El hilo de oro de la EdC en Brasil en estos 20 años

Logo_Brasile_2011_rid2Transcribimos la intervención en la Asamblea Internacional de Ana Maria Nascimento, una de las primeras empresarias que acogió la invitación de Chiara Lubich en 1991, con la fundación de la Escuela Aurora

El hilo de oro de la EdC en Brasil en estos 20 años

por Ana Maria Nascimento

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Me gustaría que repasemos juntos brevemente las etapas, paso a paso, de la maravillosa historia del desarrollo de la EdC en Brasil. Esta historia refleja la idea que Chiara tuvo y que comunicó, precisamente en esta sala, en su discurso sobre la Economía de Comunión el día 29 de mayo de 1991.

Después de su discurso, que recibió el nombre de “la bomba” porque fue una explosión de esperanza contagiosa, Chiara pidió a las personas que estaban en la sala que manifestasen su opinión con respecto a lo que había dicho.

Cada uno de nosotros se sintió tocado profundamente y se lanzó a dar una contribución personal de las más variadas formas. Algunos empresarios se adhirieron  inmediatamente con las empresas que ya poseían; la comunión de bienes fue sorprendente: dinero, alhajas, terrenos, casas, disponibilidad de tiempo y de trabajo, disponibilidad para trasladarse, ofrecimiento de sus sufrimientos y de sus propias vidas.

Otras personas se propusieron crear nuevas empresas. Un grupo pensó en una empresa de confecciones, otro en una policlínica y ese mismo día un grupo de profesores se acercó a mí sugiriendo que construyéramos una escuela.

Pero, no es posible hablar de cómo se concretó todo esto sin mencionar una figura clave que fue Ginetta Calliari, probablemente quien mejor interpretó la propuesta de Chiara.

Desde el inicio, Ginetta se dedicó incansablemente a que el proyecto “tomara vuelo” y con su fe singular, nos estimuló a todos los que nos sumamos al proyecto;  nos contagió la certeza de que se trataba de un proyecto de Dios y no de los hombres, por lo que merecía la pena arriesgarlo todo.

En verdad, el terreno ya estaba abonado, porqué Ginetta lo había preparado durante muchos años, a través de su amor por el pueblo brasileño. Ella vio en la EdC una respuesta a las llagas de los problemas sociales que se viven aquí. Ella creyó en el proyecto y en cada uno de nosotros, nos impulsó y nos llevó a creer junto con ella.

Con el deseo de responder a Chiara con los hechos y no solo con palabras, se produjo una adhesión inmediata en los miembros internos: ricos y pobres, pequeños y grandes, provocando una eclosión de vida nueva, ideas y proyectos para poner en marcha.

Para concretar las palabras de Chiara: “Somos pequeños, pobres, pero muchos”, un grupo comenzó a estudiar la constitución de una sociedad por acciones en la cual todos pudiésemos participar, aún con un capital mínimo.

Hasta los niños organizaron varias actividades con el fin de recoger fondos, lo que les permitía ser protagonistas de este proyecto. Del mismo modo los más necesitados quisieron ofrecer su propia contribución, algunos con 50 centavos por mes o una gallina: era el óbolo de la viuda que atraía la bendición del Cielo.

Mientras se encontraba un terreno con “vocación” para el Polo, comenzaron a constituirse las nuevas empresas: “La Túnica”, La Escuela Aurora, la oficina de contabilidad “Comunión”, la Clínica Ágape, buscaban en la ciudad locales apropiados para iniciar sus actividades.

Cuando se adquirió el terreno para el Polo Industrial Spartaco, inmediatamente se construyó el primer pabellón para la primera empresa: “la Túnica”.

Hubo muchas iniciativas, a veces pequeñas, pero sustentadas y alentadas por la generosidad y por el empeño no exento de sacrificios de muchos miembros del Movimiento, además de la por audacia de aquellos que se sentían llamados personalmente a colaborar y a llevar adelante este proyecto.

Las palabras de Chiara nos marcaron profundamente:
“… o nuestro proyecto de Economía de Comunión despega, o podemos perder nuestra cita con la historia”

La historia del Polo y de las primeras empresas nos sigue sosteniendo profundamente hasta hoy como los cimientos del plan de Dios para la EdC.

Concluido el primer pabellón vimos la necesidad de proyectar el segundo. Sin embargo, necesitábamos un nuevo impulso económico por parte de toda la Obra.
En 1994, Chiara propuso nuevamente la realidad de la EdC, que tuvo la resonancia de una segunda explosión de la bomba, diciendo:
“(…) todos nosotros deberíamos hacer lo que está a nuestro alcance (…) Intuyo que a pesar de toda nuestra buena voluntad, esta actividad precisa un nuevo impulso para caminar bien, llena de esperanzas, cómo en la época en que nació.”

Sentimos la urgencia de aumentar el número de accionistas, asumiendo la responsabilidad de la construcción de la ciudad terrestre junto a la de la ciudad celeste. Recordemos algunos hechos:

Una noche lluviosa, volviendo para casa después de un día intenso de trabajo, en un determinado trecho de la calle, delante de un gran núcleo de favelas, el auto de Ercilia estaba parado a causa del tráfico. Veía las barracas bajo la lluvia… y una pregunta le perseguía: “Sí es verdad… has trabajado por la Economía de Comunión. Sin embargo tu trabajo en el banco te garantiza un buen salario, tienes una situación estable, segura… ¿Por qué esperar a jubilarte para darte por entero a la Economía de Comunión?”  Ercilia decidió dejar su puesto de trabajo como director de banco y con otras personas fundó una pequeña empresa de detergentes y productos de limpieza, ECO-AR, con la esperanza de trasladarse al parque empresarial.

