Martes, 23 de Marzo de 2010 15:15
Escrito por Luigino Bruni
Durante la Semana teológica 2009 del MEIC
Buenas Prácticas: La economía de comunión
Intervención de Luigino Bruni, Universidad Bicocca de Milán y Universidad Sophia (Florencia)
Pacognano di Vico Equense (NA), 27 a 31 de julio de 2009
1. Introducción
Si tratamos de interpretar y contar la historia cívica sin tener en cuenta el papel de los carismas, resulta que contamos una historia parcial y, por ello, equivocada. Cuando los carismas entran activamente en la vida cívica,
con ellos aparece en escena una dimensión del amor que se caracteriza por una fuerza extraordinaria y rara, que la teología y el pensamiento cristiano han llamado «agape». Una nueva palabra griega para expresar la experiencia nueva que los cristianos hacían y hacen gracias a la vida y al mensaje de Jesús. Con los carismas, el ágape irrumpe en la historia, dentro de las fronteras institucionales de la Iglesia y también fuera de ellas, como corresponde a la naturaleza universal del cristianismo, cuyo soplo alcanza y mueve a personas de todos los tiempos y lugares. En cuanto portadoras de un carisma, estas personas son también portadoras de ágape, sean o no conscientes de ello.
Un carisma es un don del Espíritu para la edificación del bien común. Carisma viene de charis, la gracia, que se encuentra también en el origen del ágape, la forma de amor típica del cristianismo. Como pone de manifiesto Benedicto XVI en la “Caritas in Veritate”, el ágape, la charis, también puede encontrarse en el origen del trabajo en pro del desarrollo económico y civil. Es capaz de inspirar la vida espiritual, pero también una empresa cívica. Aquí radica la laicidad del cristianismo, de un Logos que se hace historia y supera cualquier distinción entre “sagrado” y “profano”.
Algunos grandes carismas han tenido repercusión en el ámbito económico a lo largo de la historia. Siempre suelen citarse, a este respecto, a Benito y Francisco. Pero han sido centenares, por no decir millares, las personas portadoras de carismas y, en consecuencia, movidas por el ágape, que han animado la vida económica creando obras de caridad, asistencia y misericordia, cuyo peso en la historia está absolutamente infravalorado.
Buenas prácticas: La economía de comunión (en español)