Donde el ingenio crea el desarrollo


En el Nordeste de Brasil

Donde el ingenio crea el desarrollo

Benedetto Gui

publicado en Città Nuova n. 22/2008link.gif

Algunas significativas realizaciones de una comunidad que se activa a favor del crecimiento general de sus miembros más necesitados..

La camioneta de Edson pasa a ochenta kilómetros por hora, rozando las dos cortinas de hojas que en esta estación invaden el angosto camino de tierra que va de Redençao a Vazantes, un pueblito de aproximadamente dos mil habitantes.
Me cuesta creer que nos encontramos en pleno semi arido  brasileño,  sin embargo gran parte del territorio de la provincia de Ceará y las demás provincias limítrofes, es así.

La vegetación está constituida por arbustos verdísimos que cada tanto ceden lugar a pequeñas arboledas  y frutales de cajú, un árbol particularmente resistente a la sequía, que produce una semilla muy apreciada, la “castaña de cajú”. En los puntos más húmedos encontramos vastos esteros.

Yo diría que esta zona es, más bien, “semi húmeda”, le comento al padre Pedro Rubens, el joven rector de la Universidad  Católica de Pernambuco (que es nacido acá). El sonríe y explica que todavía estamos en plena estación de lluvias, que este año fueron muy abundantes, tal vez demasiado. Pero si alguien viene por acá dentro de ocho o nueve meses de sequía sin interrupción se da cuenta de los problemas de la gente, que debe sobrevivir en un clima inclemente e imprevisible. Es por eso que la gente abandona los pueblitos y se muda a las ciudades de la costa.

Hace como veinte años Fortaleza sólo tenía la cuarta parte de los tres millones de habitantes actuales. Los que llegan van a superpoblar nuevas “favelas”. Aunque sabiendo que los ranchitos de chapa van siendo de a poco cambiados por casitas de ladrillos más sólidas, las condiciones de vida, tanto desde el punto de vista económico omo social, siguen siendo muy precarias.  Detrás del boom del turismo sexual, en gran parte venido de Italia, está la desesperación de muchos habitantes del nordeste que no logran ver mejores vías de salida para su situación.

La primera etapa de la visita es una cooperativa de piscicultura, que utiliza las aguas de un gran lago artificial.
Nuestro guía se llama Dimas, un joven técnico agrario que está preparando, sobre esa actividad verdaderamente innovadora, una tesis de doctorado: ahora una decena de jefes de familia pueden por fin gozar de un trabajo digno y bien pagado; así el lago que abastece de agua la capital de provincia, dona también algún beneficio a las personas que viven acá, declara con una puntita de orgullo mientras nos muestra los peces que saltan dentro de grandes cajas de malla metálica que emergen a la superficie.

Es cierto que sin alguien que traiga acá la tecnología y competencias necesarias, que tenga capacidad de seguir el proyecto, que esté en grado de encontrar  financiamientos necesarios y se empeñe en dar soporte técnico y organizativo por un periodo de tiempo suficiente, difícilmente podrían florecer iniciativa como esa. Ese “alguien” es la Fundación fe y alegría, una Ong promovida por Jesuitas sudamericanos.

Segunda parada, una panadería, instalada en un pequeño local adaptado: en el fondo  dos hornos eléctricos y una sobadera, adelante un pequeño mostrador para atender a los clientes. Algunos jóvenes sonrientes  muestran el perfumado producto de su trabajo, que gracias a una kombi adquirida por la fundación, son distribuidos todos los días también en los pueblitos vecinos: un pequeño “lujo” que hace poco era inimaginable.

Una preciosa contribución técnica y organizativa  la está proporcionando  Pedro Adolfo, un joven ingeniero de Recife que es una especie de mano derecha del rector. Lo que lo ocupa en esos meses es el nuevo centro social, una sencilla construcción de un piso de dará lugar a una biblioteca, una sala de reuniones e una clase para enseñar informática. Cuando se logre encontrar el dinero para comprar algunas computadoras, esos chicos también podrán  transformarse en ciudadanos Internet. Al lado está pensada una huerta comunitaria, que permitirá a los habitantes practicar las técnicas de horticultura que pocos conocen.

