Con la EdC, más allá de la crisis


Con la EdC, más allá de la crisis

por Luigino Bruni
extraido de "Economía de Comunión - una nueva cultura"  n.29 - septiembre 2009

Los años 2008 y 2009 serán recordados como los años de la crisis económica global, una crisis que hunde sus raíces  Luigino_Brunien la transformación del sistema económico, que se basa cada vez menos en la economía real y cada vez más en la economía financiera. Ha quedado en evidencia un sistema frágil, vacío, que concentra la riqueza en manos de unos pocos y descarga los costes sobre la colectividad. Es la manifestación más dramática de un proceso que, a lo largo de los dos últimos siglos, ha llevado a sustituir la búsqueda colectiva del bien común con la búsqueda personal del bienestar privado a cualquier precio.

Creemos que la crisis actual no es sólo, ni siquiera principalmente, de tipo económico, sino sobre todo cultural y moral, que abarca nuestro estilo de vida y nuestras relaciones con los bienes y con los otros. Con la llegada y el desarrollo de la sociedad industrial y tecnológica, nos fuimos haciendo progresivamente la ilusión de que podríamos “inmunizarnos” de las relaciones personales y de las “heridas” que inevitablemente nos producen los otros, tratando sobre todo de acumular dinero como medio de satisfacción de las necesidades, como signo de “status” y como “mediación” en las relaciones. De ahí surge el endeudamiento en cadena y la loca carrera del consumo, así como el hecho de confiar nuestras “seguridades” al dinero. Pero no nos hemos dado cuenta de que, al distanciarnos de las relaciones humanas, nos hemos hecho inmunes a la felicidad misma, que sólo puede ser vivida en el encuentro dramático con los otros. Es necesario que se produzca un cambio, sobre todo en la cultura. Un cambio invocado y esperado durante este último año como no había ocurrido nunca antes.

La historia demuestra que los grandes cambios, también en economía, han venido de los carismas, de los dones que la Providencia ha suscitado para ofrecer respuestas y señalar caminos a los hombres y mujeres en tiempos de crisis. Desde San Benito hasta Gandhi y desde Francisco a Don Milani, los carismas han sido respuestas concretas a necesidades concretas. No ideologías, sino actos de amor.

Estamos convencidos de que la EdC es uno de estos dones que el Espíritu ha suscitado, dentro del Movimiento de los Focolares, en estos tiempos de crisis epocal, en los que la economía de mercado está tratando de superar el capitalismo (el beneficio como objetivo de la empresa y el consumo como objetivo del ciudadano), salvando la carga de civilización que lleva la economía de mercado. La referencia e las empresas de la economía de comunión (nº 46) en la última encíclica de Benedicto XVI “Caritas in Veritate” es un gran signo de esperanza y un estímulo para que todos nosotros prosigamos con mayor fuerza y generosidad en el camino emprendido.

La historia
Atravesando la ciudad de Sao Paulo (Brasil) en mayo de 1991, Chiara Lubich –fundadora del Movimiento de los Focolares- quedó impresionada al ver personalmente, junto a una de las mayores concentraciones de rascacielos del mundo, grandes extensiones de “favelas”. Al llegar a la Ciudadela del Movimiento que está cerca de Sao Paulo, la Mariápolis  Araceli (hoy Mariápolis Ginetta), se daba cuenta de que la comunión de bienes que se había practicado en el Movimiento hasta entonces no era suficiente ni siquiera para aquellos brasileños, tan cercanos a ella, que vivían situaciones de emergencia.

Impulsada por la urgencia en proporcionarles alimento, techo, medicinas y, si es posible, también un trabajo y llevando en el alma la encíclica de Juan Pablo II “Centessimus Annus” que acababa de publicarse, lanzó la Economía de Comunión:

«Aquí deberían surgir industrias, empresas cuyos beneficios sean puestos en común libremente con la misma finalidad que la comunidad cristiana: en primer lugar para ayudar a los que padecen necesidades, ofrecerles trabajo, en fin hacer que no haya ninguno en la indigencia. Después los beneficios servirán también para desarrollar la empresa y las estructuras de la ciudadela, de modo que pueda formar hombres nuevos: ¡sin hombres nuevos no se hace una sociedad nueva! Una ciudadela así, aquí en Brasil, con esta llaga de la desigualdad entre ricos y pobres, podría constituir un faro y una esperanza.» (29 de mayo de 1991).