Mientras tanto, en junio de 1995, Françoise Neveux, empresario francés e industrial, especializado en la fabricación de manufacturas de plástico, vino a un encuentro, dispuesto a ofrecer su tecnología y las patentes de sus productos. Durante la colocación de la medallita en el segundo pabellón del Polo no solo sintió el impulso de poner a disposición su tecnología y sus patentes, sino que decidió abrir una sucursal de su fábrica, exactamente en aquella construcción. Así nació “ROTOGINE”.

El proyecto siguió adelante. Fue necesario construir un tercer pabellón para acoger a ECO-AR. Era urgente consolidar el capital de ESPRI. Surgió una inspiración: encontrar durante el período de consolidación, entre todos los internos de la Obra en el Brasil, de 300 a 500 personas dispuestas a invertir una suma fija todos los meses. La propuesta tuvo una adhesión generosa, que permitió la construcción del tercer pabellón.

El Polo Spartaco se fue consolidando poco a poco. Hoy acoge a 7 empresas y cuenta con espacio para otras.
En estos años no todo ha sido fácil, ni todas las experiencias iniciadas han conseguido salir adelante. A pesar de todos los esfuerzos algunas empresas no continuaron… Otras empresas surgieron y los Polos se multiplicaron.
En 2003 se compró el terreno para construir el Polo Ginetta en Recife y en 2007 se inauguró el primer pabellón, gracias a la fuerza y al coraje de los primeros 113 accionistas, que ahora son 1110. Actualmente hay tres parques empresariales en Brasil: el Polo Spartaco, cerca de aquí, el Polo Ginetta en Recife y el Polo François Neveux en Belém. El número de empresas brasileñas adheridas al proyecto EdC supera las 100.

Hablando al respecto de estas experiencias, Gineta dijo:
“Después de todos estos años, podemos afirmar que la geografía de Dios no es la misma que la de los hombres, porque Dios, escogiendo a Brasil, conocía la trágica situación económica del país. Abrir empresas en un contexto social como el nuestro, donde miles de fábricas han cerrado por la crisis económica, es absurdo, va contra la lógica humana…
Más, esta “ciudad terrestre” que revela una Economía que desciende del Cielo, desde el corazón de la Trinidad, no puede tener en cuenta razonamientos humanos, porque Cristo quiere que vivamos de fe: “Todo es posible para aquellos que creen”. (Mc 9,23)

Al principio dije que junto con algunas profesoras abrimos una Escuela. Les cuento brevemente algunos puntos de nuestra experiencia:

Los primeros desafíos no tardaron en aparecer. Para conseguir el capital inicial, todas nos propusimos poner una cantidad mensual y cada una encontró la manera de hacerlo. Idione (que ya está en el Paraíso) durante algunos años estuvo dando clases por la mañana para sostener a su familia y por la tarde para ayudar a construir la Escuela. Otras donaron sus ahorros, porque querían ver “despegar” el proyecto, sin desear nada a cambio. La generosidad fue el sello de este período.

El grupo que inició la Escuela tenía una misión bien clara: por un lado construir una empresa de EdC, y por otro fundar una Escuela que fuera expresión del nombre que había recibido: Aurora, o sea, el surgimiento de algo nuevo en educación.

En estos veinte años de Escuela, pasamos por situaciones de crisis, pero también experimentamos muchas alegrías. Hemos asistido al nacimiento de una escuela nueva; nueva en las relaciones, nueva en la metodología pedagógica centrada en las personas y nueva en los resultados. Trabajar duro, con gran responsabilidad y con la certeza de que todo es siempre muy poco, muy pequeño delante de un proyecto tan grande, nos pone en la verdadera dimensión de lo que hacemos.

Hemos aprendido que las mejores decisiones son las tomadas con la garantía de Jesús en medio y que la relación construida es tal vez, nuestra mayor ganancia. Cada año, elaboramos y reelaboramos con los alumnos las reglas de convivencia de la Escuela. Este año para conmemorar nuestros 20 años, hemos hecho una gran revisión, con representantes elegidos de todas las aulas. Y nuevamente la regla de oro “Haz al otro lo que te gustaría que te hiciera a ti” fue elegida como la regla principal y en una gran asamblea de alumnos fueron aprobadas  las modificaciones realizadas. Siempre hemos tenido la convicción de que la educación no se limita a la escuela, sino que se extiende a toda la vida.

Preparamos todos los años una Muestra Cultural, donde esto se hace más visible. Todo se construye a partir del conocimiento y de la relación con el otro, que puede ser un colega, un profesor, un funcionario, un familiar o un visitante. La Muestra Cultural tiene la capacidad de desencadenar en la Escuela un aspecto importante de nuestro actuar: la cultura de la ayuda. En la última Muestra este aspecto se mostró de manera espectacular. Lo que más se oyó fue… “ ¿puedo ayudar?”

Celebrando con la EdC los primeros 20 años de la Escuela, hemos llegado a la conclusión de que lo que nos impulsa a continuar es la convicción de que el “socio oculto” siempre nos sostiene y que cada una de nosotras creer fuertemente en el proyecto de EdC y queremos mantener a toda costa el paso dado con Chiara.

Ahora tenemos un pequeño vídeo de 5 minutos, en el que se muestra la Escuela desde el punto de vista de dos ex alumnos que hoy están matriculados en la facultad de Cine/TV y Sonido.

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