresarios y empresas", 26 de mayo de 2011. Reproducimos el texto íntegro de la intervención de John Gallagher, Profesor de Administración de Empresas en la Universidad de Maryville, TN - USA

El desafío de emprender en la EdC

por John Gallagher

110526_Ginetta_Gallangher

Quisiera comenzar mi intervención sobre el futuro y la visión de la Economía de Comunión centrando antes que nada la atención en la figura del empresario. En cierto sentido, los retos de la EdC son los mismos retos que tiene que afrontar el empresario. El empresario ocupa un rol social único. En su nuevo y precioso libro, Thomas Masters y Amy Uelmen hablan de la vida de la espiritualidad de la unidad en los Estados Unidos.  En un determinado momento del mismo sugieren que “los miembros de los Focolares viven codo con codo con familiares, amigos y vecinos en las comunidades urbanas, suburbanas y rurales, inmersos en los desafíos de la vida diaria...".

Los empresarios de la Economía de Comunión, además de con los familiares, amigos y vecinos, tienen que vivir codo con codo con los empleados, los clientes, los proveedores, los consultores y los competidores, entre otros; todos ellos inmersos también en los desafíos de la vida diaria. El empresario asume voluntariamente una carga de responsabilidad que un no-empresario no tiene. Llegados a este punto, os pido que notéis que no se trata de un juicio cualitativo, sino de una simple constatación empírica. Esta observación no es en modo alguno para exaltar el papel del empresario ni para dar más importancia a las responsabilidades empresariales que a otro tipo de responsabilidades. Simplemente se trata de constatar que el empresario, en el acto mismo de poner en marcha una empresa y mantener una actividad comercial, asume también una responsabilidad muy concreta sobre un conjunto de relaciones muy especiales, gestionadas por las empresas.

Además, el empresario asume en primera persona la responsabilidad sobre todo lo relativo a la empresa. En mi opinión, esto sitúa al empresario en un crisol de formación que es distinto de otras formas y opciones de vida o vocaciones.

Como ya se ha dicho, estas relaciones comprenden a empleados, clientes, competidores, acreedores, inversores, consultores, familiares, amigos, la comunidad local, la comunidad más amplia y el Estado. El empresario asume también la responsabilidad con respecto a la empresa misma; por ello las decisiones debe tomarlas teniendo en cuenta tanto el futuro como la sostenibilidad de la propia empresa.

Esto es cierto para todas las iniciativas empresariales, en las que el empresario asume toda una serie de compromisos. Pero creo que en el caso de los empresarios de la EdC existen dos importantes implicaciones. En primer lugar, hay una larga tradición de sabiduría recibida y de experiencias prácticas sobre cómo ser un hombre de negocios “de éxito”, por así decir. Conocemos muy bien cómo funcionan los mecanismos de los negocios – las acciones y la financiación, para entendernos – y, en efecto, nuestras prácticas de negocios en el sistema económico global son parecidas entre sí y están extendidas por todo el mundo. Pero hay un problema muy real en el corazón de nuestras mejores empresas, en nuestra manera de concebirlas y dirigirlas: la cuestión de la instrumentalización que, a su vez, es una pregunta sobre el objetivo fundamental de la empresa. El punto de vista actualmente dominante es que el objetivo de la empresa es satisfacer a los accionistas. El efecto que esto produce es la instrumentalización de todos los aspectos de la empresa en función de los intereses de un grupo pequeños de personas que son los accionistas, a costa de la mayor parte de las personas. En los negocios, todo, pero en especial los empleados, los clientes, los proveedores y los competidores, se convierten en un medio para alcanzar los objetivos del accionista, que generalmente se caracterizan por la maximización del beneficio.

Esta visión del accionista se contrapone un poco a la del portador de interés [stakeholder], según la cual los fines de la empresa no son solamente los limitados intereses de los accionistas sino que incluyen también los intereses de una amplia gama de otros componentes o, dicho de otro modo, los de cualquiera que tenga interés en la empresa. Este último punto de vista, al menos, tiene la ventaja de considerar las legítimas exigencias y aspiraciones de todas las personas vinculadas a la empresa. Pero al final, esta visión de la empresa sigue siendo instrumental. Las personas siguen siendo medios para alcanzar otros fines.

La segunda implicación es que, aparte de la sabiduría recibida en cuanto a la teoría de gestión de una empresa, actualmente no existe gran interés por la fe y la espiritualidad en el puesto de trabajo. Este interés parece estar limitado a temas relacionados con la “libertad religiosa” en el mundo del trabajo, es decir, hasta qué punto una empresa debe tener en cuenta las distintas prácticas religiosas y las tradiciones de sus empleados, o si puede imponer determinados “valores religiosos” a sus empleados. Algunos sostienen que el lugar de trabajo debe ser rigurosamente laico, mientras que otros sostienen la existencia de beneficios tangibles derivados de los valores basados explícitamente en la fe en el lugar de trabajo. Pero el problema de esta corriente de pensamiento es que en casi todos los casos la libertad religiosa, los valores religiosos, la fe y la espiritualidad se ven como un sencillo instrumento finalizado al negocio. Es decir, la mayor parte de las veces, emerge la cuestión central de si la espiritualidad es capaz de hacer que el negocio sea más o menos eficaz, más o menos rentable.