El “sueño” de entonces se está haciendo realidad, en medio de las contradicciones de nuestro tiempo. Se han creado empresas y actividades, no solo en Brasil sino en muchos países del mundo. Se han constituido parques empresariales en varias ciudadelas. Empresas que ya existían se han sumado al proyecto, modificando su estilo de gestión empresarial y el destino de sus beneficios.

La utilización de los recursos
El proyecto EdC es mundial y único y se articula, de acuerdo con el principio de subsidiaridad, a nivel local o de zona.

Cada una de las empresas adheridas al proyecto destina sus propios beneficios siguiendo tres direcciones a las que se les atribuye igual importancia, para conformar a la situación empresarial la invitación de Chiara de dividir los beneficios en tres tercios: uno para consolidar la empresa, otro para ayudar a los necesitados y otro para la formación de hombres nuevos.

De la gestión de estas dos últimas partes se encarga la Comisión Internacional de la EdC, que evalúa las peticiones y las necesidades que llegan de todo el mundo y destina los recursos a actividades de ayuda directa a personas necesitadas y, en similar medida, a actividades de formación en la “cultura del dar”.

La parte de los beneficios que se queda en la empresa es invertida por ella misma para su funcionamiento y desarrollo, con el objetivo primario de crear nuevos puestos de trabajo.

Las actividades de ayuda a los necesitados se financian también con donaciones personales espontáneas de los miembros del Movimiento de los Focolares, realizando de este modo una experiencia de comunión no sólo entre empresas, sino “de pueblo”.

El objetivo primario de los proyectos de desarrollo y asistencia que se realizan en el ámbito de la EdC es el de contribuir a construir relaciones de fraternidad y de reciprocidad entre personas y comunidades. Por este motivo la ayuda que se ofrece nunca cubre todas las necesidades, sino que es un complemento a los recursos propios de quienes reciben la ayuda y de las comunidades locales en las que se encuentran.

Se intenta, antes que nada, vivir la comunión de bienes en cada comunidad, haciendo circular lo que cada uno tiene de superfluo y que puede ser útil para otros. No es infrecuente que esta comunión vivida localmente consiga resolver algunas situaciones de necesidad y reducir las peticiones de ayuda.

Sin esta pre-condición ninguna intervención externa permitiría salir de las trampas de la indigencia. En algunos casos las ayudas externas incluso podrían empeorar la situación, creando círculos viciosos de asistencialismo.

En este sentido, una característica de las intervenciones es la relación personal que se trata de construir entre quienes administran las ayudas sobre el terreno y sus destinatarios, que muchas veces lleva a compartir también los sufrimientos más profundos.

Esta estrecha relación de colaboración y comunión hace que cada año sean muchas las personas ayudadas que sienten el deseo de corresponder al don recibido de distintas maneras y en cuanto pueden mantenerse autónomamente renuncian a la ayuda para ofrecerla a los demás.

Cuando se consigue vivir la reciprocidad del don, no es raro que las personas empiecen a sentirse ya fuera de la situación de malestar que vivían antes. Se estimula la autoestima y el espíritu de iniciativa para volver a ver la vida con confianza. Por eso tratamos cada vez más de prever ya desde el momento en que se proyectan las intervenciones de ayuda, la manera más adecuada de estimular esta reciprocidad.

Los destinatarios de las ayudas casi siempre contribuyen a la acción con una parte de los recursos económicos necesarios. Por ejemplo, algunos estudiantes buscan un trabajo a tiempo parcial para pagar los gastos de manutención y alojamiento en la universidad; otros, cuando ponen en marcha una microempresa, al principio renuncian a una parte del sueldo para destinar esos recursos a la propia actividad.

Muchos de los destinatarios de las ayudas se comprometen desde el principio a hacer algo por los demás, para corresponder indirectamente a la ayuda recibida: algunos dan clases de refuerzo escolar para niños, otros echan una mano en las actividades de un centro social para ancianos, etc.

