
La economía civil y el principio de gratuidad
Luigino Bruni
Revista NUOVA UMANITÁ
XXVV (2003/2) 146, pp. 163-174
BREVE RESUMEN 1
por Martín Fiuza
Experimento en jardines de infantes
Situación 1:
En 1998, en Haifa, por 4 meses se realizó un experimento en 10 jardines de infantes.
Los padres llegaban tarde a retirar a los chicos y las maestras debían quedarse después de horario para no dejarlos solos.
Por consejo de economistas, se decidió introducir una multa sobre la base de la teoría económica que ve la multa como un aumento del “precio de la flexibilidad”, buscando reducir el número de retrasos.
Resultado:
La introducción de la multa, lejos de obtener el efecto deseado, hizo aumentar los retrasos en un 40%.
Explicación:
Inicialmente los padres razonaban en esta lógica: “Las maestras, hasta las 16:00 hs. hacen el trabajo normal por el cual son retribuidas. Si me retraso, ellas me esperan y no dejan a mi hijo, sobre la base de otro principio: la gratuidad. Este comportamiento me induce una respuesta basada, no en la lógica del intercambio de mercado, sino en la gratuidad. Entonces, trato de llegar puntual”.
Los padres sabían que el jardín funcionaba gracias a un “plus” de gratuidad de las maestras que no “mercantilizaban” los minutos no cubiertos en su contrato. La obligación moral de no instrumentalizar y aprovechar la gratuidad, llevaba a los padres a invertir recursos para llegar puntuales al colegio.
Con la multa, los padres pensaron que el jardín podía funcionar también sin el “plus” de gratuidad y consideraron la multa como un precio, como el nacimiento de un mercado donde antes había un mecanismo distinto.
Conclusiones:
Un vez que nació el “mercado de los retrasos”, los padres empezaron a hacer sus cálculos en términos de costos y beneficios económicos. El contrato reemplazó la gratuidad.
Situación 2:
Seguidamente, cuando los directivos vieron que, con la introducción de la multa, las cosas no mejoraban sino todo lo contrario, se decidió quitarla.
Resultado:
La media de los retrasos no disminuyó y se mantuvo en los valores de la semana en que se aplicaba la multa.
Conclusiones:
Un vez que la gratuidad es reemplazada por el contrato, queda el contrato por siempre: “una vez que una relación se vuelve mercancía, queda mercancía por siempre”.
Por lo tanto, si el mercado no protege el principio de gratuidad crea las premisas de su propio fin, como puso en luz el filósofo Martín Hollis (1998) en su “paradoja de la confianza” 2.
Conclusiones generales:
1. La gratuidad no tiene buenos sustitutos: igual conclusión se desprende de la búsqueda del sociólogo Titmuss sobre las donaciones de sangre (son de mejor calidad en Inglaterra donde son voluntarias, que en EE.UU. donde se basa en el sistema de mercado y la sangre es pagada por las empresas for profit).
2. La gratuidad funciona mejor en muchos “servicios relacionales”: no es sólo más humana, es también más eficiente.
3. No puede hacerse crecer la oferta (de trabajo) mediante incentivos de mercado, sino con formas que sean coherentes con el principio de gratuidad. Estudios demuestran que, mientras un trabajador voluntario al que se le paga por cada trabajo no hace nada más gratis, si se le dan “dones” monetarios cada tanto, no sólo no se desplaza la gratuidad sino que se la refuerza (Frey, 2002).
Esto implica que reivindicar la autonomía del principio de gratuidad no significa ver el mercado, el contrato o el dinero como de por sí destructivos de la gratuidad: si está bien administrado, un incentivo monetario puede reforzar (en lugar de desplazar) las motivaciones intrínsecas.
¿Qué tiene de particular la llamada “economía social” 3?
El principio de gratuidad. Valorado también en términos competitivos y de eficiencia.
Gratuidad que no busca transformar el contrato y que no puede ser desplazada, con igual o mejor eficiencia, por contratos sofisticados.
Por esto, la economía social, protege y potencia la gratuidad.
¿Cómo hacer para proteger y potenciar la gratuidad?
• Valorizando a los trabajadores voluntarios: que bajo varias formas y modalidades, son un componente esencial de la empresa social.
• Dando puestos en la actividad normal de la empresa a sujetos en desventaja: como recursos y no como únicamente vínculos (insertarlos en la actividad y no asistirlos).
• Buscando seguir siendo “social” aun siendo cada vez más “empresa”: desarrollando una “cultura empresaria de la gratuidad”, que debe impregnar toda la visión de la empresa.
La no distribución de utilidades, ¿es una buena muestra de gratuidad?
Considerar la no distribución de utilidades como elemento típico de la empresa social es, por una parte, muy exigente y por otro lado, demasiado poco.
Experiencias como la EdC, la Banca Ética y otras basadas en la gratuidad no podrían ser consideradas empresas sociales.
Por otro lado, pueden no distribuirse utilidades, pero permitirse miles de formas de repartir beneficios.
La cultura empresarial de gratuidad debe traducirse en procesos de buenas prácticas, en una “gestión de gratuidad” que invierta en ella en la cotidianeidad de la empresa.
¿Cuál es la relación entre gratuidad y altruismo?
La cultura de la gratuidad no debe confundirse con altruismo, con filantropía y menos con asistencialismo.
