Brasil 2011

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20º aniversario de la EdC en Brasil, del 25 al 29 de mayo de 2011...

Los 20 años de la EdC en Brasil han sido un aniversario importante, no tanto para hacer balance del pasado, como sobre todo para mirar al futuro, a los siguientes 20 años de EdC, desde el 2011 hasta el 2031. En esta página queremos contaros dos importantes actos desarrollados para la ocación: la Asamblea Internacional de la EdC “Protagonistas de una nueva economía hoy” del 25 al 28 de mayo de 2011 - Mariápolis Ginetta (Vargem Grande Paulista) y el acto conclusivo del 29 de mayo de 2011 - Sala Memorial de América Latina (Sao Paulo) - La profecía se hace historia. 20 años de Economía de Comunión.

Aquí podréis encontrar todos los contenidos disponibles en edc-online.org: las encuestas, los textos de las intervenciones, los vídeos, los artículos…

Estamos aquí, donde todo comenzó

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En la Mariápolis Ginetta de Sao Paulo, Luigino Bruni abre la Asamblea Internacional ante 650 participantes procedentes de 40 países. Publicamos el texto íntegro de su intervención.

Estamos aquí, donde todo comenzó

por Luigino Bruni

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Lo más importante de esta asamblea EdC 2011 es que estamos aquí reunidos, en gran número, en el lugar donde todo comenzó para la EdC, para decir juntos que la EdC está viva, y que juntos queremos comprometernos para que su profecía, la profecía de Chiara, se convierta cada vez más y mejor en historia. Nunca es banal ni obvio reunirse para celebrar algo que sigue vivo 20 años después de su inicio. Sin la fe, la esperanza y el amor de muchos de vosotros (y de muchos otros que no están aquí), quizás hoy, 20 años después, solo podríamos celebrar una profecía pero sin verla realizada en la historia.

En cambio hemos venido hasta aquí para contarnos, como los primeros apóstoles, los frutos que ha producido durante estos veinte años esta evangelización laica del mundo económico y social; para decir que la EdC está viva y queremos seguir creyendo en su profecía. Por ello queremos recoger nuevos retos y tratar de dar una respuesta a las preguntas abiertas, que son muchas.

Por eso la primera palabra que se me ocurre para inaugurar esta Asamblea es alegría, júbilo, fiesta, felicidad. Esta Asamblea es ante todo la fiesta de una comunidad, de un pueblo, que cree que es posible amar y servir a nuestra sociedad y a nuestra gente dando vida, en lo cotidiano, a una economía distinta y a empresas diferentes y que siente una vocación específica para ello.

Pero inmediatamente después de la palabra fiesta o juntamente con ella, viene una segunda palabra, que es responsabilidad. Estamos celebrando este vigésimo aniversario de la EdC en un momento especial de la economía y de la sociedad mundial que está tratando de salir (si es que sale) de la primera gran crisis de la globalización, una crisis sistémica, estructural, un primer “infarto” del sistema capitalista. Son muchos los mensajes que provienen de esta crisis. Uno de ellos, fuerte y claro, es que si bien la economía global crea enormes oportunidades para producir riqueza, produce también nuevos costos, uno de los cuales es una radical incertidumbre y fragilidad de los sistemas financieros y económicos, así como desequilibrios sociales más fuertes. Las crisis formarán parte estructural del sistema que estamos creando, serán la norma y no la excepción, puesto que ese es el precio que tenemos que pagar a la nueva economía. Además, la crisis como nueva condición ordinaria crea problemas éticos y de justicia, porque a menudo las consecuencias de las crisis las pagan los sectores sociales que no las provocan, que habitualmente son mucho más pobres.

Por este motivo, los temas de la justicia social y la comunión hoy en día son también directamente los temas dominantes en la nueva economía. No es casualidad que el Papa haya citado en la Caritas in Veritate a la EdC como un camino para la economía de hoy. En el mundo cada vez se tolera menos la desigualdad, dentro de las naciones y entre los países, como si el hombre  post-moderno, informado y global, después de la democracia política, hoy empezara a exigir seriamente también la democracia económica. Parece haberse dado cuenta, aunque tarde y con dificultad, que la democracia económica es parte esencial de la democracia política. Puesto que el mercado es un ámbito de la vida comunitaria regido por la regla de oro de la mutua ganancia, no logra asegurar la justicia distributiva. Es más, si no va acompañado por otros principios e instituciones co-esenciales (como el don), con el tiempo el mercado tiende a aumentar las desigualdades. Por una parte el mercado es el lugar de la libertad y de la creatividad, basado en talentos individuales y los talentos no están distribuidos de modo igual en la población. Por otra parte en la competición del mercado no todos partimos del mismo punto, y quienes más tienen hoy (recursos, instrucción, oportunidades…) tienden a tener todavía más  mañana.

