Antonella Ferrucci: ¿Qué espera de la nueva encíclica, desde el punto de vista de la EdC?
A.F.: En este contexto ¿qué significado tiene la EdC?
L.B.: La EdC representa una propuesta importante y estoy convencido de que su experiencia se verá reforzada desde el punto de vista cultural. Es cierto que la EdC no se sitúa fuera del mercado, sino que se mueve dentro de él. Pero, al mismo tiempo, el hecho de proponer que los beneficios sean puestos en comunión, supone una crítica radical al postulado principal de la economía capitalista: la obtención privada del beneficio de la empresa. Desde 1991, la EdC (que nació a la vez que la última encíclica social) vive el mensaje del concilio en la economía, puesto que concibe la economía como expresión de un pueblo, como expresión de fraternidad, reciprocidad y laicidad responsable y solidaria.
A.F.: ¿Cuál podría ser el mensaje más destacado de la encíclica?
L.B.: No he leído la encíclica, pero a juzgar por la obra de Benedicto XVI y por el debate que ha ido preparando a lo largo de los últimos años la aparición de este documento, espero que vuelvan a situarse en el centro del mercado y con él de la sociedad (hoy ya no es posible separar el mercado del ámbito civil y político), dos principios fundantes de la tradición cristiana: la gratuidad y la reciprocidad. El cristianismo inventó la gratuidad, que es una declinación del ágape y la gracia (charis) y puso la reciprocidad en el centro del nuevo pueblo: “amaos unos a otros”. La clave del cristianismo no está ni el altruismo ni en la filantropía, sino en la reciprocidad. Estas dos categorías (gratuidad y reciprocidad) han sido las más combatidas por el capitalismo. Yo espero que vuelvan a situarse en el centro de los mercados y las empresas. Sin gratuidad, no queda espacio para la vida espiritual; sólo para el nihilismo. La gratuidad, las prácticas de gratuidad, son el “músculo” para vivir la vida interior y con ella la fe. Sin reciprocidad no hay comunidad y sin comunidad agápica no hay cristianismo. Yo espero que aquellos que, al igual que la EdC y gran parte de la economía civil y social, han encauzado su propia vida económica en torno a la gratuidad y la reciprocidad, encuentren en esta encíclica dignidad teórica y un fuerte impulso para seguir adelante.
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