por Luigino Bruni
de "Economía de Comunión - una nueva cultura" nº 33 - Encarte de Città Nuova n.13/14 - 2011 - julio 2011
¿Cuáles son los desafíos que debemos afrontar y superar si queremos que dentro de veinte años (como mínimo) la EdC siga viva y fiel a su vocación?
Un primer desafío se refiere a las empresas EdC. En estos veinte años estamos comprendiendo, aunque con muchos errores, que la principal contribución de la EdC para aliviar la pobreza extrema y construir una economía y un mundo de comunión, no es la redistribución de la riqueza (obtener dinero y recursos de los "ricos" para dárselo a los "pobres"), sino la creación de nueva riqueza, incluyendo en el proceso a las personas necesitadas y desfavorecidas. Es indispensable crear nuevas "tartas", sin limitarnos a cortar de otra forma los "trozos" de la misma tarta creada con anterioridad.
Si la persona que recibe los beneficios de la riqueza creada no participa inmediatamente y de forma visible y concreta en el proceso productivo, es muy difícil que la ayuda no sea paternalista y asistencialista. Cuando Chiara lanzó la EdC en Brasil dijo: "hay que crear nuevas empresas,". No dijo "tenemos que convertir a nuestros empresarios para que sean más generosos y den más."
La EdC es sobre todo una propuesta de producción y no de redistribución, aunque los dos aspectos no se excluyen entre sí, ya que la EdC redistribuye la riqueza creándola de manera distinta, incluyente, sostenible, fraterna y justa, buscando una participación autentica de los trabajadores en la gestión de la empresa.
La primacía de la creación de la riqueza sobre su redistribución es un reto que aún tenemos que tomar en serio y desarrollar, porque en estos 20 años se ha puesto mucho de relieve y con razón (porque es co-esencial) el “dar” del empresario. Muchos empresarios han dado mucho, arriesgando sin garantías, dando incluso cuando la prudencia en los negocios aconsejaría acumular reservas. Pero a veces este “dar” se ha conjugado de una forma demasiado simple y reductiva como “dar dinero” y no tanto como “dar y crear oportunidades, creatividad, talentos, puestos de trabajo…”, olvidando con ello que el primer don de los empresarios es poner en juego su vocación empresarial, que es un talento de solución de problemas, de creación de cosas nuevas, de innovación, de capacidad de cambiar el mundo en el que actúan, sin conformarse con él.
Este es un primer aspecto y una frontera importante para los próximos años: relanzar una nueva etapa de entusiasmo, creatividad, nuevas ideas, nuevas empresas y nuevos proyectos, para poner a los empresarios, nuevos y antiguos y tal vez más unidos en red, en su sitio, que es el de “constructores” e innovadores y no el de ser generosos filántropos. El primer don es siempre el don de la vida y los empresarios de comunión dan la vida sobre todo innovando, creando fraternalmente realidades nuevas y oportunidades con y para los demás.
Hay un segundo paso que dar. Para que esta nueva etapa de empuje, creatividad y entusiasmo pueda ser concreta, la EdC tiene hoy una necesidad vital de relacionarse directamente con los rostros reales y concretos de la pobreza. Lo hemos visto durante estos años: las experiencias más fuertes y proféticas son las que realizan quienes viven en contextos donde los rostros de la pobreza son bien visibles y buscan, con la creatividad del ágape y de la comunión, nuevas soluciones. Si falta este contacto directo con la pobreza, en los protagonistas de las empresas de la EdC, con el paso del tiempo, el sentido profundo de lo que hacen deja de estar claro. No puede ser suficiente recoger dinero en Europa, en Estados Unidos o en las zonas más ricas de nuestros países para usarlo en otras partes del mundo.
Una metáfora que nos puede ayudar a entender esta nueva fase es la de la semilla y el árbol: si la semilla no muere, se queda sola; pero si muere, salva su ADN y puede convertirse en árbol. La primera fase de la EdC, ese proyecto formado por casi 800 empresas que destinan algunos centenares de miles de euros anuales a proyectos dirigidos esencialmente a los indigentes del Movimiento de los Focolares, debe necesariamente evolucionar, transformarse en otra cosa, “morir” (evangélicamente), lo que significa convertirse en lo que lleva escrito en su código genético, en lo que realmente es: una vía abierta potencialmente a todos, para contribuir a “deshacer” las coronas de espinas, no de un movimiento, sino del mundo.
El atractivo del tiempo moderno. Existe un escrito de Chiara (ver recuadro) que es también una magna carta para la EdC de hoy y sobre todo de los próximos años. La EdC, para convertirse en lo que ya es, tendrá cada vez más que “perderse en la multitud, para impregnarla de lo divino, como se empapa un trozo de pan en vino”. Perderse en la multitud, desaparecer, casi morir, para informar desde dentro la sociedad y la economía.
Pero hay otra tarea que nos espera: “Diría más: siendo partícipes del diseño de Dios sobre la humanidad, trazar sobre la multitud estelas de luz y al mismo tiempo compartir con el prójimo la injuria, el hambre, los golpes, las breves alegrías”. Aquí se intuye un trabajo de luz, de visión: saber señalar el sentido de la historia, los signos de los tiempos, ser faros de luz para muchos. La EdC también es esto cuando alguien la aprecia porque ve en ella una perspectiva, que es un don para todos. Pero “al mismo tiempo” compartir con el hombre de nuestro tiempo los sufrimientos, el hambre, los golpes y las alegrías. El hambre y las alegrías de todos, de nuestra gente, que anhela y espera, tal vez sin saberlo, una economía de comunión.
Le site officiel de l'ÉdeC est en ligne:
economie-de-communion.fr
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