Nuestra fiesta y nuestra alegría por estar aquí, debe inmediatamente abrirse a la responsabilidad que tenemos como depositarios de un carisma que tiene una palabra especial que decir también en el terreno de la vida económica y social. Debemos hacer nuestra parte ante el desafío epocal de nuestro sistema económico. Debemos recordar que la EdC siempre ha llevado en su ADN o en su chispa inspiradora, una dimensión global, de sistema. Cuando Chiara estaba aterrizando en San Pablo, tal como nos reveló Eli en una reciente entrevista que concedió a Antonella Ferrucci, debido a que su avión tuvo que sobrevolar la ciudad por tráfico aéreo, vio los rascacielos y la “corona de espinas” y sintió el impulso de hacer algo para cambiar el sistema de desarrollo, para buscar un camino nuevo que no fuese ni el capitalismo ni el comunismo. No sintió sólo el impulso de que las empresas fueran más éticas y los empresarios más generosos. Hoy, mientras miramos con agradecimiento y alegría al pasado y con la esperanza de los niños que todo lo esperan al futuro (2031), debemos mantener viva la conciencia de que para ser fieles a la vocación de la EdC, mientras trabajamos en nuestras empresas y en nuestros mundos, tenemos que esforzarnos cada vez más por sentir en nuestra carne los sufrimientos de nuestro tiempo, los “dolores de parto” de este sistema que quizás pueda dar vida a ese algo nuevo que muchos buscan y donde nosotros también debemos ser protagonistas, junto a muchos otros compañeros de viaje. Si no lo hacemos y limitamos nuestra acción a nuestras empresas y a nuestros pobres, no seremos fieles a la vocación de la EdC que ciertamente tiene como objetivo cambiar las empresas, pero como vía maestra para contribuir a cambiar el sistema económico y por lo tanto el mundo.

La tercera palabra es memoria, esa hermosa palabra bíblica que es uno de los fundamentos de nuestra historia. Cuando el pueblo de Israel vivía momentos fuertes, el punto de partida siempre era el recuerdo de que “éramos esclavos en Egipto” y “fuimos liberados y constituidos como Pueblo”, dentro una Alianza. Cuanto más duros eran los tiempos y más pruebas había que pasar, más fuerte era el recurso a la memoria, sobre todo a la memoria colectiva, porque daba y sigue dando sentido a la historia viva. Por lo tanto estar aquí hoy significa hacer memoria, recordar (volver-a-traer-al-corazón, como decía Chiara), que formamos parte de una historia sagrada y de una Alianza (siempre que llega un carisma a la tierra se renueva la alianza entre Dios y la humanidad y se entrevé la tierra prometida) por el bien común (es decir el de todos y cada uno, también el nuestro colectiva e individualmente). Significa recordar que también las pequeñas cosas que nos parece que llevamos adelante en la cotidianidad de nuestro trabajo, están dentro de esta historia de la salvación, dentro de esta alianza, son pasos que se dan hacia esa “tierra prometida” que el mundo de hoy espera.

Para hacerlo, deberíamos volver a aquel mes de mayo de 1991, sobre todo a las “preguntas” que surgieron en Chiara y en sus compañeros de viaje. Analizaremos con atención también las respuestas a dichas preguntas que se han dado a lo largo de estos primeros veinte años, pero sabiendo que las experiencias humanas, sobre todo las carismáticas, se mantienen vivas y fecundas en la medida en que mantienen vivas las preguntas y saben cambiar las respuestas concretas e históricas; cuando para ser fieles a las preguntas tienen el valor de cambiar las formas concretas e históricas en las que se concretan las respuestas que son inevitablemente contingentes y transitorias. Es por lo tanto muy  importante y necesario que aquí en la Mariápolis Ginetta/Araceli, todos juntos volvamos con honestidad e inteligencia a las preguntas fundamentales y originarias de la llamada ”bomba” de 1991 y que después afrontemos, con la misma inteligencia y seriedad, algunas de las dificultades que encuentra hoy la EdC, para cambiar, si es necesario, algunas formas de encarnar la EdC, si nos damos cuenta de que ya no están a la altura de los retos planteados por las preguntas de Chiara de 1991. Recordar es también volver-a-traer-al-corazón no sólo ideas, hechos e inspiraciones, sino también personas, rostros e historias de aquellos compañeros de viaje que han alcanzado la tierra prometida que nosotros debemos construir aquí en la historia. Para volver a escuchar, volver a comprender bien aquellas preguntas y así cambiar alguna de las respuestas, hemos venido aquí, a este lugar que en 1991 se llamaba Mariápolis Araceli y que después Chiara Lubich dedicó a Ginetta Calliari, una de las co-fundadoras de la EdC, sin cuya fe, heroica, quizás hoy no estaríamos aquí diciendo que la EdC está viva. En las experiencias que nacen de los Carismas, la geografía tiene el mismo valor que la historia. Los lugares pronuncian palabras de verdad y de vida. Para entender auténticamente el carisma de San Francisco, un franciscano antes o después debe visitar Asís y los lugares franciscanos, porque la iglesia de San Damián y La Verna explican el carisma tanto como el libro de “Las Florecillas”. Si alguien quiere conocer profundamente a Gandhi y la no violencia, debería ir a los lugares gandhianos. Por este motivo, hace ya varios años que decidimos celebrar aquí, en la Mariápolis y en Sao Paulo,  este encuentro, para dejarnos inspirar por los lugares, por el idioma, por el carácter brasileño y por la vocación espiritual y social de este pueblo, cuyo papel ha sido esencial antes, durante y después de ese mayo de 1991.

