E. de C. s.p.a.

http://www.edicspa.com
(en italiano)

Misión

La misión empresarial que se propone la E.diC. S.p.A. es la de constituir un polo empresarial, en Incisa in Val D’Arno, que se pondrá a disposición, con contratos de alquiler, de las empresas adherentes al proyecto de Economía de Comunión, que lo soliciten y presenten un programa de inicio de actividades.

Contemporáneamente E.di.C S.p.A. se propone desarrollar una actividad de prestación de servicios contables, administrativos, organizativos y de formación tanto para las empresas del polo como para la clientela externa al mismo.

Por otra parte, la actividad de formación que se desarrollará en varios sectores pondrá particular empeño en la difusión de los principios inspiradores de la Economía de Comunión, con el objetivo de ayudar a los empresarios, que se inspiran en ella, a superar las dificultades que se encuentran en la conducción de una empresa.

Por lo tanto actuará también como centro cultural, de formación y de asistencia para operadores económicos que adhieran a los principios arriba mencionados en la conducción de la empresa y en la distribución de las utilidades enunciados en el proyecto de “Economía de Comunión” del Movimiento de los Focolares.



Historia

El 13 de octubre de 2001 se formó la sociedad E.di S. S.p.A. que tiene como fin primario la constitución de un Polo empresarial a disposición de las empresas que adhieren al proyecto de Economía de Comunión.

Ya al nacer el proyecto, en Brasil, junto a una ciudadela del Movimiento de los Focolares, se vio la necesidad de crear un Polo empresarial, que le diera visibilidad a la Economía de Comunión e hiciera de vínculo para todas las empresas que adhirieriesen.

El Polo en Brasil es hoy una realidad, con seis empresas funcionando, ejemplo y modelo de una economía alternativa. Nacieron polos empresariales también en la Argentina, y otros se están formando en USA, Bélgica y Francia. Para la gestión del Polo Brasileño –tal como está sucediendo también en el italiano- se constituyó una sociedad por acciones de capital difuso (actualmente los accionistas son alrededor de 3000), que se ocupó de la adquisición de un terreno y de la construcción de galpones que cede en alquiler a empresas adherentes al proyecto de Economía de Comunión. El Polo brasileño es un pequeño modelo realizado de lo que se piensa construir también en Italia.

La idea de la realización de un polo italiano surgió en el curso de un congreso sobre Economía de Comunión, que tuvo lugar en abril de 2001, con la participación de alrededor de 700 empresarios y operadores económicos. Debido al interés suscitado por la propuesta se formó un grupo de expertos con la tarea de profundizar el proyecto.

El área elegida para la ubicación del polo se encuentra en Burchio, comuna de Incisa Valdarno. En ese terreno la EdC se propone construir a nuevo un complejo de edificios, distribuidos en lotes, con el fin de dar un local a empresas artesanales, comerciales de servicio y de producción. Por otra parte, en el mismo complejo se realizará una estructura integrada como sede de la sociedad para el desarrollo de servicios de estructura integrada de servicios de naturaleza logística, financiera y comercial.



Proyecto EdC

El proyecto de la EdC nace durante un viaje de Chiara Lubich a Brasil en 1991. Atravesando la ciudad de San Pablo advierte lo trágico del problema social en esas tierras, constatando que la misma comunión de bienes, que se practica en el Movimiento desde sus comienzos, ya no es suficiente para ayudar a los pobres. Propone entonces el nacimiento de empresas, en manos de personas que pongan en común libremente sus utilidades empresariales para tres finalidades: ayudar a los que pasan necesidades, formar a la “cultura del dar” y sostener la empresa.

Este proyecto asume el nombre de “Economía de Comunión”.

Con respecto a las empresas decía:

“A diferencia de la economía consumista,
basada en una cultura del tener,
la Economía de Comunión es la economía del dar.
Esto puede parecer difícil, arduo, heroico.
Pero no es tal, porque el hombre,
hecho a imagen de Dios, que es Amor,
encuentra la propia realización precisamente en el amar, en el dar.

