

¿Qué hacer?
Ya en la ciudadela del Movimiento, Mariápolis Araceli, cercana a San Pablo, constataba a su vez que la comunión de bienes puesta en práctica hasta entonces en el Movimiento no había resultado suficiente ni siquiera para esos brasileños, tan próximos a ella, que vivían momentos de emergencia.
Impulsada por la urgencia de procurar alimento, un techo, atención a la salud y, de ser posible, algún trabajo, y teniendo fresca en la memoria la encíclica de Juan Pablo II apenas publicada, Centesimus Annus, había lanzado la Economía de Comunión:
Aquí tendrían que surgir industrias, empresas cuyas utilidades se pusieran libremente en común con la misma finalidad de la comunidad cristiana: antes que nada, para ayudar a los que padecen necesidades, ofrecerles trabajo, en fin, hacer de tal modo que no haya ninguno en la indigencia.
Luego, las ganancias servirán también para desarrollar la empresa y las estructuras de la ciudadela, para que pueda formar hombres nuevos: ¡sin hombres nuevos no se hace una sociedad nueva!
Una ciudadela así, aquí en Brasil, con esta llaga del desequilibrio entre ricos y pobres, podría constituir un faro y una esperanza.
La adhesión de los presentes había sido inmediata: todos se habían sentido involucrados, tocados en lo más hondo, y se habían lanzado a dar la propia contribución personal de los modos más variados, realizando con nuevo empuje y radicalidad la comunión de bienes vivida en el Movimiento desde los comienzos.
Todo en común: dinero y joyas, terrenos y casas, disponibilidad de tiempo, de trabajo, de traslado, ofrecimiento de dolores, de enfermedades..., como alguien que dio todos sus ahorros, 4.000 dólares “para que formen parte de este océano de amor, como una gota de agua... y Dios transforme este sueño en una gran realidad que ilumine el comienzo del Tercer Milenio”.
El “sueño” de entonces se está volviendo realidad: muchas empresas han ido naciendo, y no sólo en Brasil, sino en muchos países del mundo; otras empresas, ya existentes, han asumido como propio el proyecto, modificando el estilo de gestión empresarial y el destino de las utilidades.
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| “La primera finalidad de quien hace una empresa de economía de comunión es llegar a obtener que en nuestro Movimiento no haya más indigentes, como sucedía con los primeros cristianos
La economía de Comunión nació para llegar a que un día se pueda dar este ejemplo: un pueblo donde no hay indigencia, no hay pobreza.” Chiara Lubich Praga, abril de 2001 |

