Seis propuestas de la EdC para la crisis económica

Resumen de la ponencia presentada en el Forum “Economía: cuestión de don”, que tuvo lugar en Bruselas, en la sede del Parlamento Europeo, el 12 de mayo de 2012, en el contexto de “Juntos por Europa”

por Luigino Bruni

Luigino_Bruni_AD_01_flip_ridde "Economía de Comunión - una nueva cultura" n.35 - Encarte de la revista Città Nuova n.11 - 2012 - junio 2012

 «El beneficio es un medio para construir el bien común y tiene una vocación y un destino social».

Europa está viviendo una grave y seria crisis, la más profunda desde la posguerra y no se trata solo de una crisis económica. Pero también de Europa puede surgir algo nuevo para la economía, las finanzas y la vida en común. En esta búsqueda de novedad, también los carismas, las comunidades y los movimientos cristianos pueden dar, aliándose con muchos otros buscadores del bien común, una contribución esencial. Europa es el lugar en el que se inventó la economía de mercado. Las ciudades medievales, así como los monasterios, las abadías y los conventos, fueron los laboratorios vivos de los que surgieron las primeras categorías y las primeras instituciones que en los siglos posteriores dieron vida a la economía de mercado tal y como la conocemos hoy. O, mejor dicho, tal y como la conocíamos, puesto que hoy en Europa, y en el mundo con ella, corremos el peligro de que la dictadura de las finanzas destruya todo un patrimonio de virtudes cívicas y de ética del trabajo y de los oficios, en las que el mercado se apoyó para crecer durante la modernidad.

¿Qué podemos hacer y qué pueden hacer más concretamente los antiguos y los nuevos carismas juntos por Europa? En la historia de Europa, en tiempos de crisis económicas y políticas surgieron los carismas. Desde San Benito y San Francisco hasta los numerosos carismas sociales europeos (en todas las iglesias, incluso en las reformadas), los carismas fueron y siguen siendo una respuesta a las crisis sociales de todos los tiempos. Me limito a hacer algunas propuestas:

a) Una nueva fase en la cultura cívica y económica. Hoy el mundo de los carismas debería volver a hacer cultura, a dejar oír su voz en el campo de la cultura, con una narrativa distinta acerca de cómo y por qué hacer empresa, política, consumo, ahorro.

b) Sacar las finanzas y la economía a las plazas: habitar y poblar de gente estos lugares, porque son demasiado importantes para dejarlos únicamente en manos de los expertos (economistas y financieros). n.35_pag_4-5-6_Luigino_Van_Ackere_rid

c) Volver a empezar desde los pobres. La pobreza hoy se está convirtiendo en una nueva cuestión social, también en Europa. En Grecia, en Portugal y pronto también en España e Italia, la clase media corre peligro de caer por debajo del umbral de la pobreza, a causa de los insostenibles recortes. Hay que volver a leer la vida en común con los ojos de los últimos.

d) Un nuevo pacto social (no solo un contrato). Hoy Europa tiene necesidad urgente de relanzar la idea de un Pacto que rija y sostenga los contratos económicos. No hay futuro para Eurolandia (la Europa del euro) sin Europa. No hay futuro para el euro sin una Europa política que de fundamentación ética y robustez social a los acuerdos económico-financieros.

e) Minorías proféticas. Los cambios de época en la historia no los provocan los grandes números sino las minorías proféticas. También hoy Europa, la Europa económica y civil, tiene una necesidad imperiosa de los carismas como minorías proféticas capaces de dar sabor y de fermentar la historia. Sin la gratuidad de los carismas, el pan de la vida en común es un pan ácimo.

f) Volver a poner en discusión, con el pensamiento y no solo con una buena praxis (no es suficiente), la naturaleza del capitalismo, la empresa y el beneficio.

