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Soros, los peligros del sistema de crédito social chino y la analogía con Black Mirror

Comentarios de "Il Sole 24 Ore" - Mind the Economy, nueva serie de artículos de Vittorio Pelligra.

Vittorio Pelligra

Original italiano publicado en el Sole 24 ore del 03/02/2019

La noticia circula desde 2014, pero ha vuelto a captar la atención de los observadores después de que George Soros la haya convertido en el centro de su discurso en el Foro Económico Mundial de Davos, la semana pasada. “Quiero llamar vuestra atención – dice Soros durante una cena privada – sobre el peligro mortal a que tienen que hacer frente las sociedades abiertas a causa de los instrumentos de control que el “machine learning” y la inteligencia artificial pueden poner en las manos de los regímenes represivos. El sistema de crédito social chino no está aún plenamente operativo, pero ya está claro hacia dónde vamos. El destino individual estará subordinado a los intereses del Estado-partido de una forma que la historia todavía no ha conocido”. Estas son las alarmantes palabras de Soros a propósito del “sistema de crédito social”, el mecanismo que el Gobierno chino lleva tiempo experimentando para evaluar, mediante un complicado sistema de feedbacks y ratings, la “fiabilidad” de sus ciudadanos.

El mecanismo es sencillo y se basa en una idea tan vieja como el mundo: la “reputación”. Desde las sociedades primordiales, pasando por las primeras experiencias de interacción económica a larga distancia, hasta las modernas plataformas de e-commerce, el capital reputacional ha hecho posible la explosión de los intercambios comerciales, minimizando su riesgo y multiplicando las oportunidades de obtener ganancias. La misma lógica que nos hace volver al mecánico o al peluquero “de confianza”, posibilita hoy los millones de transacciones que se producen en Amazon o Aliexpress. Para que un mecánico se convierta en nuestro mecánico “de confianza” debemos jugar con él un juego repetido; día tras días valoramos su fiabilidad y ambos sabemos que a la primera faena la relación se interrumpirá. De esta manera, el mecánico, a pesar de la asimetría informativa que lo sitúa en clara ventaja con respecto al cliente, deberá elegir entre un fuerte, pero único, ingreso o un beneficio menor pero repetido en el tiempo. La teoría de juegos, sobre todo el folk theorem, muestra que bajo determinadas condiciones el mecánico tendrá un fuerte incentivo a invertir en reputación. Es decir, renunciará a una ganancia inmediata y preferirá una ganancia mayor pero diluida en el tiempo. El comercio electrónico se basa en la misma lógica, con la diferencia de que la información sobre la reputación del vendedor ya no se limita exclusivamente a la relación personal entre las dos partes, sino que, gracias a la red, se ha hecho pública. Con un costo prácticamente nulo, cualquier potencial comprador puede conocer la historia pasada y la fiabilidad de cualquier potencial vendedor. Este elemento ha permitido un crecimiento exponencial del incentivo reputacional.

Pero cuando un régimen no plenamente democrático aplica extensivamente la misma lógica más allá de la esfera de los intercambios económicos, surgen los problemas. Nuestra huella digital, las imágenes de las cámaras de seguridad, las valoraciones de conocidos y vecinos, los comentarios en las redes sociales, los programas de televisión, el tiempo que pasamos con videojuegos, las cosas que compramos, todo eso podrá ser procesado instantáneamente por sofisticados algoritmos para definir nuestro nivel de “fiabilidad”, nuestra puntuación personal. Esto es lo que hay en la base del “sistema de crédito social”. El gobierno chino cuenta con utilizar esta puntuación para garantizar o excluir a los ciudadanos y a las empresas del acceso a determinados servicios. Acabar en la lista negra significa, por ejemplo, no poder viajar el extranjero, no poder alojarse en determinados hoteles, no poder matricular a los hijos en determinadas escuelas, disponer de una conexión lenta a Internet o incluso sufrir penalizaciones en las webs de citas online.

Hace años, durante un viaje a Cuba con motivo de una serie de conferencias, las personas que me invitaron me pusieron en guardia acerca de la posible presencia de infiltrados entre la audiencia. Era habitual que informadores del partido se introdujeran en las aulas universitarias para valorar la aceptabilidad del mensaje transmitido por los ponentes. Como era habitual que en cada vecindario hubiera alguien, cuya identidad era desconocida para la mayoría, encargado de verificar los movimientos de los vecinos, sus visitas y sus costumbres. Hoy, gracias a la red, este ojo escrutador se ha hecho potencialmente omnisciente, y no solo en Cuba o en China.

Si alguien quiere hacerse una idea de cómo se podría vivir en una sociedad fundada sobre el “sistema de crédito social” no debería perderse “Nosedive”, el primer episodio de la tercera temporada de la serie británica “Black Mirror”. Centrado en las relaciones entre tecnología y vida cotidiana, los autores de este episodio ponen en escena de forma eficaz la ambigua dualidad de unas relaciones sociales orientadas por un sistema de evaluación tan penetrante que se hace angustioso. La puntuación individual permite obtener descuentos en el alquiler o acceder a puestos de trabajo mejores, pero también, por debajo de un determinado umbral, puede convertir a alguien en un paria social, cuya cercanía todos evitan.

¿Cuánto se parece el proyecto chino a la distopía de “Nosedive”? Todavía no está claro, puesto que no se conocen todos los detalles del proyecto, que solo estará plenamente operativo en 2020. Pero ciertamente el parecido es inquietante, sobre todo teniendo en cuenta que el sistema chino no estaría descentralizado sino enteramente en manos del poder político.

Es una pesadilla para quienes sueñan con sociedades cada vez más abiertas y liberales. Pero esta pesadilla quizá pueda ayudarnos a abrir los ojos y a reconocer las semillas reaccionarias y despóticas presentes ya hoy en nuestras sociedades occidentales.

Nuestros registros de impagados ¿no se basan en el mismo principio? ¿No es una determinada puntuación, la entidad de la cuenta bancaria en este caso, la que nos abre o cierra, en la práctica, ciertos servicios como colegios de calidad, servicios sanitarios eficientes, barrios seguros, relaciones sociales, etc.?

Por una parte, la puntuación individual y por otra, la cuenta bancaria. Las crecientes desigualdades nos están llevando a sociedades cada vez más estratificadas y diferenciadas no solo económicamente, sino también en cuanto a derechos y oportunidades. Haber idolatrado durante décadas la idea de “libertad negativa”, como diría Isaiah Berlin, es decir la libertad de coerción y no haber promovido con el mismo empeño y convicción la “libertad positiva”, es decir la libertad de poder vivir una vida digna, ha hecho explosionar en nuestras sociedades del bienestar océanos de malestar, de oportunidades negadas por una falsa y mistificadora meritocracia que todo lo premia excepto el mérito.

Ojalá la preocupación de Soros por la deriva china represente, antes que nada, una advertencia para nosotros, una ocasión para reflexionar sobre las implicaciones de nuestro modelo social y económico, sobre la resistencia y la real progresividad. Si, como sugería el filósofo de la política John Rawls, la calidad de una democracia se mide por las condiciones de aquellos que peor viven, ¿podemos sentirnos verdaderamente satisfechos con nuestro modelo democrático? Tal vez esto nos ayude a interpretar también de forma más consciente y profunda y a ver bajo una luz diferente el panorama (post)ideológico y los movimientos que agitan la política occidental. Y así evitar el “nosedive”, la caída libre, que sin embargo parece acercarse rápidamente.

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