La Economía de Comunión y la Justicia Global

El proyecto EdC representa una novedad en el campo económico, pero también político y filosófico, puesto que aborda temas cruciales que están en el centro de la filosofía política contemporánea.

La Economía de Comunión y la Justicia Global

por Vittorio Pelligra
de "Economía de Comunión - una nueva cultura" n.30 - diciembre 2009

N30_Vittorio_Pelligra_3La obra más importante en el ámbito de la filosofía política del siglo XX es seguramente “Teoría de la Justicia” (1971), del filosofo americano John Rawls. Puesto que constituye un punto de referencia para todos aquellos que se ocupan, aunque sea indirectamente, de cuestiones de filosofía política, es natural que la teoría rawlsiana se haya hecho acreedora a numerosas críticas, dos de las cuales me parecen dignas de notar. Quiero hablar de ellas aquí, sobre todo porque ponen en relación la teoría de la justicia con problemas de gran relevancia tanto teórica cuanto práctica. Esto nos permitirá también comenzar a definir un fondo amplio en el que poder interpretar algunas de las características, a mi entender, más interesantes del proyecto Economía de Comunión.

El primer punto se refiere a la posición originada inicialmente en el ámbito de la filosofía feminista, que se centra en el problema de los ‘excluidos’.

La teoría de la justicia de Rawls define dos principios clave: el de ‘libertad’ y el de ‘diferencia’. El primero afirma que “cada persona debe tener derecho a la mayor libertad posible siempre que sea compatible con una libertad similar para otros”. El segundo establece que “las desigualdades económicas y sociales deben resolverse de modo tal que el máximo beneficio vaya a favor de los más perjudicados”. Tales principios, según Rawls, se alcanzarían a través de la estipulación de un contrato social, el cual constituiría el fundamento de una sociedad ‘bien ordenada’. 

Esta visión, centrada en el concepto de contrato, se basa en la idea de que los hombres viven en sociedad para intercambiarse beneficios recíprocamente, y el contrato social no sería otra cosa que el sello de tal acuerdo. Sin embargo, y aquí surge la primera dificultad, es fácil comprender que no todos los ciudadanos están en condiciones de dar algo en ese intercambio. Pensemos por ejemplo en un enfermo grave, en un neonato, en un incapaz psíquico, o también en un pobre en condiciones de indigencia extrema.

Puesto que tales sujetos solo pueden recibir y no tienen nada que dar (aparentemente), entonces no están llamados a suscribir el contrato social. Son los llamados ‘excluidos’. Esta conclusión, según algunos, transforma el punto de vista de Rawls en ‘una cuestión de caridad y no de justicia’.

El segundo punto concierne, en cambio, a la crítica que lanzó inicialmente Peter Singer y que desembocó en la línea de pensamiento de la llamada Global Justice (Justicia Global), sostenida principalmente por Charles Beitz y Thomas Pogge, alumno de Rawls1.  El tema principal de la ‘justicia global’ se refiere a la justicia internacional con todos los problemas conectados a las relaciones morales entre sujetos individuales e institucionales, que están separados entre sí por las fronteras nacionales. Según Rawls, el contrato social es un contrato nacional, es decir que crea un vínculo exclusivamente entre los ciudadanos de un estado nacional y por lo tanto no crea ninguna deuda moral entre los ciudadanos de los países ricos y los de los países en estado de subdesarrollo. También aquí la justicia resulta un hecho exclusivamente interno y no internacional.

La cuestión de los excluidos y la de la justicia global hacen que brillen, por contraste, en toda su importancia y novedad dos aspectos del proyecto EdC: la decisión de considerar a ‘los excluidos’, a los pobres, como sujetos activos del proyecto y no como objeto de beneficencia, y la de hacer concretamente una redistribución global de la riqueza con  independencia de toda consideración de carácter nacional o de frontera.

No queremos ciertamente afirmar que de este modo se puedan superar todas las limitaciones de la aproximación rawlsiana, sino más bien que una comparación con esa teoría nos puede ayudar a captar más plenamente la novedad y la carga profética del proyecto EdC.

1 Cfr. Beitz, C., (1979). Political Theory and International Relations. Princeton: Princeton University Press e Pogge, T., (ed.), (2001b), Global Justice, Oxford: Blackwell

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