Rusia y la EdC

Rusia y la EdC

por Tatiana Minakova

de "Economía de Comunión - una nueva cultura" nº 32 - diciembre 2010

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Los 142 millones de ciudadanos rusos viven en un territorio que representa más del 11% de las tierras que emergieron en el planeta y que se extiende del ártico al trópico, con temperaturas que van de +45 a -71 grados centígrados. El 40% del territorio está cubierto de bosques. Cuenta con diez grandes ciudades de más de un millón de habitantes. La capital, Moscú, tiene quince millones de habitantes a los que se suman cada día otros cinco millones de personas por razones de trabajo. El 60% del territorio se destina a la agricultura, con un tiempo útil para los cultivos de solo tres meses, frente a los nueve de Europa y USA.

Desde el punto de vista religioso, dos de cada tres habitantes son ortodoxos, el 15% son musulmanes y el resto de religiones cuenta con porcentajes inferiores.
Las pequeñas y medianas empresas, ausentes en la anterior economía planificada, en los últimos veinte años se han multiplicado y se han convertido en uno de los factores más importantes del sistema económico.

Durante la economía planificada, casi el 40% de las grandes empresas públicas crearon a su alrededor nuevas ciudades, que dependían de la empresa no solo para los puestos de trabajo, sino también para las escuelas, guarderías, hospitales, centros deportivos, cinemas, bibliotecas, sanatorios y cualquier otra necesidad social.

Con la introducción de la “perestroika”, en 1987, se abrió la posibilidad de crear cooperativas y empresas privadas incluso con socios extranjeros y, con la caída de la URSS, en 1991, se realizaron privatizaciones y se adoptó una economía de mercado basada en un capitalismo que borró el anterior principio de solidaridad y la figura de la empresa como bien social que proveía a las personas y al territorio.

Gracias a sus condiciones geográficas, demográficas, sociales y culturales únicas, se puede decir que se está avanzando hacia un modelo ruso de la economía de mercado social, caracterizada por un intenso desarrollo económico y por importantes inversiones en la formación del capital humano.

En Rusia hoy no existen todavía empresas vinculadas al proyecto economía de comunión, tal vez porque tampoco existe todavía una estructura mínima capaz de difundir el proyecto en los sectores económicos de nuestro gran país. 

Pero ya se ha establecido contacto con empresarios, profesores universitarios y estudiosos en economía interesados en profundizar el aspecto científico del proyecto. Hace poco, Alberto Ferrucci presentó el proyecto a algunos de ellos en un encuentro celebrado en la capital. Otro encuentro ha tenido lugar en San Petersburgo, a petición de una parroquia ortodoxa interesada en administrar su vida económica según los valores y principios de la economía de comunión.

La economía de comunión parece que encaja muy bien con el modo de concebir la economía en nuestro país, con la sensibilidad de su gente y con la historia de los últimos cien años. Los empresarios están comprendiendo cada vez mejor que para afrontar más eficientemente la complejidad del mundo moderno y las necesidades de los consumidores, así como para producir un mayor desarrollo aprovechando las oportunidades que ofrece el alto valor de los recursos naturales de los que dispone Rusia, es necesario dar un vuelco radical hacia una gestión que tenga en cuenta los principios de la responsabilidad social de la empresa y de la economía de comunión.

El primer objetivo de nuestro país hoy es el nacimiento de empresas capaces de transformar, en el lugar y con tecnologías modernas, las muchas materias primas disponibles produciendo bienes y servicios de calidad. Para ello, más que la financiación, faltan técnicos especializados, que ya no se forman  – en las nuevas generaciones – por el cierre, con el cambio de régimen, de muchas escuelas técnicas.

Nuevas empresas de economía de comunión podrían dedicarse simultáneamente a la formación técnica y a la formación de los jóvenes en una cultura de comunión, cercana a la cultura del pueblo ruso, realizando, por ejemplo, infraestructuras económico-sociales - como centros de negocios - y financieras para el desarrollo, dedicadas a la utilización eficaz de los recursos de nuestras once grandes regiones económicas.

Las empresas rusas que se sumen al proyecto EdC podrían convertirse en un ejemplo de gestión y en incubadoras de este modelo en las distintas regiones del país, difundiendo un modelo de eficiencia que no tenga en cuenta solo la ganancia económica, sino también las repercusiones sociales y la estabilidad del desarrollo; creando  puestos de trabajo y mejorando las condiciones de vida, haciendo además que renazcan los valores sociales y cristianos en la empresa.

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