...dar no significa solamente dar las utilidades o dar algo.
No es eso.
Se trata de ese dar que nosotros hemos aprendido
del Evangelio, que significa amar a todos.
Por lo tanto, la cultura del amar: amar también a los dependientes,
amar también a los competidores, amar también a los clientes,
amar también a los proveedores, amar a todos.
El estilo de vida empresarial tiene que ser completamente cambiado,
todo tiene que ser evangélico,
de lo contrario no tenemos economía de comunión”.

El “sueño” de entonces se está volviendo realidad: han nacido muchas empresas, no sólo en Brasil, sino en muchos países del mundo, como también empresas ya existentes han asumido como propio el proyecto, modificando el estilo de gestión empresarial y el destino de las utilidades. Actualmente hay 761 empresas que adhieren, en todo el mudo, y 250 están en Italia.

Cuando se lanzó este proyecto, también nosotros hemos adherido con radicalidad, fue como un verdadero estallido que cambió nuestra vida, una luz que iluminó y dio más sentido a nuestro trabajo, a nuestra economía. No descubrimos empresarios, no por nosotros, sino por un plan mucho más grande y comprendimos que podíamos ampliar nuestro horizonte a la humanidad entera.

Asumió un nuevo significado el dar trabajo a personas con dificultades, como puede ser una familia de prófugos integrada por los padres y seis hijos. Comprendimos el sentido de la atención que ponemos por producir respetando la naturaleza y el ambiente y también la nueva relación con los dependientes, interesándonos más por sus problemas y necesidades.
Otra consecuencia de nuestra adhesión fue el examinarnos y confrontarnos sobre cómo vivir el dar. El dar no ha sido fácil. Estábamos acostumbrado a pensar en reinvertir casi toda la utilidad en la empresa. Pero, sin dejar de tener en cuenta esta necesidad, hemos ido más allá de esta idea pensando en tantos pobres que podíamos ayudar.
Y también cuando, por distintas dificultades, no hubo ganancias, el sufrimiento por no poder hacerlo nos sirvió para descubrir todos los valores, también más profundos, de vivir esta economía nueva: las relaciones con las personas, la corrección profesional y ante las instituciones, la armonía de la empresa.



Polos industriales

En la ciudadela del Movimiento, en Brasil, esta invitación a concretar el proyecto de EdC fue asumido enseguida con entusiasmo y generosidad y así nació, a pocos kilómetros de distancia del lugar, un polo empresarial: el Polo Espartaco. A la sociedad por acciones que se constituyó para administrarlo adhieren hoy más de 3600 personas que, con radicalidad, han puesto a disposición sus ahorros, muchas veces muy modestos, dando vida así a un accionariado difuso. Al lanzar el Polo Espartaco, en Brasil, Chiara Lubich había exclamado: “somos pobres, pero muchos”, sugiriendo que se repartiera el capital en acciones de valor nominal modesto, al cual muchos pudieran acceder. El polo en Brasil es hoy una realidad, con seis empresas ya funcionando, ejemplo y modelo de una nueva economía. Han nacido, en estos últimos años, Polos empresariales también en Argentina y se están constituyendo en USA, Francia y Bélgica.

En abril de 2001, en Castelgandolfo, a diez años del lanzamiento del proyecto, tuvo lugar un seminario para operadores de la economía de comunión donde Chiara lanzó un nuevo desafío: hacer nacer también en Italia, junto a la ciudadela de Loppiano, un polo industrial al cual pudieran vincularse las empresas italianas que adhieren al proyecto. La propuesta fue recibida con gran entusiasmo y un pequeño grupo de expertos comenzó inmediatamente a hacer los estudios de factibilidad.

Se sugirió la constitución de una sociedad por acciones con miras a involucrar la mayor cantidad de personas reuniendo también aquí, en Italia, un accionariado difuso, por lo que el valor nominal de cada acción se fijó en 50 euros.

Al complejo que está surgiendo se lo llamó “Polo Lionello”, en recuerdo del focolarino Lionello Bonfanti, uno de los artífices de la construcción de la ciudadela de Loppiano, y en octubre se constituyó la EdiC S.p.A., un nombre que sentimos como una responsabilidad por la carga de idealidad que encierra: hacer visible la EdC.

