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Señores empresarios, queridos amigos,
Habéis llegado hasta aquí para participar en el encuentro de empresarios italianos de la Economía de Comunión. He visto vuestro programa, abundante y bello. Me han pedido que os salude también yo. Lo hago con todo el corazón, porque – como podéis imaginar - amo mucho a la Economía de Comunión, que, entre otras cosas, da visibilidad a nuestro Movimiento en el mundo, para gloria de Dios.
En 1869, el gran economista y filósofo inglés J. Stuart Mill, decía en un libro que escribió en defensa de la mujer, una frase muy sugerente: “La formación moral de la humanidad no desarrollará todo su potencial mientras no seamos capaces de vivir en la familia con las mismas reglas morales que gobiernan la comunidad política” (1869, pp. 45- 47). Mill estaba convencido, y luchó mucho por ello, de que en su tiempo seguían existiendo dos lugares feudales, a pesar de los grandes progresos de la democracia. Esos lugares eran la empresa y la familia, lugares jerárquicos y faltos de libertad (en la familia, decía, la mujer era sierva del marido y en la empresa capitalista, los obreros siervos del patrón). Por ello promovía el movimiento de la cooperación, para llevar a las empresas democracia e igualdad y a las mujeres voto y trabajo, en pro de la igualdad en la familia. La democracia de la vida civil, según Mill, debía orientar también las relaciones familiares.
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texto de la ponencia (en español)
Un diagnóstico de la crisis
Europa está viviendo una grave y seria crisis, la más profunda desde la posguerra y no se trata solo de una crisis económica. Pero también de Europa puede surgir algo nuevo para la economía, las finanzas y la vida en común. En esta búsqueda de novedad, también los carismas, las comunidades y los movimientos cristianos pueden dar, aliándose con muchos otros buscadores del bien común, una contribución esencial.
Europa es el lugar en el que se inventó la economía de mercado. Las ciudades medievales, así como los monasterios, las abadías y los conventos, fueron los laboratorios vivos de los que surgieron las primeras categorías y las primeras instituciones que en los siglos posteriores dieron vida a la economía de mercado tal y como la conocemos hoy. O, mejor dicho, tal y como la conocíamos, puesto que hoy en Europa, y en el mundo con ella, corremos el peligro de que la dictadura de las finanzas destruya todo un patrimonio de virtudes cívicas y de ética del trabajo y de los oficios, en las que el mercado se apoyó para crecer durante la modernidad.
De joven, nada más salir de la escuela, comencé a trabajar en el sector del metal. Entonces se trabajaba a “destajo” (a tanto por pieza) y yo me las ingeniaba para encontrar la forma de producir más y aumentar la calidad del producto que debía fabricar, elaborando e introduciendo mejoras a las maquinas que tenía a mi disposición.
Trabajo en seguros desde hace más de 30 años. Durante mi vida profesional he desempeñado varios roles: empleada, consultora, colaboradora y en estos últimos diez años agente de seguros.
Cuando se me presentó la posibilidad de asumir el mando de una oficina de una compañía de seguros con tres empleados y dos colaboradores, no tuve dudas: sería una Agencia de Seguros de la Economía de Comunión.
Soy administrador de UNITRAT S.R.L, una empresa que nació en 1976 y en la que actualmente trabajan 25 empleados, con una facturación anual de unos 2 millones de euros. En los últimos dos años los ingresos se han reducido en un 50% a causa de la crisis que padece nuestro sector.
Nuestro trabajo consiste en someter piezas mecánicas a un proceso termoquímico que transforma su estructura interna, potenciando las características mecánicas necesarias para su uso. Se utiliza en los más diversos sectores mecánicos: automoción, aeronáutico, maquinaria de movimiento de tierras, maquinaria agrícola y para transporte industrial…
La historia
Aunque la Economía de Comunión nació cuando Chiara vio desde el avión, al llegar a Sao Paulo, una selva de rascacielos junto a las favelas, está vinculada al desarrollo de su carisma y a su nacimiento en Trento, la ciudad de la cooperación social, de padre socialista y madre católica, con un hermano comunista. Creció respirando solidaridad con los últimos, así que cuando se le desveló el inmenso Amor de Dios por ella, le resultó natural corresponder en los necesitados más cercanos con los que Jesús se identificaba en el Evangelio.
publicado en www.vatican.va el 16/06/2011

Me complace poder transmitir mis saludos en este importante Simposio que reúne a muchos protagonistas de la vida empresarial, económica y financiera de muchos países del mundo.
