

Los empresarios que adhieren a la economía de comunión formulan estrategias, objetivos y planes empresariales teniendo en cuenta los criterios típicos de una correcta gestión e involucrando en esta actividad a los miembros de la empresa.

Toman decisiones de inversión con prudencia pero prestando particular atención a la creación de nuevas actividades y puestos de trabajo productivos.
La persona humana, y no el capital, está en el centro de la empresa. Los responsables de la actividad tratan de utilizar lo mejor posible los talentos de cada trabajador favoreciendo la creatividad, la asunción de responsabilidades y la participación para definir y realizar los objetivos de la empresa. Adoptan medidas especiales de ayuda para los que atraviesan momentos de particulares necesidades.
La empresa es administrada tendiendo a promover el aumento de las ganancias, destinadas en forma equitativa: al crecimiento de la empresa; a personas con dificultades económicas, comenzando por quienes han hecho la opción de la “cultura del dar”; a la difusión de esa misma cultura.
Hyde Park (USA) |
