Miércoles, 01 de Abril de 2009 14:21
Escrito por Bruni Luigino
Bruni, Luigino
Editorial
¿Qué nos enseña la crisis económica?
en Nuova Umanità n.182, vol.XXXI, 2009/02
El deseo de poseer dinero y de acumular riqueza es una pasión fuerte en los seres humanos, similar al instinto sexual, al hambre o a la búsqueda del poder. Por esta razón las civilizaciones siempre han pensado que estas pasiones requerían educación e instituciones que supieran regularlas para, en la medida de lo posible, transformar y orientar estas pasiones "fuertes" en alguna forma de bien común.
La ética occidental pre-moderna, por ejemplo, ha visto con gran atención y preocupación el amor por el dinero, incluyendo la avaricia entre los pecados capitales. El avaro era considerado como un ememigo de la comunidad porque, al hacer del dinero un fin en sí mismo y no un medio para satisfaser sus necesidades, impedía que la riqueza circulara generando bien común. En cambio, al comerciante normalmente se le veía como constructor de la vida civil, ya que al hacer circular el dinero permitía que la riqueza no quedase quieta y estancada, sino que fuese puesta en movimiento entre los distintos componentes de la sociedad. Las culturas antiguas no condenaban el dinero en sí mismo, sino sólo cuando se transformaba de un medio en un fin.
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