Gianfranco Fabi
publicado en Il Sole 24 ore del 18 de junio de 2009
Una vía italiana hacia la economía de mercado. Podría pensarse que es una hipótesis ambiciosa, sobre todo en un momento como el actual, en el que la crisis de la economía global corre riesgo de entrar en una recesión estructural de larga duración. Sin embargo, cada vez parece más evidente que es necesario un salto cualitativo de tipo cultural, a la vez que una discontinuidad interpretativa, para intentar volver a juntar los pedazos rotos de la economía.
“La empresa cívica” es el título del libro en el que Luigino Bruni trata de ir más allá de la tradicional visión “macro” de la economía de mercado, para buscar un nuevo camino en el que el enfoque antropológico tenga un puesto de primera fila. Y lo hace dando un paso hacia adelante en relación con la visión tradicional de la responsabilidad social de la empresa e incluyendo en el lenguaje económico elementos como la gratuidad, la felicidad y la fraternidad, que hasta ahora habían sido interpretados con otra lógica y desde otros puntos de vista.
No se trata simplemente de humanizar la economía y menos aún de limitarse a ampliar el “tercer sector” que agrupa a todas las actividades que no tienen una referencia inmediata al beneficio. Se trata de hacer que “la fraternidad, la reciprocidad y la felicidad pública se conviertan en un proyecto civil y político, en un nuevo pacto social”.Hablar de “empresa cívica” implica recuperar el espíritu originario de un filósofo y economista italiano, Antonio Genovesi, ciertamente menos conocido que Adam Smith o Karl Marx, pero que con su obra “Lecciones de comercio, o sea de economía civil” puso de relieve la estrecha relación que existe entre la economía y los valores humanos. Genovesi puso de manifiesto ya en la segunda mitad del siglo XVIII que para mejorar el bienestar y aumentar el consumo sería necesario promover por todos los medios la cultura y la civilización. Sostenía la autonomía de la razón y la afirmación de la libertad. Daba mucha relevancia al papel de la educación y al desarrollo de las ciencias y las artes, y exaltaba la importancia del trabajo para el bien de los individuos y de la sociedad.
Una economía capaz de fundarse en los valores de la humanidad puede ofrecer no solo una respuesta a las necesidades más auténticas de los individuos, sino también el vínculo que haga posible su relanzamiento. Ese vínculo es la confianza (la “fe pública” citada por Genovesi), cuya ausencia se considera una de las principales causas de la actual crisis global. Bruni escribe a este propósito: “Hoy en occidente el recurso económico que escasea en la sociedad (no solo en la economía) de mercado es la relación interpersonal auténtica, no meramente instrumental y contractual, a la que podemos también llamar “fraternidad”.
No se trata únicamente de ver la economía con rostro humano, sino también y sobre todo de recuperar el mercado, el capital y la propiedad privada como los mejores instrumentos, siempre que no dejen de ser instrumentos, que las personas y la sociedad pueden utilizar para el bien colectivo, un bien que supera y sobrepasa a los capitales y a las “cosas”.
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