No voy a entrar en mi saludo en los aspectos técnicos y operativos de los trabajos de estos días, pero si que voy a detenerme unos minutos en los fundamentos antropológicos, espirituales y éticos de vuestro hacer empresa y economía, a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia y especialmente a la luz de la idea de empresa y de empresario que contiene la Carta Encíclica “Caritas in Veritate”, que muy oportunamente habéis querido situar en el corazón de vuestra reflexión, durante los trabajos de esta conferencia, para dar nuevas bases a la dimensión ética en la actividad económica y empresarial.

En estos días, el G20 acaba de aprobar en Seúl la nueva configuración del Fondo Monetario Internacional, en una reunión preparatoria tras años de negociaciones entre los ministros de finanzas de los 20 países.
Es un signo de que el mundo está cambiando. Creado en 1944, en Bretton Woods, para definir un nuevo orden económico después de la tragedia de la segunda guerra mundial, el FMI ha funcionado durante 66 años como un banco que concedía préstamos a los estados con dificultades, con la condición de que adoptaran políticas económicas orientadas a sanear las cuentas públicas. También Italia se benefició de ellos en el pasado.
Regresemos a 1991, cuando Chiara Lubich tuvo la intuición de la EdC. Hay que decir, antes que nada, que lo que escandalizó a Chiara no fue la pobreza, sino el contraste entre los rascacielos de la Avenida Paulista y la “corona de espinas” de barracas que vio alrededor de la misma, al aterrizar en Sao Paulo. La pobreza por sí misma no es un escándalo, porque es una condición endémica de la humanidad, desde la prehistoria hasta nuestros días. Lo escandaloso es una sociedad que, a pesar de tener los medios para construir rascacielos, deja que los niños mueran de hambre. Allí Chiara, sintiendo la urgencia de hacer algo, no lanzó una acción social en la ciudad y en las favelas de Sao Paulo, como podría parecer lógico, sino que propuso el nacimiento, en el campo, junto a la ciudadela, un parque de empresas que produjeran beneficios para compartirlos. ¿Por qué el Polo tiene que estar al lado de una ciudadela y no en cualquier otro lugar?
(siempre que la economía sea civil) esencialmente una carrera por innovar para responder mejor a las necesidades de los ciudadanos. Hay un autor que ha desarrollado una verdadera y propia teoría de la economía de mercado centrada en el concepto de innovación, el economista y científico social J. A. Schumpeter, el cual en su libro Teoría del desarrollo económico (2002 [1911]) describe la dinámica del capitalismo como una competición entre innovadores e imitadores.
Él utiliza un modelo ideal en el cual el punto de partida es un “estado estacionario”, donde las empresas sólo realizan actividades rutinarias, donde la vida económica se repite de modo uniforme en el tiempo y el valor agregado de ese producto es exactamente el suficiente para cubrir los costos de producción y las amortizaciones, sin crear nueva riqueza. El desarrollo económico comienza cuando un empresario rompe el estado estacionario introduciendo una innovación. Para Schumpeter innovación no es solo la creación de nuevos productos o mercados, sino cualquier invención técnica o nueva fórmula organizativa que permita crear nueva riqueza, que no sólo cubra los costos de producción y las amortizaciones, sino que produzca utilidad. Para Schumpeter la utilidad, comprendido el interés bancario, sólo puede ser mayor que cero cuando hay alguna innovación. El empresario innovador es el protagonista del desarrollo económico, porque crea un verdadero valor agregado y dinamiza el sistema social.
ver documento con notasHace 5 años, mi mujer y yo nos trasladamos de Holanda a Italia para ayudar en el desarrollo de un proyecto económico nuevo, la economía de comunión, que me ha fascinado desde su nacimiento.
Todos los movimientos espirituales (San Benito, San Francisco etc.) en la historia han sido agentes de cambio, algunos también en el ámbito económico. Así ha sucedido con el Movimiento de los Focolares.
Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares, en 1991 fue a Brasil para encontrarse con la comunidad del movimiento. Esta comunidad era un reflejo de la realidad del país, donde la disparidad de la distribución de la riqueza era evidente; muchos de ellos eran muy pobres y vivían en las favelas sin trabajo y sin futuro. Chiara pensó en las empresas como el “instrumento” natural para responder a un problema de injusticia social y de errada distribución de los bienes. Lanzó entonces una propuesta: poner en común las capacidades y recursos, crear empresas, confiarlas a personas competentes y producir riqueza para dividirla en tres partes.
