Entrevista a Stefano Bartolini, Leonardo Becchetti y Stefano Zamagni

por Antonella Ferrucci

Stefano_Bartolini_ridProfesor Bartolini, el largo editorial del Washington Post de ayer “The Italian Job” afirma que la economía mundial depende de Italia. Pero después de elogiar las medidas adoptadas por el gobierno Monti, el WP sostiene que Italia debe volver a crecer. En su libro “Manifiesto por la felicidad” usted sostiene que la degradación relacional, principal fuente de la creciente infelicidad, paradójicamente genera crecimiento. Si esto es así  ¿verdaderamente es necesario crecer? ¿Cómo pueden conciliarse estos dos aspectos, el “necesario crecimiento” y la búsqueda de la felicidad? ¿Existe un crecimiento compatible con la felicidad?

Sí, existe un crecimiento compatible con la felicidad. Depende de la “calidad social” del crecimiento y del modelo económico-social que se asuma. Cuando el crecimiento económico va asociado a un deterioro de las relaciones entre las personas, entonces la felicidad disminuye.

El caso americano lo demuestra: en los últimos 30 años los Estados Unidos han crecido mucho desde el punto de vista económico y paralelamente las relaciones entre los americanos se han deteriorado fuertemente. Las personas son hoy más infelices que hace 30 años. Por eso lo importante es adoptar modelos económicos y sociales que no asocien el crecimiento a un deterioro de las relaciones. Por ejemplo, el modelo europeo en comparación con el americano es de por sí más incluyente, produce menos precariedad.

Dicho esto, todavía quedan algunos grandes interrogantes para poder señalar el crecimiento económico como la vía de salida a los problemas de la deuda pública italiana. En primer lugar: ¿de verdad es posible crecer? El crecimiento económico ha ido disminuyendo en todos los países occidentales en las últimas décadas. Cada década demuestra un crecimiento económico medio más bajo que la década anterior y esto viene siendo así desde los años 50. El segundo interrogante es: ¿el crecimiento podría representar verdaderamente la vía de salida para la deuda pública italiana? Lo dudo mucho. En mi opinión funcionarían mucho mejor otras recetas. Una muy sencilla sería una inflación moderada, porque la inflación reduce el valor real de la deuda. Es una estrategia que se usó ampliamente en los años anteriores al euro.

Otro problema viene de la constatación de que el crecimiento económico genera gasto público. El gasto sanitario es un ejemplo de ello. Hay una amplísima literatura epidemiológica que demuestra que los bienes relacionales son una variable fundamental que determina la salud de las personas, de las comunidades y de países enteros. Los verdaderos factores de riesgo para la salud son sociales. Cuando vamos al médico a hacernos un chequeo, el médico nos pregunta si fumamos, si llevamos una alimentación sana, si hacemos ejercicio… Pero los estudios demuestran que hay factores de riesgo mucho más altos que tienen que ver con la deprivación social: las personas que viven solas o en situaciones conflictivas tienden a enfermar mucho más. Si para crecer adoptamos un modelo que conlleve un empobrecimiento de las relaciones, éste generará gastos. Una forma de reducir el gasto sanitario es mejorar la calidad de las relaciones entre las personas y esto se puede hacer de muchas maneras: es fundamentalmente una cuestión de organización social. La sanidad es, como se dice en mi tierra, “el desagüe del malestar social”, porque todos los problemas de malestar social, desde la soledad a los problemas de comunicación, acaban por convertirse en problemas sanitarios. Un ejemplo muy parecido a este es el de los gastos en seguridad: los problemas de malestar social acaban por transformarse en problemas de orden público que obligan a aumentar el gasto en seguridad. Así pues, mi receta para poner remedio al problema de la deuda pública italiana es la siguiente: construir una sociedad más cohesionada, en la que se faciliten las relaciones entre las personas. Esto contendrá el gasto público. En paralelo, el stock actual de deuda podría reducirse progresivamente con una moderada inflación.

Profesor Becchetti, las personas corrientes se siente impotentes frente a la crisis. ¿Hay algo que podamos hacer cada uno de nosotros en la vida diaria Leonardo_Becchetti_ridpara contribuir a salir de ella?   ¿Qué comportamientos virtuosos podemos adoptar a partir del 1 de enero de 2012 para hacer algo positivo y eficaz?

No podemos acusar a los poderes más grandes que nosotros, porque disponemos del enorme poder del consumo y del ahorro responsable. El mercado somos nosotros. Si en el mercado hay oferta y demanda, nosotros somos la demanda. Si mañana el 50% de los ciudadanos decidiera, cuando compra o cuando ahorra, premiar a las sociedades que están en vanguardia a la hora de conciliar el valor económico y la responsabilidad social y medioambiental, el mundo ya habría cambiado. Ya hoy, cuando la cuota de consumidores responsables es pequeña, las empresas se afanan en dar publicidad a sus comportamientos éticos, ya sean auténticos o presuntos. Muchas cosas más pueden cambiar, pero sólo si aprendemos a utilizar plenamente el potencial que tenemos. Y debemos hacerlo, porque esta es una forma de “autointerés de amplias miras”. No puede ser que nos quejemos de las condiciones de trabajo de nuestro país y después, a la hora de consumir, no prefiramos el producto de una sociedad que concilia mejor la tutela del trabajo y la eficiencia antes que el de otra que no lo hace. El mercado va donde le lleva la demanda. Muchas veces ocurre lo contrario: las empresas influyen artificialmente en la demanda. Pero debemos invertir esta relación, debemos ser nosotros quienes les digamos a las empresas lo que queremos.