En su estatuto se puntualizan los fines: la adquisición, el proyecto y la construcción de inmuebles, que se darán en alquiler a empresas que quieran establecerse; el estudio, la realización y la organización de instalaciones industriales, comerciales y de servicios y cursos de formación.

El art. 32 pone en evidencia la novedad del proyecto EdC. En efecto, para ser plenamente coherentes con los principios inspiradores se quiso establecer que el 30% de las utilidades se destine a un fondo para indigentes.

Los ecos en respuesta a la iniciativa fueron inmediatos y sorprendentes:

La Región Toscana aprobó una moción de sostén al polo empresarial de Loppiano. En el texto se pide a la junta regional que adhiera al proyecto como “laboratorio de una nueva economía” y lo incluya en los programas de desarrollo de la región como modelo que se puede proponer para la práctica de una nueva política de cooperación y desarrollo. También la Administración Comunal mostró gran interés dando todo el apoyo para que el corazón del proyecto establezca su sede en el municipio de Incisa in Val D’Arno.

La respuesta de los empresarios italianos fue inmediata y generosa, mostrando que el Polo ya es, aún antes de que esté realizado, un centro de atracción y de referencia, un faro de luz, para todas las empresas de EdC y también para el mundo económico.

En un encuentro, que tuvo lugar en Loppiano en febrero pasado, participaron más de 550 empresarios, operadores económicos y estudiantes de economía, y alrededor de veinte empresas manifestaron el deseo de poder establecerse en el Polo, mientras más de un centenar de expertos, profesionales y dirigentes de empresas se pusieron a disposición para colaborar en la realización de este proyecto.

Las empresas identificadas y dispuestas a transferirse al Polo, o a abrir una filial propia, comparten la Economía de Comunión. Se trata de empresarios llenos de ardor y con el impulso de verdaderos pioneros.

También muchísimas personas que se enteraron de esta iniciativa, adhirieron rápidamente declarando que, apenas sea posible iniciar la recolección de acciones, contribuirán para sentirse plenamente protagonistas por más que no sean empresarios. Se trata de personas de todo tipo: jóvenes y niños, obreros, jubilados, amas de casa y también empresarios que, aún compartiendo el proyecto y queriendo sostenerlo, no pueden transferir allí su propia actividad.

Sabemos que todo esto implica un gran compromiso, un gran esfuerzo, pero nos ayuda el pensar que no estamos trabajando tanto en una “buena inversión”, cuanto en la realización de una Obra de Dios.

Para atender a las necesidades de muchos, la intención es producir utilidades, pero querríamos subrayar la peculiaridad de otros bienes que la sociedad se propone generar: un conjunto de bienes menos visibles, difícilmente cuantificables, expresados por la calidad y estilo de vida, por las relaciones de amor dentro de las empresas, entre las empresas y fuera de ellas, bienes que presuponen un gran ideal. Por eso, la inserción en la ciudadela de Loppiano es una ayuda, un sostén, es la fuente que genera ese “suplemento de alma” necesario.

Nos encontramos todavía en los comienzos, pero estamos seguros de que este proyecto, por la adhesión de muchos, se realizará.



El Polo Lionello

La idea de la realización de un Polo italiano surgió en el curso de un congreso sobre Economía de Comunión, que tuvo lugar en Castelgandolfo (Roma) en abril de 2001, con la participación de alrededor de 700 empresarios y operadores económicos.

Respondiendo al interés suscitado por esa propuesta se constituyó un grupo de expertos, con la tarea de profundizar el proyecto.

Ya en el mes de junio, en un encuentro entre los responsables del Movimiento de los Focolares de las zonas italianas y algunos miembros de las comisiones de Economía de Comunión se analizaron los argumentos referidos a la forma jurídica de la iniciativa, las líneas guía a las cuales se tendrá que adecuar la iniciativa, la ubicación, que deberá ser en las cercanías de la ciudadela de Movimiento de los Focolares en Loppiano (Incisa in Valdarno – FI); en el curso de este mismo encuentro se decidió también darle al futuro Polo el nombre de Lionello Bonfanti, en honor de uno de los artífices de la construcción de la ciudadela de Loppiano.