por Antonella Ferrucci
María, ¿puedes ayudarnos a comprender el movimiento “Ocupar Wall Street”?
Según van pasando los días, está más claro que el movimiento Occupy Wall Street (OWS) puede interpretarse como un gran impulso hacia una verdadera reforma de las finanzas. Inspirándose en la primavera árabe y en las manifestaciones de los “indignados” de Madrid, OWS se puso en marcha el pasado 17 de septiembre de 2011 en los alrededores de la zona de Wall Street, un símbolo del mundo financiero, para dar una idea de lo que es la democracia participativa en acción. Al principio, debido a la limitada cobertura mediática de que disponía, OWS pasó desapercibido. A pesar de ello, para e15 de octubre el movimiento se había extendido a 951 ciudades de 82 países, lejos de limitar su protesta a los Estados Unidos o sólo al mundo de las finanzas. Hoy el movimiento quiere llamar la atención de todo el mundo sobre la crisis mundial. Es un grito a favor de la justicia económica, la responsabilidad, la democracia y la dignidad humana. Para un cristiano podría interpretarse como un grito dirigido a Dios.
¿Qué es lo que está sucediendo realmente, en tu opinión, frente a Wall Street?
Para entender por qué se ha elegido Wall Street como símbolo de la protesta, necesitamos volver la mirada a la crisis financiera de 2008, cuando el gobierno de los Estados Unidos salvó a los bancos que estaban al borde del colapso por el uso prácticas financieras irresponsables y muchas veces inmorales, alimentados por la codicia de sus mandatarios. En aquel entonces el mercado mostró que era ineficaz, imperfecto e irracional. Como es sabido, para evitar la crisis financiera, el gobierno de los Estados Unidos inyectó en los bancos a través del programa TARP (Troubled Asset Relief Program) 700.000 millones de dólares. Pero no aprendieron la lección: una vez que el sector bancario fue salvado, los banqueros volvieron a sus prácticas irresponsables y a sus compensaciones desproporcionadas de antes de la crisis. Wall Street, a pesar de las repetidas inyecciones de liquidez por parte del gobierno, ha olvidado el verdadero objetivo del sistema bancario, que consiste en sostener la economía. El desempleo ha seguido creciendo y en todo ello los ciudadanos han visto una privatización de las ganancias y una socialización de las pérdidas.
El movimiento OWS recibe críticas por no tener un programa preciso, pero lo que les importa a los manifestantes está bien claro. El primer punto es la justicia económica,
que se manifiesta en las protestas contra las desigualdades de ingresos y de impuestos, bajo el grito de guerra del “99%”. Los jóvenes están preocupados por el empleo y la reducción del gasto en educación y los ancianos ven amenazadas sus pensiones, dado que la excesiva especulación y las turbulencias de los mercados financieros han erosionado sus ahorros y encuentra dificultades para planificar el futuro. OWS denuncia además la corrupción de la política por parte de las finanzas, uno de los lobbies que con más fuerza contribuye a las campañas electorales consiguiendo paralizar la acción del gobierno por el bien común. Otra fuerte preocupación para el futuro es el medio ambiente.
En tu opinión ¿este movimiento es un reflejo de la sed de relaciones humanas auténticas entre las personas?
Durante sus reuniones, los manifestantes de OWS manifiestan sentimientos de amistad y respeto y esto da una idea del ambiente que se respira en estos encuentros. Esto efectivamente parece sugerir una sed de relaciones profundas y auténticas. Además OWS se ha ganado el apoyo de muchos e importantes exponentes del establishment. En señal de protesta contra el desalojo de los manifestantes, por ejemplo, algunos importantes clérigos de la catedral de Saint Paul han dimitido y han puesto en marcha una iniciativa de Finanzas Eticas. El arzobispo de Canterbury, del Consejo Justicia y Paz, ha apelado a un impuesto sobre las transacciones financieras y ha condenado los excesivos sueldos de los directivos. Además el movimiento OWS está animando a los políticos, como Cameron, a criticar las compensaciones empresariales ilícitas. Tal vez estemos ante lo que podemos considerar como una “voz pública”: animar a los gobiernos a hacer frente a los intereses particulares; aminar a los accionistas a reivindicar sus propios derechos y animar a los ciudadanos a recuperar una mayor justicia económica. Como consecuencia de todo ello tendríamos un gobierno mejor y un mundo más equitativo y sostenible.
La Economía de Comunión pone a las personas en el centro de la actividad económica y tiene como fin último la “fraternidad universal”. La propuesta de la EdC ¿puede ser una respuesta a las esperanzas de OWS?
Sí, seguramente. Una economía de rostro humano, contrapuesta a la economía corriente centrada en la maximización de los ingresos, es seguramente una respuesta. Es interesante lo que ha ocurrido en Harvard: un grupo de 70 estudiantes ha abandonado en señal de protesta el aula donde se estaba impartiendo un curso de economía básica, con el argumento de que el curso “asumía una visión limitada y específica de la economía que consideramos que produce sistemas problemáticos e ineficientes de desigualdad económica en la sociedad de hoy".
OWS puede verse como un movimiento que, manifestando su preocupación por la sociedad, nos acerca a la unidad. ¿No es posible que la Plaza Tahrir, la Puerta del Sol y Occupy Wall Street sean los gérmenes de un nuevo orden mundial fundado en el ágape? Esperemos que así sea.
*Maria Pereira ha trabajado en el sector de las inversiones durante más de 20 años en Nueva York, Hong Kong y Lisboa. En los últimos años, su preocupación por la sostenibilidad la ha llevado a tomar iniciativas relacionadas con el cambio climático y las finanzas éticas.
Le site officiel de l'ÉdeC est en ligne:
economie-de-communion.fr
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