José da Luz encontró a la Economía de Comunión de joven, cuando trabajaba en una gran cadena de supermercados de Minas Gerais. Hoy, a los 48 años, guía al holding Tríade Soluções Empresariais, que reúne tres empresas de impacto social.
Fuente: EdC Brasile
Nacido y crecido en Belo Horizonte, José da Luz siente que el emprendurismo corre por sus venas. Vive en el Jardim Teresópolis, la cuarta favela más grande de Minas Gerais. Hoy, a los 48 años, guía al holdingTríade Soluções Empresariais, que reúne a tres empresas de impacto social.
En la entrevista se vio con claridad su vocación por los negocios y, al mismo tiempo, por el cuidado de las personas. Una sinergia que él atribuye a su formación como docente, aunque lleve muchos años trabajando como director comercial. Está casado con la pedagoga Eliane, y juntos transmiten el amor por la educación a sus tres hijas: Ane, Carol e Isabele (estas últimas gemelas).
Vinculado al G10 Favelas, una organización que promueve y sostiene empresas de impacto social que nacieron en las comunidades, José afirma con convicción: “La fuerza más grande para liberar al pueblo es enseñarle a emprender, a abrir un negocio y a hacerse cargo de su propia vida”.
Su encuentro con la Economía de Comunión nos lleva a su juventud, cuando trabajaba en una gran cadena de supermercados de Minas Gerais y conoce a Ademir Procópio, miembro de la Economía de Comunión de Brasil. Aunque la empresa estaba guiada por un modelo de mercado tradicional, sus dirigentes estaban profundamente orientados hacia un propósito y fomentaban espacios de diálogo y espiritualidad. Fue en aquel ambiente que José entendió que una empresa cumple su misión cuando es capaz de ofrecer un servicio que genera amor por las personas y la comunidad.
“Todavía hoy, este es el objetivo número uno de mis empresas”.
La cultura de la comunión se expresa de muchas formas en la vida empresarial de José y de sus empresas. Uno de los proyectos desarrollados en el Jardim Teresópolis es una cooperativa de mujeres costureras formadas en el Sebrae, a las que José acompañó desde sus comienzos.
“Recogen los uniformes de trabajo usados por las grandes empresas y los transforman en artículos promocionales. Mi empresa de marketing digital apoya gratuitamente a esta cooperativa elaborando sus catálogos, para que pueda darse a conocer el trabajo que hacen”.
Ofrecer gratis productos o servicios a las personas en situación de vulnerabilidad social es uno de los requisitos concretos de una empresa de Economía de Comunión.
Otro episodio revela esa misma atención hacia las personas: “En una de nuestras empresas nos dimos cuenta de que una compañera estaba pasando por un momento difícil. Hicimos una comunión de bienes y pudimos apoyarla económicamente. Pero no es solamente responder a una necesidad material. La comunión la vivimos también donde nos paramos a hablar de la vida, de nuestra relación con el mundo y de cómo podemos ayudar a hacerlo mejor”.
Y agrega: “Nos gusta mejorar los resultados, nos gusta alcanzar los objetivos, pero por sobre todas las cosas, nos gustan las personas. Miro a cada persona como a un ser humano y no como a un mero número”.
En su trayectoria emprendedora no faltaron los momentos difíciles. En un principio llegó a tener socios y una red de sesenta empresas de matrículas de autos en Minas Gerais.
“¿Viste cuando hay una actividad que genera muchos ingresos y no te da ninguna satisfacción? El objetivo eran solo los beneficios. Disolví esa empresa por la Economía de Comunión, y hoy soy muy exigente al momento de elegir socios y colaboradores. Tienen que estar en sintonía con la EdC”.
Ante la pregunta sobre el futuro, José responde que quiere seguir dando lo mejor a su comunidad. Por eso, hace poco empezó con una nueva iniciativa empresarial. Consciente de que en las favelas se genera una enorme riqueza que termina generalmente en manos de empresas externas, creó una plataforma para establecer un contacto entre los habitantes y los comercios locales.
“Es como un Mercado Libre de la favela. Y todas las ganancias van a ser reinvertidas en la misma estructura del proyecto”.
Y concluye:
“Quiero que mis empresas ayuden a sanar la pobreza que existe, tanto de mentalidad como de recursos. Ese es mi deseo: reconocer y sanar las heridas de la comunidad”.