Gratuidad no significa ser más “buenos” o altruistas de otros, sino es una forma de interés sabio, sostenible, que parte de la conciencia de que no se puede ser felices solos y que no es posible hacer la propia felicidad sin hacer la de los otros.
Pero ¿es necesaria la gratuidad para que funcione el mercado “normal”?
Sí. Por ejemplo: ninguno querría vivir en un mundo donde enfermeros, maestros, médicos u obreros se muevan sólo en los estrechos límites del contrato, donde cada acción es sólo la ejecución de una prestación prevista.
Yo quiero que el médico me cure no sólo porque sigue un contrato, sino también porque está genuinamente interesado en que me cure. Si este segundo elemento no estuviese, probablemente buscaría un médico que tenga este “plus” más allá del cumplimiento estricto del contrato para atenderme. Igualmente un maestro: aparte de lo que corresponde por su sueldo, como padre me gustaría que esté genuinamente interesado en el crecimiento de mi hijo.
Con esto se demuestra que también en los comportamientos de mercado se necesita un “plus” que el contrato no puede prever4.
¿Qué características tienen los bienes relacionales?
Son bienes que dependen de la motivación de quien los “produce”. Tienen un significado intrínseco y no instrumental.
La demanda de bienes relacionales crece con la riqueza, y con ella la demanda de ese “plus” de la gratuidad. Si los bienes se vuelven siempre menos objetivos y siempre más subjetivos y personalizados, entonces el “cómo” -la relación que se instaura entre los contratantes- es un factor crucial.
Sucede por lo tanto que, la relación humana genuina o no instrumental, se está volviendo el bien escaso en las economías avanzadas, que todos pedimos pero pocos saben, o pueden, ofrecer.
¿En qué consiste la “Paradoja de la confianza” planteada por Martin Hollis?
Este filósofo sostiene que el mercado, por su mismo funcionamiento, necesita de la confianza.
El extenderse de la lógica del mercado lleva consigo el extenderse de la racionalidad instrumental.
La lógica instrumental (aquella del contrato) avanza reduciendo los ámbitos de acción de la confianza genuina.
El extenderse del mercado lleva consigo, por lo tanto, la erosión de vínculos de confianza de los cuales ella misma depende.
De allí la exigencia, teórica y cultural, de apuntar a un mercado con “más dimensiones”.
¿Qué significa un mercado con “más dimensiones”?
Hoy existen dos concepciones sobre cuál debe ser la relación entre la esfera económica (mercado) y la esfera social (solidaridad) y, más en general, cuál es la naturaleza y las funciones del mercado.
De un lado están aquellos (llamados “neoliberales”) que ven en la extensión el mercado y de la eficiencia la solución a todos los males sociales.
Del otro lado en cambio, existen (por ejemplo algunas expresiones del “pueblo de Seattle”) quienes consideran el avance del mercado como una “desertificación” de la sociedad, porque destruye ese “capital social” indispensable para cada convivencia auténticamente humana: por lo tanto combaten el mercado y se protegen de él.
La economía social –que tiene sus raíces en la secular tradición de la economía civil italiana- propone algo distinto a estas dos visiones: vivir la experiencia de la solidaridad dentro de un vida económica normal.
Así, la eficiencia tiene su lugar, pero ella es sólo una de las dimensiones que la empresa social vive. A su lado, conviven dentro de la actividad económica, otras dimensiones coesenciales, como el dar, la solidaridad, la reciprocidad, la belleza, la gratuidad, y por qué no, la espiritualidad y la comunión.
La novedad de la economía social es entonces que estos otros principios distintos del lucro y del intercambio instrumental, encuentran un lugar propio dentro de la actividad económica, dentro del mercado.
La globalización, ¿favorece el desarrollo del “principio de la gratuidad”?
El proceso de globalización –centrado en torno al principio del contrato- tiene una gran necesidad de potenciar el “principio de la gratuidad” que, lamentablemente, es siempre más “desplazado” por el “extenderse” del mercado.
¿Cómo afrontar este proceso? Por dos caminos. Por una parte, “proteger y potenciar” la verdadera gratuidad. Voluntariado, ONG, familia, movimientos eclesiales... son todas experiencias regidas por el principio de gratuidad. Por otra, hay que transformar el mercado desde dentro insertándole la gratuidad.
¿Cuál es la enseñanza que nos deja el nacimiento de las empresas sociales?
El surgimiento de la economía social nos dice que también dentro de los mecanismos de mercado es necesario algo distinto del simple y simplificado self-interest.
Ni siquiera el mercado puede funcionar únicamente con el interés personal: si al calcular la eficiencia de las instituciones económicas nos basamos demasiado en datos económicos, difícilmente seremos capaces de construir buenas y eficientes empresas, y buenas y eficientes sociedades.
_____________
1 Por ser un resumen, el presente material comprende únicamente las ideas principales del artículo original. La selección de las mismas, el esquema y las preguntas, fueron diseñadas a los fines didácticos y a exclusivo criterio del traductor.
2 Ver preguntas más abajo.
3 Considerada como sinónimo de “economía civil”.
4 Lo mismo sucede en los llamados “contratos incompletos” donde se requiere cierta dosis de gratuidad o “predisposición” de las partes para no incurrir en permanentes conflictos –por ejemplo: la simple cuenta corriente comercial- (Nota de Martín Fiuza).