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Programa para una Nueva Europa

Algunos puntos programáticos para hacer de la moneda común un instrumento para “crecer juntos”

Alberto Ferrucci

Original publicado en Città Nuova el 10/01/2019

Hace unos días un asteroide de un kilómetro de largo, con forma de hipopótamo, se acercó a tres millones de kilómetros de la tierra. Ahora se está alejando y volverá a visitarnos dentro de setenta años. ¡Quién sabe si para entonces volverá a ver la actual perla azul del universo o verá en cambio un planeta blanco brillante, envuelto en nubes perennes por el efecto invernadero!

Todo depende de nuestra generación, de que sepamos reaccionar a los conflictos sociales derivados del desequilibrio entre pobres y ricos, a la pérdida de esperanza en el futuro y al sentido de la innovación tecnológica y de la información; de que sepamos formular nuevos objetivos, empezando por el continente europeo que en los últimos dos milenios ha sido guía e inspiración para el desarrollo del planeta.

Faltan cinco meses para las elecciones al nuevo Parlamento Europeo, de donde podría nacer una Nueva Europa que sirviera de inspiración para el mundo entero. Pero todavía no hay ningún programa político que ofrecer a los confundidos cuatrocientos millones de europeos que podrán votar; ningún programa que represente un salto hacia delante con respecto al milagro de la presente Unión Europea, que, a pesar de todo, ha conseguido asegurar 70 años de paz entre naciones que antes estaban siempre en conflicto y que por ello recibió en 2012 el Nobel de la Paz. Una comunidad que fue concebida el siglo pasado por algunos intelectuales segregados y confinados en una isla por el partido fascista italiano y realizada después por los tres padres de Europa: De Gasperi, Schumann y Adenauer.

Este programa debería proponer una Constitución europea con un presidente y un ministro de finanzas común, así como un Banco Central con poderes para financiar obras comunes sin gravar el endeudamiento nacional.

Un programa que haga de la lucha contra el cambio climático una oportunidad para el desarrollo económico, imponiendo normas de ahorro energético sobre todo para las viviendas, así como infraestructuras para el uso futuro del hidrógeno como combustible no contaminante; disposiciones capaces de realizar grandes inversiones productivas de recuperación energética, utilizando también el ahorro privado actualmente invertido en las finanzas.

Un programa orientado a la lucha contra la evasión fiscal de las multinacionales, que desvían hacia sus filiales en países que ofrecen descuentos fiscales los beneficios obtenidos en los países donde venden sus productos, evitando de este modo contribuir a financiar los servicios públicos que utilizan.

El informe Oxfam dado a conocer en Davos afirma que el 82% de los beneficios del sistema económico mundial es producido por sociedades multinacionales que pueden, mediante la evasión, sustraer a los estados una parte relevante de los impuestos, obligándoles a reducir los recursos destinados a los servicios públicos: sanidad, educación, justicia, orden público y asistencia social, causando un creciente malestar y revueltas entre la población.

Los recursos sustraídos a la comunidad, en lugar de servir para crear trabajo y un nuevo desarrollo económico, van en provecho de financieros y ejecutivos que representan un poder económico con capacidad para condicionar al poder político.

La Nueva Europa podría transformar también la necesidad de desarrollo de África en una oportunidad, financiando a través del Banco central un Plan de formación y de desarrollo tecnológico del continente africano, que podría crear grandes oportunidades de trabajo en Europa por el suministro de la tecnología necesaria así como actividades locales que evitarían la necesidad de migrar por motivos económicos y por el cambio climático. Europa no sería la primera en hacerlo. China ya está efectuando grandes inversiones en África, pero no está claro si con este tipo de objetivos.

Sería urgente formular en cada sector un programa para una Nueva Europa basado en un “compromiso para crecer juntos”, que no exija compartir las deudas del pasado, que tanto teme la Europa del Norte, sino que vaya dirigido a la creación de riqueza gracias a la moneda común, que en lugar de un obstáculo pasaría a ser un recurso.

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