Descubrirse empresario. Creer siempre

Desde joven me sentí estimulado por el emprendimiento y la inventiva. La empresa iba bien pero yo no. Un relato en primera persona.

de "Economía de Comunión - una nueva cultura" n.34 - Encarte de la revista Città Nuova n.23 - diciembre 2011

por Pietro Comper

Pietro_Comper_ridDe joven comencé a trabajar en el sector del metal. Me las ingeniaba para encontrar la forma de producir más y aumentar la calidad del producto. Pronto tuve la certeza de que sería capaz de trabajar por mi cuenta. Después de casarme con María Pía, comenzamos esta aventura y nos pusimos a fabricar componentes de ascensor y maquinaria para una multinacional. Mi objetivo era hacer feliz a mi mujer ganando mucho dinero, pero me dí cuenta de que esta decisión no nos daba la felicidad. Estaba siempre ocupado, hasta que un día ella me preguntó: «¿Te has casado conmigo o con la empresa?»

Comprendí que debía cambiar. Eran los años ochenta y también entonces había crisis, así que pensé formar una sociedad. Podría repartir las tareas y el esfuerzo con otros socios y así tendría más tiempo para la familia. Pero caí  en un verdadero embrollo y tras unos cuantos meses la nueva empresa tuvo que cerrar.

En aquel periodo conocí el Movimiento de los Focolares. En un encuentro sobre economía y trabajo descubrí un modo diverso de trabajar: se prestaba atención sobre todo a la persona que trabaja y colabora contigo de modo que el trabajo esté al servicio del hombre y no al revés.

Entre tanto nuestra situación económica se agravó, sin trabajo y con tres hijos por atender. Estaba desesperado, confuso, angustiado. El fracaso de la empresa me había destruido: rezaba, rezábamos juntos, pero no encontraba salida. Una mañana muy temprano fui a la iglesia y allí recé y lloré ante un crucifijo. Mirándolo como si estuviese vivo, le dije: «Si es verdad que existes, hazme comprender qué debo hacer cuando salga por esa puerta. En caso contrario, no me verás más».

En cuanto salí afuera me encontré con un amigo, un pequeño empresario, que me dijo: «Pietro, sé lo que te ha sucedido…  yo me acabo de trasladar a un nuevo pabellón, así que si quieres recomenzar el pabellón y algunas máquinas están a tu disposición gratis». Pocos días después otro amigo me abrió los ojos: «Recuerda que lo que eres, tus capacidades, tus talentos, nadie te los puede robar, ten confianza en ti mismo, es solo un “tropiezo” en tu vida, sigues siendo el que eras, si quieres puedes volver a empezar».

Al día siguiente llamé a una gran empresa y pregunté si podían encargarme algún trabajo. Me convocaron de inmediato y me propusieron que fabricara puertas y portones con el material que ellos me proporcionarían.

Comprendí que todo aquello era la respuesta: él me ponía delante una nueva oportunidad para recomenzar y ser empresario. Era el 1983.

Después mi hijo Damiano terminó los estudios y se puso a trabajar conmigo. En 1994 nació Tecnodoor, donde también trabajan Nicola, mi segundo hijo, como responsable de producción y Gloria, la pequeña, que ahora se está ocupando de la actividad comercial y del marketing. Tenemos diez trabajadores y colaboradores externos.

Nuestro deseo de inspirarnos en las finalidades de la EdC ha producido un vuelco importante en el modo de dirigir la empresa. Ha sido un motivo más para mejorar nuestros productos y servicios y ha servido de ulterior estimulo para la innovación empresarial. También recibo estudiantes que están terminando su carrera universitaria y quiere realizar una tesis sobre la Economía de Comunión.

Cuando hace muchos años comencé mi actividad como empresario, nunca hubiera imaginado que me convertiría en un caso de estudio. 

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