«Durante algunos años hemos estado recibiendo ayuda, por lo que sentimos una grandísima gratitud. Hemos construido la casa mientras iban llegando nuestros cinco hijos que han enriquecido nuestra familia.
Sentimos que Dios siempre ha estado muy cerca de nosotros y que ha recompensado generosamente nuestro “sí” a la vida. Nuestra casa no es grande y no está terminada, pero tenemos todo lo necesario. Tenemos también un huerto, útil para nosotros y para los niños. También tenemos un medio de transporte, necesario porque los medios públicos casi no existen.
Recientemente nuestra situación financiera ha mejorado y por ello ya no necesitamos la ayuda. Además de la ayuda concreta, hemos experimentado que el hecho de disponer de dinero fruto de la comunión de bienes, que es “capital de Dios”, ha sido educativo para nosotros y para nuestros hijos. Damos gracias una vez más por la ayuda que nos ha hecho experimentar el amor de Dios a través de los hermanos».
Sudeste de Europa


Las 28 familias a las que hemos ayudado no solo han conseguido tener comidas diarias con regularidad o arreglar sus casas, sino también crecer juntos en la fraternidad, la solidaridad y la reciprocidad. Uno de ellos se ha puesto a disposición para ayudar en la cocina durante los encuentros de formación de la comunidad y las familias que han recibido ayuda para arreglar su casa ofrecen alojamiento a otras personas necesitadas de apoyo para recibir cuidados médicos o de otro tipo y para las reuniones de la comunidad. Muchos están más atentos a las necesidades de los otros y comparten entre ellos lo que tienen, ayudando concretamente con su tiempo, por ejemplo a blanquear las casas o sencillamente ofreciendo una taza de arroz a los que carecen de él.
Sao Paulo (Brasil)

La gestión de los proyectos y la formación de los responsables locales
La experiencia adquirida en estos años refuerza el deseo de ayudar a cada uno de la mejor manera posible, no solo encontrando la solución más adecuada para él, sino tratando de hacerlo con competencia y preparación. Esto conlleva una evaluación cuidadosa de las intervenciones realizadas en el pasado, de las que aprender para el futuro, y una formación continua de los operadores encargados de gestionar las actividades de ayuda sobre el terreno.

En 2008 ya hemos realizado algunos seminarios de formación para operadores locales en Brasil, en los que han participado más de 50 personas. En 2009 se está preparando un seminario de formación en cooperación y gestión de proyectos, que tendrá lugar en febrero de 2010 en Brasil.

A continuación nos hacemos eco de algunas noticias relativas a los proyectos realizados en años anteriores, que nos llegan de las comisiones locales de la EdC y que muestran este camino hacia una preparación cada vez mayor en la gestión de los proyectos:

Brasil, Ingresos complementarios, Sao Paulo
Según las necesidades, las ayudas se distribuyen mensual o bimestralmente, de manera que pueda hacerse un seguimiento de la situación de cada beneficiario en particular. El trabajo de gestión de los dos proyectos ha sido realizado por 7 personas encargadas que habitan cerca de los beneficiarios y que sirven de referencia para estos proyectos. Han desarrollado su trabajo en modo voluntario, asumiendo los correspondientes costes. Ahora sentimos la necesidad de mejorar ulteriormente este aspecto, con la contratación de una persona a tiempo completo para seguir la gestión de los proyectos.

México
El trabajo hecho el año pasado, en el que hemos evaluado juntos en profundidad la situación de cada persona que recibe ayuda, continúa dando frutos. La metodología que tratamos de seguir se articula en tres momentos: 1) identificar las necesidades; 2) comprender si pueden ser satisfechas a través de la comunión de bienes de las comunidades locales; 3) donde se ve necesaria una ayuda de parte de la EdC, hacer presente la procedencia de la ayuda. Buscamos reforzar la ayuda económica con una formación en la cultura del dar, sobre todo para los más jóvenes, con el objetivo y la esperanza de que lleguen a ser en el futuro verdaderamente “hombres nuevos” y puedan a su vez contribuir a ayudar a los demás.

De la empresa a la comunidad
Una de las características de la EdC consiste en tratar de hacer de la comunión no solo una manera de administrar los beneficios, sino un estilo de vida y de gestión empresarial, a todos los niveles: dentro de la empresa, con clientes y proveedores, con instituciones públicas y con los competidores. De este modo el compartir no se queda solo en la última parte del proceso productivo, en la utilización de la riqueza producida, sino que inspira desde el principio la manera de generar riqueza. A este propósito, reproducimos las experiencias de dos empresas que operan en el Este de Europa.