Un tercio para hacer crecer la empresa y los puestos de trabajo, un tercio para ayudar a los pobres y un tercio para la formación a esta cultura de compartir. Chiara fue siempre muy concreta y pidió de inmediato una concretización. En los días posteriores nació la primera empresa, “La Túnica”, una empresa textil.
Hoy en el mundo, en todos los continentes, son casi 700 las empresas vinculadas a la Economía de Comunión y abarcan casi todos los sectores del comercio, de los servicios y de la producción. En Europa son alrededor de 400, en América Latina son 200 empre- sas; 35 en América del Norte; 25 en Asia; y algunas en Australia, Africa y Medio Oriente.
En los últimos 5 años han nacido 50 nuevas empresas y otras 50, que ya existían, han decidido unirse al proyecto. Algunos centenares han comenzado pues a vivir la misma cultura de la fraternidad. Esta nueva cultura económica intenta favorecer una nueva concepción de la acción económica, no solo utilitarista, sino tendiente a la promoción integral y solidaria del hombre y de la sociedad.
Si tratamos de interpretar y contar la historia cívica sin tener en cuenta el papel de los carismas, resulta que contamos una historia parcial y, por ello, equivocada. Cuando los carismas entran activamente en la vida cívica,
con ellos aparece en escena una dimensión del amor que se caracteriza por una fuerza extraordinaria y rara, que la teología y el pensamiento cristiano han llamado «agape». Una nueva palabra griega para expresar la experiencia nueva que los cristianos hacían y hacen gracias a la vida y al mensaje de Jesús. Con los carismas, el ágape irrumpe en la historia, dentro de las fronteras institucionales de la Iglesia y también fuera de ellas, como corresponde a la naturaleza universal del cristianismo, cuyo soplo alcanza y mueve a personas de todos los tiempos y lugares. En cuanto portadoras de un carisma, estas personas son también portadoras de ágape, sean o no conscientes de ello.
Un carisma es un don del Espíritu para la edificación del bien común. Carisma viene de charis, la gracia, que se encuentra también en el origen del ágape, la forma de amor típica del cristianismo. Como pone de manifiesto Benedicto XVI en la “Caritas in Veritate”, el ágape, la charis, también puede encontrarse en el origen del trabajo en pro del desarrollo económico y civil. Es capaz de inspirar la vida espiritual, pero también una empresa cívica. Aquí radica la laicidad del cristianismo, de un Logos que se hace historia y supera cualquier distinción entre “sagrado” y “profano”.
Algunos grandes carismas han tenido repercusión en el ámbito económico a lo largo de la historia. Siempre suelen citarse, a este respecto, a Benito y Francisco. Pero han sido centenares, por no decir millares, las personas portadoras de carismas y, en consecuencia, movidas por el ágape, que han animado la vida económica creando obras de caridad, asistencia y misericordia, cuyo peso en la historia está absolutamente infravalorado.
“Las personas quieren que sus vidas tengan sentido, el tipo de sentido que se logra únicamente cuando se sabe que se hace lo que se puede para conseguir que el mundo sea un lugar mejor …[Este] es un aspecto de la naturaleza humana al que no se presta la menor atención en el mundo empresarial.” (Muhammad Yunus, Un mundo sin pobreza, pag. 202)
“No se debe olvidar que el mercado no existe en su estado puro, se adapta a las configuraciones culturales que lo concretan y condicionan.” (Carta Encíclica Caritas in Veritate, 2009, §36)
La reciente crisis económica y financiera ha causado grandes sufrimientos en todo el mundo. El estado de ánimo más generalizado en este momento es de esperanza impaciente en que la recuperación llegue pronto, para poder volver a la situación anterior.
Sin embargo, es necesario reflexionar sobre lo que ha sucedido. La chispa de la crisis fue el estallido de la burbuja especulativa sobre el precio de las casas en los Estados Unidos. Pero si descendemos a un nivel más profundo, nos daremos cuenta de que la crisis tiene causas estructurales, como el sistemático exceso de consumo de las familias americanas y una reglamentación financiera inadecuada. Pero si llegamos a un nivel todavía más profundo encontraremos una pregunta crucial que se presenta más apremiante que nunca: ¿hay algo sistemáticamente equivocado, algo que debamos corregir, en el sistema económico en el cual vivimos?
