8 de marzo, los dos géneros de la economía

La fiesta de la mujer

de Alessandra Smerilli

publicado en Avvenire el 8 de marzo de 2016

Mimosa ridTambién la ciencia y las elecciones económicas tienen una urgente necesidad de abrirse a la dimensión femenina. Hombres y mujeres no se comportan del mismo modo en las decisiones económicas, a la hora de utilizar el dinero, en el trabajo, en las inversiones financieras. La teoría económica y, en particular, la economía experimental, lleva unos años estudiando estos temas y ya hay evidencias empíricas de las diferencias de género en los comportamientos económicos. Los resultados son variados e interesantes y, cada vez más, la misma pregunta: ¿existen diferencias innatas y peculiares entre hombres y mujeres o estas son consecuencia de la educación, las normas y las costumbres sociales?

De las respuestas a esta pregunta dependen, obviamente, las decisiones educativas, políticas, estrategias empresariales y la calidad y dignidad de nuestra democracia.

Por ejemplo, en las inversiones financieras, las mujeres se inclinan por los títulos de organizaciones con un trasfondo social o que "trabajen" por la salud y el medio ambiente. Y este dato es común con independencia del continente o la cultura que observemos. O, en los roles directivos, las mujeres son más hábiles a la hora de crear espíritu de grupo, mientras que los hombres lo son más cuando se trata de tomar decisiones en poco tiempo. Por contra, se está volviendo un tópico que las mujeres tienen mayor aversión al riesgo que los hombres: hay experimentos que revelan que, de media, en las sociedades occidentales, las mujeres sienten mayor rechazo al riesgo. En las finanzas, este dato influye en las decisiones de inversió, de tal manera que, por término medio, las mujeres eligen carteras de títulos más prudentes y estables. Sin embargo, este dato no se da en China y Hong Kong, donde hombres y mujeres tienen una propensión al riesgo similar, ni en la India, donde los hombres tienen mayor aversión al riesgo. Precisamente en algunas regiones de la India (y en Tanzania) se realizaron algunos experimentos con resultados concluyentes: en esas zonas la aversión al riesgo es mayor en hombres y, en cambio, son las mujeres las que presentan mayor propensión a la competitividad y son más sensibles a las mejoras del rendimiento ante incentivos monetarios (que normalmente se da más en hombres).

Podemos preguntarnos: ¿qué tienen en común las sociedades en las que se han desarrollado estos experimentos? Son de tradición matriarcal. Esto confirma que la educación y las normas sociales conforman también los comportamientos económicos.  Entonces, es posible trabajar sobre las actitudes y las habilidades de hombres y mujeres. Pero, ¿en qué dirección? Por desgracia -y, a veces, inconscientemente- los estudios económicos presuponen al hombre como norma y a la mujer como desvío de la norma. Por lo demás, el mundo económico y financiero se ha construido, tanto en la teoría como en la práctica, sobre parámetros masculinos principalmente –las mujeres economistas en la historia del pensamiento, hasta tiempos muy recientes, se contaban con los dedos de una mano; y aún hoy la única mujer que ha recibido el premio Nobel de Economía, Elinor Ostrom, no era considerada por sus colegas una verdadera economista por sus intereses "extraños" en relación con los bienes comunes y las comunidades.

Quizás deberíamos empezar a plantearnos preguntas diferentes en cuanto a la teoría y la práctica. Por ejemplo, ¿estamos seguros de que una mayor propensión al riesgo es buena? O ¿reaccionar mejor a los incentivos monetarios hace nuestras empresas y nuestras vidas mejores? Se ha demostrado, analizando a las sociedades que cotizan en Bolsa, que las que tienen un mayor número de mujeres en cargos directivos (estamos hablando de sociedades occidentales y, por tanto, en las que las mujeres son más aversas al riesgo), han sobrevivido mejor a las crisis de los últimos años. Y pocas han quebrado, a diferencia de las sociedades con consejos de administración exclusiva o mayoritariamente masculinos.

Otro ámbito es la cooperación: los datos muestran que en las mujeres hay una mayor propensión a la cooperación y a resolver los dilemas en grupo: ¿es una deformación, una rareza femenina o, acaso, por medio de la educación y una mayor colaboración entre hombres y mujeres podríamos aprender todos reglas y buenas prácticas que nos hicieran comportarnos de una manera más cooperativa?

La fiesta de hoy, 8 de marzo, con todas las luces y sombras que tienen este tipo de acontecimientos, puede ser una ocasión para intentar quitarnos las gafas que nos hacen ver la racionalidad económica típicamente masculina (instrumental, vinculada a los incentivos, a la meritocracia) como una norma, y comenzar a preguntarnos si las diferencias observadas en los comportamientos pueden ofrecer sugerencias para escenarios alternativos que harían que la economía y las finanzas fueran más humanas, por representar al ser humano en su conjunto: hombre y mujer.

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