Pedro, que a primera vista parece más un estudiante que un empleado, padre de dos hijos, está involucrado también en el proyecto de la Economía de Comunión (EdC), muy conocido por los lectores de ciudad nueva.

Acá en Ceará la contribución específica de la EDC a una vida económica orientada al crecimiento de la persona, empezando por los que tienen menos, parece pasar antes que nada por la colaboración fraterna y el intercambio de ideas y experiencias con otras organizaciones de la sociedad civil y eclesial.
fEntre ellas está Shalom, un vivísimo movimiento espiritual nacido hace menos de treinta años en Fortaleza. Algunos de sus miembros están comprometidos en promover una economía humana de reciprocidad, sea a través del trabajo sea a través de una acción cultural que difunda responsabilidad solidaria, sea constituyendo empresas que crean renta y puestos de trabajo a favor de los más indigentes; en todos los casos se han sumado a la idea y a la experiencia de la EdC (y viceversa).

El trabajo de la fundación convenció a las autoridades locales para no cerrar la escuela secundaria de Vazantes, decisión que habría dado otro golpe duro a las perspectivas de vida en el pueblo. 

La existencia de grandes masas de brasileños en condiciones de indigencia viene propiciada, además de por la vieja cuestión del la propiedad de la tierra, que se concentra en pocas manos, también por la incapacidad de los servicios públicos. Es significativo el hecho de que en una ciudad que queda a un par de horas de acá y que visitamos después, Quixadá, tanto el hospital como la Universidad fueron más fruto de la iniciativa de un obispo emprendedor que de los administradores locales.

Un informe del Banco Mundial sobre el Estado del Ceará alaba los grandes pasos dados en los últimos vente años  para mejorar las condiciones de los más pobres (por nombrar uno, la mortalidad infantil pasó del trágico numero de 150 por mil al más aceptable de 50 por mil) y atribuye buena parte del mérito al modo de obrar de de las administraciones públicas locales

Quizás el aspecto más significativo del proyecto Vazantes es una serie de pequeñas iniciativas apoyadas por el aporte voluntario de un grupito de animadores: un servicio de préstamo de juegos usados, anexado a un laboratorio donde los chicos pueden reproducir los mismos juegos con sus propias manos; varios grupos musicales, y una escuela que enseña el lenguaje de los sordos; una banda de Rock  y un grupo de baile folclórico.

Asistiendo al festivo espectáculo organizado para nosotros, pensaba que tiene razón, Amartya Sen, premio Nobel de economía por sus estudios sobre las características y el significado del desarrollo: el bienestar de  una colectividad no se mide con el producto per-capita, ni tampoco con el valor de de los bienes adquiridos y consumidos, sino con las operaciones que sus miembros logran obtener: desde nutrirse, defenderse contra enfermedades curables, la instrucción… hasta poder practicar un deporte, cultivar un hobby, y así sucesivamente.

Admirando la armoniosas evoluciones corales de esos chicos y chicas, espléndidos con sus variados disfraces, me pregunto qué podrían obtener sus familias con un poco más de poder adquisitivo: tal vez algún electrodoméstico moderno para la casa, o algún otro objeto publicitado en la tele, pero seguro que no les daría una experiencia colectiva como esa, en la cual los chicos cumplen un papel de actores ( la oportunidad de actuar y no solo de consumir, es otra palabra clave de la visión de Sen sobre el bienestar)

Pienso en todo lo que leí en los estudios sobre la felicidad, que depende muy poco de los bienes materiales y mucho, por el contrario, del significado que el individuo logre dar a las actividades que desarrolla y a su inserción en una red de relaciones interpersonales positivas.

Durante el viaje de vuelta pienso en esa versión moderna de las reducciones (las ciudades indígenas que los Jesuitas mismos fundaron en los confines meridionales de Brasil en el siglo XVII) y que hoy pude visitar: un pequeño pero significativo ejemplo de desarrollo humano integral.

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