por Carlo Cefaloni
publicado en Cittanuova.it el 18/09/2011
En plena euforia liberal, en 1991, proponer un modelo económico distinto a la exclusiva persecución del beneficio podía considerarse una noble aspiración de alguna minoría en búsqueda de una improbable tercera vía. Veinte años después se ha convertido en una necesidad para evitar la quiebra y que el mundo se encamine hacia nuevos e imprevisibles conflictos. No se trata de escenarios apocalípticos, sino de análisis corrientes entre los economistas, que destacan las analogías de estos años con las crisis de 1929 o de 1907. En su raíz hay, como puede observarse, una falta de confianza recíproca y de apertura al otro.
No es otra cosa que la fraternidad, palabra que ya ha pasado la aduana y a la que hacen constante referencia las empresas de la Economía de Comunión, con su carga de historias, algunas de las cuales no tienen final feliz. Porque así es la vida real de cada uno, poniéndose en juego, sin trampas.
Una empresa que decide seguir utilizando los servicios de un proveedor que ha tenido un infarto y ha sido abandonado incluso por su asesor, produce una riqueza más allá de cualquier medida. Sin embargo, no está libre de sufrir los efectos de acontecimiento macroeconómicos como la guerra del Golfo e incluso llega a verse ante la tesitura de tener que despedir, pero encuentra otros instrumentos como el contrato de solidaridad con el acuerdo de los sindicatos. Se reduce el salario de los directivos para salvar el empleo y los ingresos de las familias. Son solamente dos notas de una historia empresarial concentrada en los pocos minutos que ha durado la intervención de Franco Caradonna, uno de los empresarios llamados a dar su testimonio durante la mañana del sábado 17 de septiembre, en el aula magna del Polo Lionello.
La inversión de tendencia nace de estos hechos. Crean valor, pero no entran en el cálculo de unos beneficios entendidos de forma miope. Otras empresas puede alcanzar resultados
contables mejores de formas muy distintas a esta e incluso dar también algo de dinero. En cambio la paciencia de este movimiento por una Economía de Comunión narrada por Alberto Ferrucci en su intervención inicial, tiene la pretensión de llegar a producir y compartir los beneficios respetando las leyes, incluso cuando parecen difíciles de cumplir y, dando un paso más, con una tensión ética que afecta a todos los aspectos de la gestión. Complejidad y riqueza entran en juego en las historias de estos empresarios que no temen manifestar su emoción cuando hablan de la vida de sus empresas y es evidente que ya no se trata del entusiasmo inicial, tan necesario pero que lleva a cometer errores.
Los expertos que han intervenido, desde la economía política hasta el asesoramiento a empresas familiares, confirman que este es el camino correcto, que se trata de un recorrido comprensible por todos. Exactamente lo contrario, observa Stefano Bartolini, de la Universidad de Siena, a la búsqueda obsesiva del consumo que causa infelicidad y explica el origen de la crisis financiera que estalló en los Estados Unidos y después se extendió, con todos sus corolarios, a nivel planetario.
Por otra parte, varias voces han recordado que Chiara Lubich ya previó que, después del muro del comunismo totalitario debería caer el del mercado sin reglas. Ante el espectáculo indecente de los rascacielos y las favelas lanzó la “sencilla” intuición de crear empresas de hombres nuevos capaces de crear riqueza para compartirla.
Please wait...Le site officiel de l'ÉdeC est en ligne:
economie-de-communion.fr
The Economy of Communion proposes the following "Guidelines for conducting a business", to productive organizations who adhere to its message and its culture, written in the light of the life and thought of thousands of entrepreneurs and workers....
Chiara Lubich
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