¿Qué perspectivas ve? ¿Cuáles son  las ideas más interesantes e innovadoras para salir de la crisis a corto plazo?

Hay que actuar a varios niveles. El primero de ellos es la reforma de las instituciones financieras. En el mundo hay muchísimo dinero. El problema viene cuando se usa esta liquidez para lo que yo llamaría juegos de azar especulativos, en lugar de para financiar a más largo plazo a las empresas. Aquí es necesario crear mecanismos que incentiven el uso de la liquidez en la dirección virtuosa. Hay muchas maneras de hacerlo: un impuesto sobre las transacciones, normas sobre la capitalización de los bancos, coeficientes de Basilea, etc. Si no damos este paso fundamental, como ya ha ocurrido, despilfarraremos recursos. Por otro lado, en los momentos de crisis y de dificultad es necesario crear nuevas relaciones de confianza entre los países. Las relaciones de confianza son superiores a las relaciones de mercado donde a corto plazo hay un efecto rebaño, hay pánico… Desde este punto de vista la crisis actual podría haberse evitado si hubieran existido préstamos directos entre países a tipos subvencionados. Por lo que respecta al desarrollo en general, debemos aprender a crear valor económico de forma que sea sostenible desde el punto de vista medioambiental y social.

Un camino es sin duda la revolución verde: creación de puestos de trabajo en el ámbito de la eficiencia energética de las viviendas, introducción de los automóviles eléctricos, conversión a las energías renovables creando el “InterGrid”, una red de redes locales capaz de producir y vender energía al sistema global. Se pueden hacer muchas otras cosas para mejorar nuestras cuentas públicas. Por ejemplo casi nadie dice que el estado tiene un crédito de casi 80.000 millones de euros que no consigue hacer dinero por las concesiones de juegos de azar que se liberalizaron en Italia. En cuanto a las inversiones necesarias, acaba de salir hace unos días una investigación sobre la banda ancha. Yo actualmente estoy en Rumanía y aquí Internet va 3 o 4 veces más rápido que en Italia. Nuestro país está en el puesto nº 75 del mundo en cuanto a la velocidad de la red. Los cables que cruzan Italia de norte a sur no son capaces de transportar toda la masa de información que circula. Harían falta inversiones, tampoco demasiado elevadas, que tendrían una repercusión importante en la productividad de las empresas.

Profesor Zamagni: El profesor Bartolini tiene muchas dudas acerca de que el crecimiento tan deseado sea posible… ¿usted qué piensa al respecto?

Stefano_Zamagni_2011Pienso que hay que discernir y distinguir entre el concepto de “crecimiento” y el concepto de “desarrollo”. Yo prefiero hablar de desarrollo en lugar de crecimiento. Desarrollo es una palabra que viene del latín y lleva la partícula privativa “des” que, cuando va delante de una palabra, la niega. Así pues desarrollo significa literalmente “quitar los rollos”, los vínculos, los cerrojos. Así entendido, el desarrollo es inmanente a la persona humana. ¡Ay de la naturaleza humana si no se desarrollase! La ley de la naturaleza es el desarrollo: lo vemos en las plantas, en los animales… Pero se confunden las cosas. Muchos hablan de crecimiento, que es sólo una de las tres dimensiones del desarrollo: la dimensión meramente cuantitativa material. Cuando se habla de crecimiento se hace referencia al PIB.

Está claro que la dimensión meramente cuantitativa ligada al concepto de crecimiento no hace justicia al concepto de desarrollo, que posee otras dos dimensiones adicionales: la socio-relacional y la espiritual. Por lo tanto, es necesario plantearse el objetivo del “desarrollo humano integral”. Esto quiere que en esta fase histórica no tenemos que aumentar necesariamente el PIB, siempre que aumenten las otras dos dimensiones que no entran en el cálculo del PIB, como la de los bienes relacionales. En la dimensión espiritual entra, por ejemplo, la cultura y los bienes culturales. Además los bienes relacionales y los culturales no contaminan ni destruyen el medio ambiente. Es cierto que en algunas fases históricas hay que dar más importancia a la dimensión cuantitativa material. Si hoy vamos a Africa, no podemos ir a hablar de dimensión espiritual cuando los niños se mueren de hambre o no tienen medicinas. Pero en Occidente, con la crisis no comemos menos y en cambio sí estamos reduciendo la calidad de vida en las otras dos dimensiones. Pensemos en los servicios a las personas. Esta es mi propuesta: el desarrollo es ley de vida y a quien le gusta el desarrollo le gusta la libertad y la democracia. Aumentemos el desarrollo creando puestos de trabajo que produzcan bienes relacionales, bienes culturales, conocimiento y bienes comunes. Si logramos hacer esto, encontraremos la cuadratura del círculo: nos desarrollaremos sin reducir la calidad de vida.

Y si alguien me pidiera que le pusiera un ejemplo práctico que demuestre que lo que digo es posible y no es una abstracción, señalaría el proyecto de la Economía de Comunión. Las empresas de la EdC han comprendido antes que otras que la palabra clave es desarrollo, no crecimiento. El desarrollo incluye también los otros dos componentes más necesarios en este momento histórico. Aunque esto no se ha puesto nunca de relieve, en mi opinión cuando Chiara propuso la famosa división en tres partes de los beneficios de las empresas de la economía de comunión, un tercio, un tercio y un tercio, que no es una división exacta sino ideal, hacía referencia a estas tres dimensiones del desarrollo. Es inevitable: hay un paradigma que vuelve siempre, aunque en formas distintas: el paradigma trinitario …

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