Los empresarios de la Economía de Comunión no asumen todo un conjunto de responsabilidades con respecto a un grupo cada vez más amplio y extenso de personas, sino que asumen también la responsabilidad relativa a los retos que comporta la instrumentalización. Para un empresario de la EdC no son las personas las que deben servir a la empresa sino más bien es la empresa la que debe servir a las personas. En lugar de que la espiritualidad esté al servicio del negocio, es el negocio el que debe estar al servicio de la espiritualidad.

Estos retos constituyen el crisol de las empresas de la EdC. Para muchos empresarios de la EdC, sus prácticas comerciales,  sus decisiones y sus políticas, se forman precisamente dentro de este crisol que se va constituyendo a través de la experiencia, día a día. Muchas veces ocurre que el empresario de la EdC tiene que abordar preguntas, problemas, dificultades y situaciones en las que las respuestas no están fácilmente disponibles. La formación de los empresarios es un desafío para el futuro de la EdC, porque no basta simplemente con animar a las personas para que se conviertan en empresarios. Debemos aprender a vivir en este crisol.

Una parte importante de esta formación consiste en continuar el trabajo encaminado a desarrollar y mejorar las líneas maestras y las prácticas de gestión empresarial. Precisamente son estas líneas las que expresarán la sabiduría de la Economía de Comunión. Pero también aquí es necesario prestar mucha atención. De aquí nace la tarea de formar a los empresarios, porque el objetivo no es facilitar un conjunto de reglas estáticas que puedan aplicarse en situaciones concretas, sino contribuir al crecimiento continuo y al desarrollo de los empresarios. El objetivo no es desarrollar un conjunto de principios o directrices férreas que sustituyan a las decisiones que hay que tomar en el momento y que surgen de vivir bien el presente. No está bien sustituir una decisión tomada por amor en ese momento presente por otra decisión, que pueda parecer mejor sólo porque está dictada por una línea maestra.

El objetivo de las líneas maestras es mantener el diálogo con los desafíos del crisol. En Norteamérica, por lo menos, los propietarios de las empresas de la EdC ya saben que pueden y deben compartir sus experiencias hablando de las situaciones a las que tienen que enfrentarse cada día; todo ello con el objetivo de ver las cosas juntos en todo momento.

Por lo que se refiere a la visión del futuro, existen dos importantes implicaciones asociadas a la cuestión más amplia de la formación. La primera de estas implicaciones tiene que ver con la generación más joven, la próxima generación de empresarios de la EdC y la otra tiene que ver con la cuestión de la identidad de la EdC o, dicho de otro modo, ¿cuáles son las características distintivas de una empresa de la EdC? ¿qué significa “pertenecer” o “participar” según la visión de la Economía de Comunión?

En cuanto a la primera implicación, la generación más joven debe tomar parte en este diálogo sobre los próximos 20 años, en los cuales sin duda veremos la evolución de muchas de las actuales empresas de la EdC. ¿Qué les sucederá a estas sociedades? ¿Pasarán a manos de las generaciones siguientes? ¿De qué forma? Para mí, la cuestión de la sostenibilidad es un claro ejemplo de la existencia de desafíos particulares que gravitan sobre los empresarios de la EdC.

En cuanto a la segunda implicación, he tenido la oportunidad de participar en reuniones de la EdC donde se ha planteado y discutido la siguiente cuestión: cuáles son las características que hacen que una empresa sea de EdC. Aquí existen dos casos extremos. En primer lugar se podría considerar que una empresa es de EdC si el propietario – o el empresario – posee una vida de experiencia y de formación dentro de la espiritualidad de la unidad – en el Movimiento de los Focolares –, de tal modo que cuando este empresario, ya sea hombre o mujer, decide poner en marcha una empresa, lo que está poniendo en marcha no es otra cosa que una prolongación de su modo de vivir y afrontar la vida diaria.

Siguenos en:

Memoria Edc 2018

Memoria Edc 2018

La economía del dar

La economía del dar

Chiara Lubich

«A diferencia de la economía consumista, que se basa en la cultura del tener, la economía de comunión es la economía del dar...

Humor con Formy

Humor con Formy

¿Conoces a Formy, la mascota de la EdC?

Saber más...

El dado de la empresa

El dado de la empresa

La nueva revolución para la pequeña empresa.
¡Costrúyelo! ¡Léelo! ¡Vívelo! ¡Compártelo! ¡Experiméntalo!

El dado de la empresa también en español Descarga la App para Android

Seguici su:

¿Quién está conectado?

Hay 568 invitados y ningún miembro en línea

© 2008 - 2019 Economia di Comunione (EdC) - Movimento dei Focolari
creative commons Questo/a opera è pubblicato sotto una Licenza Creative Commons . Progetto grafico: Marco Riccardi - info@marcoriccardi.it

Este sitio utiliza cookies técnicas, también de terceros, para permitir la exploración segura y eficiente de las páginas. Cerrando este banner, o continuando con la navegación, acepta nuestra modalidad para el uso de las cookies. En la página de la información extendida se encuentran especificadas las formas para negar la instalación de cualquier cookie.