Introducción
“El principio que regula las relaciones sociales existentes entre los dos sexos – la subordinación legal de un sexo a otro – es incorrecto de por sí y constituye hoy uno de los principales obstáculos para el progreso humano, por lo que habría que sustituirlo por un principio de absoluta igualdad” .
Desde 1869, año en que Mill escribió el libro “The subjection of women”, muchas cosas han cambiado y hoy, por lo menos a nivel de principios, casi nadie se atrevería a poner en duda la igual dignidad sustancial que existe entre hombre y mujer. Los datos de que disponemos muestran además que, al menos en los países occidentales, la igualdad en dignidad se está traduciendo rápidamente también en igualdad de oportunidades . Ciertamente todavía queda mucho camino por andar. En muchas partes del mundo todavía se sigue dando el fenómeno descrito por Mill, la subordinación de la mujer, permitida por la ley o fruto de la tradición.
Ante todo quisiera expresar mi agradecimiento personal y sentido con motivo de esta experiencia, porque, si hay una experiencia humana absolutamente extraordinaria, es escuchar los carismas actuando en la historia. Es una experiencia que deja sin aliento; por lo tanto estoy verdaderamente agradecido por estar aquí y poder participar en estas dos jornadas realmente maravillosas.
En épocas de crisis nunca han faltado carismas que han dado respuesta también a los problemas y desafíos económicos y civiles de un tiempo determinado. Basta pensar, como ejemplos notables, en San Benito, después de la caída del imperio romano, en S. Francisco, con las primeras grandes pobrezas urbanas medievales, y en todos los carismas sociales de la modernidad, que han hecho el yugo de tantos pobres y excluidos más ligero y suave. Debemos recordar que el primer contrato regular de aprendizaje para un menor de edad lo inventó don Bosco con un carisma para los muchachos.
He sido invitado a dar un testimonio en base a mi experiencia primero como directivo de una gran empresa y después como empresario.
En los años 80 fui a una Asamblea de Confindustria en un coche blindado, porque entonces estaba en el punto de mira de las Brigadas Rojas, que acostumbraban a disparar todas las semanas, cuando les parecía bien, a las piernas de al menos una persona relacionada con la industria, la justicia o la información. Por eso algunas personas llevaban en el bolsillo un lazo hemostático para taponar una posible hemorragia.
A la salida de la asamblea una señora me entregó una octavilla de la Asociación de Madres de los terroristas, que decía: “Sabemos que nuestros hijos han cometido errores y es justo que paguen por lo que han hecho. Pero vosotros, que dirigís las empresas, recordad que no son vuestras y que existen gracias al trabajo de los que os han precedido y de todos los que han trabajado en ellas a distintos niveles. Así pues, no podéis utilizarlas para vuestros fines personales”.
En el título de la ponencia se establece un nexo lógico, no muy evidente, entre tres palabras: “economía”, “fraternidad” y “carisma”, que trataré ahora de ilustrar, subdividiendo la reflexión en tres momentos.
En una primera parte trataré de explicar por qué la fraternidad puede ser considerada como la promesa no mantenida de la revolución francesa, que había propuesto tres principios juntos: “liberté, égalité y fraternité”.
En una segunda parte trataré de ilustrar el aporte ofrecido por los carismas (los de la historia y los actuales; los religiosos y los civiles) al desarrollo de la economía moderna.
La tercera parte, más breve, se concentrará en la trilogía del amor: Eros, Philia y Agape que, utilizando una jerga civil, podríamos traducir como “contrato” (eros), relaciones de reciprocidad (philia) y don gratuito e incondicionado (agape). La falta de una sola de estas cuerdas en el tejido social puede llevar a derivaciones patológicas y poner en riesgo la supervivencia misma de la sociedad civil.
«“Una noche, Francisco oyó una voz que decía “Me muero”. Era el gemido de un hermano. Francisco le preguntó qué le ocurría: “Me muero de hambre”. “Aprisa, todos en pie. Preparemos enseguida una comida para todos. No es necesario que un hermano muera de hambre, pero tampoco que sienta el apuro de comer solo. Sin duda no fue más que un austero bocado nocturno.» [Julien Green].
Le site officiel de l'ÉdeC est en ligne:
economie-de-communion.fr
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