Austeridad. Palabra a la defensa

Benedetto Gui, docente de economía política de la universidad de Padua imagina un diálogo, bajo la forma de un proceso, sobre las políticas europeas e italianas adoptadas para afrontar la crisis económica de varios países del viejo continente.

de Benedetto Gui

publicado en  Città Nuova.it el 30/01/2013

Borse_austerity_ridLa austeridad tiene pocos amigos últimamente. En la campaña electoral italiana contra las políticas de rigor en las finanzas públicas se alzan voces cada vez más fuertes, sea de izquierda como de derecha. Como si no bastasen las protestas provenientes desde el sur de Europa, donde la desocupación toca los niveles más altos de las últimas décadas y el poder adquisitivo de las familias tiene inmediatamente muchos recortes, ahora las críticas comienzan a llegar también desde el norte, donde en cambio la crisis ha golpeado poco o nada (pero podría ser vista). También el presidente del Parlamento Europeo, el alemán Martin Schulz, recientemente, ha dado a las políticas de rigor un “voto de insuficiencia”, en el sentido que aquellas políticas no bastan para la rehabilitación de Europa. Ante la prospectiva de una condena del pueblo a la austeridad, propongo a los lectores concederle al menos un proceso regular, breve, vestido como ministerio público. Articularé así esta contribución con ministerio público (PM) y una imputada, la austeridad (A).

PM:¿Admite usted que con su aparición los puestos de trabajo desaparecen y las familias se empobrecen?

A: «No es verdad, mis efectos, bajo condiciones oportunas, son exactamente opuestos, pero se ven en el largo plazo»

PM: «En el largo plazo estaremos todos muertos», decía Keynes. Más bien, parece que su llegada acelera la muerte…

A: «Admito ser, en lo inmediato, una medicina dolorosa y a veces también debilitante (alguno me ha comparado con la quimioterapia). Y admito también que en la dosis del fármaco hay una cantidad excesiva de impuestos, más que un corte de gastos. Sin embargo, sin mí no hay esperanza de cambio cuando un país ha perdido la confianza en sus financistas. Miren como ha disminuido la tasa de interés que el Estado italiano debe pagar a quien le presta dinero: hoy es cerca de tres puntos porcentuales más bajo respecto al otoño de 2011, y miren que una diferencia de este género, si continua en el tiempo, vale 60 mil millones de euros de intereses al año, una cifra más grande que el déficit público».

PM: «Es muy buena para encontrar argumentos a su favor y esconder aquellos en su contra. Cuando usted llega es como un cubo de agua helada sobre la actividad económica porque significa menos producción, menos réditos y por tanto menos entradas fiscales. Al mismo tiempo aumenta el gasto público porque más gente sin trabajo significa más subsidios de desempleo y más derechos de emisión de los despidos, es decir, mayor gasto para el Estado. Basta mirar lo que ha sucedido este año. No obstante todos los sacrificios nos encontramos más endeudados que antes…»
 

A: «Su señoría, cuando una empresa está endeudada, también porque los dirigentes se pagan salarios muy atractivos, ¿cree que los bancos estén dispuestos a financiar una ampliación de las actividades solo porque hay un plan de desarrollo que habla de prospectivas asombrosas? Ni en sueños! Primero querrán ver un buen corte a esos salarios y a muchos otros gastos. Después, una vez subsanada la gestión corriente y restaurada la confianza, entonces se podrá hablar también de nuevos préstamos».

PM: «Un país entero es mucho más complicado que una empresa. Si la administración pública no gasta, si los consumidores, asustados y empobrecidos, no consumen, si las empresas, sobrecargadas de impuestos y en presa del pesimismo, no hacen inversiones, la economía se enrosca sobre si misma. Usted, señora Austeridad, es una verdadera catástrofe»

A: «Si me hubiesen dejado funcionar por mi cuenta, después de una fiebre inicial hubiese sanado al paciente Italia. El problema es que contemporáneamente en España llegó mi prima Austeridad, en Irlanda su hermana Austerity y así sucesivamente en media Europa. Lo ha reconocido también el Fondo Monetario Internacional: es un error aplicar el rigor contemporáneamente a un pedazo de mundo demasiado grande. Si en Italia se vendía menos, nuestras empresas hubiesen ido a buscarse clientes fuera de las fronteras – y lo han hecho – pero en muchos otros países alrededor los compradores habían desaparecido de la circulación»

PM: «No busque descargar sus culpas sobre otros…»

A: «En cambio es éste justamente el problema. Estamos en una unión monetaria, por tanto un país que debe recuperarse no puede siquiera devaluar su moneda para ganar competitividad. Entonces las cuentas vuelven solo si los países con buena salud y con un superávit de ventas al exterior sostienen la rehabilitación gastando más. Y si Alemania u Holanda no querían empujar el acelerador en su casa, al menos debieron aceptar que la Unión financiase los gastos de las naciones en dificultad con los euro-bonos».

Dejaría al lector la parte del juez en este proceso, disculpándome si he usado tonos un poco lúdicos para argumentos en realidad demasiado serios. En este modo quizás las situaciones se logran contar mejor.

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