Hay una cuarta y última palabra, a la que me gustaría confiar esta introducción: es esperanza, una de las virtudes cardinales, en el sentido de que sin ella todas las demás virtudes no perduran. Sin esperar, creer y amar no hay proyecto que funcione ni de fruto. Hoy tenemos el deber, y también la alegría, de esperar, como antes y más que antes, en la fuerza humana, espiritual, social y económica del proyecto que nos ha sido confiado. Muchos de los que hoy estamos aquí hemos empezado la aventura con Chiara, algunos desde el primer lanzamiento en 1991. Otros llegaron después y conocieron la EdC a través del testimonio de otros. Si estamos todos aquí es porque somos co-fundadores de este proyecto, somos parte integrante del mismo y corresponsables de su éxito o de su fracaso. Chiara nos ha entregado una inspiración, un anhelo, una esperanza,  pero esperaba y espera que su inspiración se convierta en historia, gracias a los empresarios, economistas, trabajadores, investigadores, profesionales, consumidores, ahorradores, familias y ciudadanos que se sienten llamados desde dentro (esto significa “vocación”) a entregar su vida para que también el mundo de la economía sea más unido, justo y fraterno, un lugar de excelencia humana y espiritual. Por tal motivo la esperanza es una virtud que hemos de cultivar, alimentar y fortalecer, volviendo a elegirla en los momentos de prueba, cuando lo primero que se ve amenazado es precisamente la esperanza. Decir esperanza significa sobre todo decir jóvenes, que no son sólo el futuro, sino una forma distinta de ver el presente. Pensando sobre todo en los jóvenes, hemos incluido el 2031 en el logo, para que se sientan el hoy de la Edc y no el mañana, porque un Movimiento como el nuestro no puede existir sin jóvenes. Nos hubiera gustado dar más espacio a los jóvenes en el programa pero no lo hemos logrado. En todo caso, estarán presentes en algunos momentos cruciales y simbólicos de estos cinco días.

Con alegría, responsabilidad, memoria y esperanza empezamos estos días de fiesta y al mismo tiempo de intenso trabajo que culminarán con la jornada abierta del 29 de mayo en Sao Paulo, otro “lugar teóforo” de la EdC, que la Providencia ha querido que este año 2011 caiga precisamente en domingo. La hemos llamado “asamblea de la EdC” y no congreso ni conferencia porque, a diferencia de los congresos, la lógica de las intervenciones será el diálogo. No presentaremos documentos, temas o ponencias científicas, sino que por las mañanas propondremos temas de reflexión, pistas de camino; más largas y articuladas en los cuatro temas de la mañana, más breves en los paneles previstos para la segunda mañana. Son tres los paneles que hemos programado en torno a los tres pilares de la EdC: la empresa, la pobreza y la cultura. Los ponentes estarán llamados a la difícil tarea de no cerrar temas sino a abrirlos, donando al mismo tiempo el fruto de la vida y de la reflexión de estos primeros veinte años. Hemos previsto también experiencias, pero el objetivo que nos proponemos, que es también un reto, es no contraponer los “discursos (o las charlas) de los expertos” a las experiencias de vida, sino ofrecer experiencias que sean al mismo tiempo reflexiones y “buenas prácticas”, y que las palabras de los estudiosos nazcan de la vida y pongan voz a los hechos. Creo que uno de los puntos fundamentales de la EdC, que la hacen innovadora y fascinante es no haber separado nunca la teoría de la vida, la cultura de la experiencia, los empresarios de los investigadores, la economía de una reflexión amplia sobre la vida social.

Para terminar, un enorme gracias a todos los que en este año largo de preparación han trabajado dura y seriamente, sobre todo aquí en Brasil, y en las varias comisiones del mundo. Gracias a la Mariápolis que nos acoge, y un gran agradecimiento a todos vosotros por estar aquí con tantos sacrificios, algunos incluso heroicos. Finalmente gracias a Chiara, que creyó que también la economía se puede convertir en un lugar de excelencia humana y espiritual, inventando para nosotros la EdC. Que podamos experimentar días extraordinarios de vida, de luz, de conversión, para que todos volvamos a casa felices, responsables, agradecidos por lo recibido, desbordantes de nueva esperanza y más radicales. Para que esto ocurra es necesario el trabajo y el compromiso de todos y cada uno, así como una capacidad de escucha crítica y generosa al mismo tiempo. Sintámonos corresponsables y fundadores de la EdC, con la conciencia de que depende de todos y cada uno de nosotros que la EdC madure, crezca y sea fiel a su vocación. No dudemos de que, con la ayuda de Dios, lo lograremos.

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