

A diferencia de la economía consumista,
basada en una cultura del tener,
la economía de comunión es
la economía del dar.
Esto puede parecer difícil, arduo, heroico.
Pero no es tal porque el hombre
hecho a imagen de Dios, que es Amor,
encuentra la propia realización
precisamente en el amar, en el dar.
Esta exigencia
está en lo profundo de su ser,
más allá de que sea creyente o no.
Y justamente en esta constatación,
corroborada por nuestra experiencia,
se basa la esperanza de una difusión
universal de la economía de comunión.
(Rocca di Papa, 10 de noviembre de 1991)