El valor de la legalidad
«Cuando decidí abrir una nueva empresa de proyectos medioambientales, muchas personas me advirtieron de que, sin tener relaciones privilegiadas con empleados públicos, sería imposible alcanzar el éxito y sobre todo conseguir contratos públicos.
De todos modos, los accionistas decidimos seguir el camino “limpio”, participando en subastas públicas pero sin componendas, sin ofrecer a los administradores ningún tipo de favor, aun a riesgo de no obtener nada.
Cuando ganamos el primer gran concurso público y llegó el momento de firmar el contrato, puntualmente nos llegó una solicitud de soborno, bajo amenaza de no recibir la información necesaria para el desarrollo de nuestro trabajo. Tras una discusión delicada con el grupo de empresas asociadas al proyecto, decidimos no pagar ningún soborno.
Nuestra decisión no tuvo consecuencias: obtuvimos el contrato, todos los datos relativos al proyecto y pudimos concluir con éxito nuestro trabajo.
Esta experiencia nos dio ánimos y seguimos adelante con la misma estrategia.
Tratamos de mantener una línea clara de rechazo, pero inentando al mismo tiempo de no dar a nadie con la puerta en las narices a nivel de relación personal.
Hace poco tiempo, en contra de cualquier previsión, nos adjudicaron un trabajo para el que nos ofrecimos junto con otras empresas asociadas.
Nos preguntamos cómo era posible, puesto que los demás competidores habían ofrecido precios mejores.
Entonces descubrimos que uno de nuestros socios, sin saberlo nosotros, había presionado a un funcionario público para que cambiase los documentos del concurso y la adjudicación recayese sobre nosotros.

Fue un duro golpe para nosotros, pues sentimos que nuestros amigos nos habían tendido una trampa. Después de hablar con el socio en cuestión, que amargamente reconoció su acción deshonesta, intentamos el todo por el todo: antes de que se oficializase la adjudicación del trabajo nos dirijimos al funcionario público para que admitiese a las otras empresas en el concurso. Evidentemente perdimos el trabajo, pero encontramos una relación de verdad y de renovada amistad y confianza con nuestro socio, quien ha firmado idealmente ante nosotros una declaración de honestidad.

A causa de nuestra línea, no hemos obtenido algunos proyectos que incluso eran muy importantes y esto ciertamente no nos ha dejado indiferentes. Pero a veces me pregunto qué habría sido de nuestra empresa se hubiéramos seguido otro camino. ¿Tal vez si hubiéramos seguido las “prácticas habituales” tendríamos más colaboradores y nuestros salarios serían más altos? ¿O tal vez tendríamos que afrontar algún serio problema judicial?
Con las empresas con las que colaboramos más estrechamente, se está estableciendo una nueva cultura, fresca y liberadora. Empezamos a hablar también de estos temas tabú y nos animamos a seguir por este camino ».

Llevar la empresa entre tres
T: «Nuestra empresa se fundó en el año 1991. Después, en 1999, I. entró como segundo socio. Para mí es fundamental llevar la empresa entre tres: los dos socios y Dios. Todas las decisiones importantes las tomamos juntos. Una vez fui a hablar con I. para proponerle la compra de un pabellón, que nos era necesario para almacenar materiales. Yo ya lo había visto y me parecía la solución idónea: estaba cerca, no costaba mucho, etc.; incluso estaba pensando en la fórmula para financiarlo.
Al llegar ante I. con esta propuesta ya lista, en el fondo pretendía que él simplemente me dijera “adelante”. Pero sentí que esto no era comunión. Así que dejé en el coche toda la documentación y entré con el único deseo de hacer una experiencia de unidad.
Cuando le presenté mi punto de vista, I., con mucha delicadeza, me dijo que no le parecía una buena decisión. A mí no me resultaba fácil renunciar a mi idea, pero en aquel ambiente comprendí que no había que dar ese paso. Un año después quedó muy claro que la decisión que tomamos juntos fue la mejor para nuestra pequeña empresa».

I: «Una parte del salario de nuestros colaboradores está ligada a su rendimiento personal. Uno de ellos tenía una discapacidad mental.
Les expliqué a todos que para mí sería mucho más fácil despedirle que trabajar con él y les pedí a todos que le dispensaran una atención especial, que le ayudaran.
Después de un tiempo ellos mismos propusieron repartir toda la productividad obtenida en conjunto a partes iguales entre todos los empleados. Un gesto muy hermoso».

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