La Economía de Comunión, con su propuesta dirigida a las empresas, de dividir los beneficios en tres partes, tiene un mensaje significativo que lanzar hoy al mundo económico y empresarial europeo y no solo europeo:

a) El beneficio es un medio para hacer otras cosas, para edificar el bien común, y tiene una vocación y un destino social. No es en absoluto natural pensar que la parte del valor añadido que queda en la empresa después de pagar los costes, los salarios y los impuestos, vaya a las manos y a los bolsillos de los accionistas y directivos. Hoy existe un grave problema de redistribución de los beneficios, porque, por ejemplo, la cuota de valor añadido que va al trabajo es demasiado baja (en comparación con el capital, las finanzas y los directivos), como demasiado baja es la cuota de valor que va a los excluidos, a los jóvenes y a los pobres.

n.35_pag_4-5_Luigino_Brux_sala_sfondo_ridb) La empresa debe ocuparse directamente de la exclusión y no solo pagando los impuestos, sino metiendo dentro de la empresa a quienes están fuera de los muros de la polis. La empresa civil crea valor social (y no sólo económico) cuando con el trabajo incluye a los excluidos (campesinos, siervos…). Si, en lugar de crear trabajo, hace especulación financiera, la empresa no es fiel a su auténtica vocación.

c) Los jóvenes: Es necesario que el mundo de la economía preste más atención a los jóvenes y a la formación de una nueva mentalidad, lanzando programas de formación en los países en vías de desarrollo (y no sólo allí), porque a los estados y a los mercados con ánimo de lucro cada vez les va a resultar más difícil cubrir la creciente demanda de formación de calidad y de ética que hay en el mundo. Todo eso recibe el nombre de subsidiariedad, también a nivel de empresa.

Algunas propuestas operativas.

¿Es posible adelantar, a la luz de lo que estamos diciendo y del mensaje de la EdC, algunas propuestas aún más concretas? Si tomamos en serio el “volver a empezar desde los últimos” y desde los jóvenes, se pueden elaborar algunas propuestas concretas dirigidas a la sociedad civil, a las instituciones económicas y políticas europeas. Veamos algunas de ellas:

a) Una moratoria de la publicidad dirigida a los niños. Algunos países (Francia, Países Escandinavos) han introducido límites y normas. Proponemos que se extiendan a nivel europeo. Lo mismo en lo relativo a la publicidad sobre apuestas y juegos de azar, que están produciendo graves daños precisamente en las franjas de población más pobres y frágiles.

b) Retomar el debate sobre la introducción de la Tobin Tax (o algo similar) sobre las transacciones financieras y títulos especulativos y de alto riesgo.

c) Fortalecer la economía social y civil en toda Europa, también a nivel legislativo, sobre la base de la afirmación del pluralismo de formas de empresa y culturas empresariales. La empresa capitalista no debe ser la única reconocida y garantizada por la normativa europea, sino que hay que dar mayor espacio, con 120512_Bruxelles_Forum_06_Luigino_Bruni_ridlos oportunos incentivos, a las empresas cooperativas y a las empresas sociales, a las cuales se les reconoce una contribución directa en la construcción subsidiaria y solidaria del bien común.

Conclusión

Hoy las empresas capitalistas con ánimo de lucro hacen mucho más que vender productos: venden y crean cultura, estilos de vida, formas de pensar. Es necesario que también las empresas y las personas que viven la economía como compromiso civil y espiritual, se comprometan también en el plano cultural. El tema de los jóvenes es hoy demasiado importante en Europa: pensemos simplemente en las altas tasas de paro, que significan para los jóvenes inseguridad y desconfianza en el futuro. Esta es una de las razones por la que es necesario poner en el centro del debate público el trabajo. Hoy hay demasiado consumo y demasiadas finanzas en el centro de los asuntos civiles, políticos, económicos y en los medios de comunicación. Ya no se ve el trabajo. Así que tampoco se le entiende. No es posible derrotar a las nuevas pobrezas ni a las de siempre sin relanzar una cultura del trabajo y del trabajar juntos.

Los carismas nunca son u-tópicos, porque también generan lugares. La verdadera respuesta a la utopía (el no lugar) es siempre el lugar concreto. Los carismas son un ya que señala un “todavía no”. Pero son también un ya. El verdadero reto que nos espera hoy, en estos tiempos de crisis y por ello de oportunidades nuevas e inéditas para quienes por vocación buscan y señalan la novedad, es hacer que los muchos “yas” que existen, los muchos lugares del ya (pienso, entre otros, en los parques empresariales de la Economía de Comunión), lugares económicos y de trabajo, crezcan, hagan sistema y red y sean más visibles y hablen más. Es una cuestión de responsabilidad, porque Europa, y con ella nuestro sistema de desarrollo, no podrá encontrar un camino de desarrollo bueno sin la contribución esencial de los carismas. También en ese trozo de la vida en común al que llamamos economía.

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